—Con que sí, ¿eh? —dijo mamá, muy entrada en el juego— ¡Oye! Mi hermana me ganó la jugada y se llevó a la boca la teta que le quedaba más cerca, con eso, las cosquillas se detuvieron. Mi v***a ya estaba toda dura y aquello fue demasiado para sólo verlas de lejos. Como Raquel estaba inclinada en el regazo de nuestra madre, su culo había quedado a la vista, así que me arrodillé entre aquellos pares de piernas y me dirigí a comerle el asterisco. Su respuesta fue inmediata y con una mano, me bajó la boca hacia su rajita, que estaba esperándome ya mojada. Mis ojos estaban cerrados, a mi nariz llegó un aroma distinto al que estaba acostumbrado al comerle la almeja a mi hermanita, era más dulce y potente. Cuando separé mi cara, vi que ambas me observaban entretenidas. —No pares, hermanito —son

