Ni bien bajé las escaleras, me encontré a mamá sentada en el sofá frente a la cama de masajes, viendo su celular para matar el tiempo. Subió al ver que estaba limpiando los residuos de la sesión anterior, el producto no era tan sencillo de remover, esa noche descubriría todos los pormenores de la limpieza de semejante armatoste. Decidí buscar un juego de sábanas que sirviera de reemplazo de las fundas que usó Raquel y tuve hasta tiempo de meter la ropa a la lavadora antes de que mi madre bajara. Llevaba una toalla cubriéndola, debajo llevaba tirantes delgados de un traje de baño que en mi vida le había visto. Era extraño, el tono de su piel era una mezcla de palidez y rubor que se acentuaba en la nariz y mejillas, pero la expresión en sus ojos era de nerviosismo puro. Yo sólo pude tragar

