~ 1 ~ MAYA
MAYA
—Otra vez llegas tarde, Maya— Ofelia me está poniendo esa cara de cansancio, la que dice que quiere regañarme, pero que entonces ambas nos daríamos cuenta de que no tiene sentido que este aquí cuando probablemente solo ha tenido un cliente en toda la mañana. Además, es pésima para estar enfadada conmigo durante más de cinco segundos.
—Lo siento, Ofelia, de verdad. No volverá a pasar—
Corro por la tienda para llegar al desordenado cuarto trasero donde dejo mi bolso en una silla destartalada y me miro al espejo en busca de pelusa nasal. No me molesto en revisarme el pelo; siempre es un desastre loco, encrespado y rizado en un tono rubio, que desafortunadamente se conoce como agua sucia. Tan atractivo.
—Si tuviera un centavo por cada vez que has dicho eso— dice, terminando con un suspiro.
—Lo sé, lo sé— digo, moviendo la nariz de izquierda a derecha, levantando y bajando la cabeza para ver mejor, —tendrías al menos dos dólares—
—Sal de aquí, sabelotodo, tenemos un envío de nuevos aceites esenciales y quiero que prepares un nuevo lugar para ellos—
Cuando Salí de casa antes, intenté consolarme por el inevitable día aburrido que estaba a punto de tener con la idea de darme un atracón de helado después del trabajo, pero ahora mi ánimo mejora al instante incluso sin helado, y mi dedo meñique se congela a la mitad de dar forma a mis cejas. —¿Aceites nuevos? ¿De dónde?—
—Sin comentarios—
Eso me saca de la trastienda en un instante. —¿No hiciste el pedido a Greenterra, ¿verdad?—
Ella no me mira.
—Pero dijiste…—
—Se lo que dije. Nunca me escuches, soy una mentirosa—
Me acerco, la abrazo por los hombros y la acerco a mí. —Nunca mientes. Simplemente cambias de opinión a veces y como eres una pollita tienes derecho—
—¡Ja! Deje de ser una pollita hace treinta años. Ahora soy una gallina. Una gallina vieja, cachonda, cansada y enojada. Pero me cansé de que me molestaras, así que pedí algo de esa basura para que veas que tengo razón en que nunca se venderá—.
Me río y la dejo ir, moviéndome hacia la pila de cajas que estan en la esquina de la tienda- —Puede que estes cansada, pero eso es solo porque trabajas demasiado. No puedes reclamar la condición de gallina hasta que tengas al menos sesenta años, así que…te faltan años de ser una pollita—
Abro la primera caja para revelar las hermosas botellas de vidrio oscuro, azul violáceo, en su interior. —¿Por qué no dejas de ir al mercado de agricultores todos los fines de semana?— pregunto. —Apenas ganas dinero allí de todos modos— Sostengo la botella a contraluz, bajo la tenue luz que entra por la ventana delantera, y sonrió al darme cuenta de que apenas puedo ver el interior. La luz del sol disminuye el poder de los aceites, me alegra ver que esta empresa sabe lo que hace.
—Me gusta el mercado de agricultores— dice. —Es mejor estar afuera que encerrada aquí todo el tiempo—
No puedo discutir con ella en eso. Este lugar es oscuro y lúgubre, pero Ofelia siempre ha discutido conmigo sobre hacer cualquier cambio. No es que sea la señorita Diseño de Interiores ni nada por el estilo, pero si sé la diferencia entre una cueva y una tienda de la nueva era. Este lugar se parece más a lo primero, aunque el nombre en el letrero de afuera dice “Las Maravillas de la Nueva Era de Ofelia”
—Hablando del mercado, voy a necesitar que me cubras en dos semanas—
Levanto la vista sorprendida. No estoy acostumbrada a oír esto; Ofelia vive para el mercado de agricultores.
—¿Por qué? ¿Adónde vas?—
Actúa como si estuviera ocupada reorganizando bolígrafos en el mostrador y se encoge de hombros.
—A ningún sitio especial. Solo a mi reunión de exalumnos de la preparatoria, treinta años después—
Dejo de hacer lo que estoy haciendo y aplaudo mientras doy algunos saltos.
—¡Dios mío, que emocionante!—
Intenta restarle importancia, fingiendo que la alineación de los bolígrafos importa. —No es para tanto. Conseguí boletos de avión baratos y pensé que podría perderme dos días de mercado—
—Oh, Ofelia, por fin estás saliendo al mundo real. Eso es genial. Estoy muy feliz por ti—
Ella levanta la vista con el ceño fruncido. —Actúas como si fuera una ermitaña— Se ajusta los lados el chal sobre el pecho.
Pongo las manos en mis caderas y le lanzo mi mejor mirada de madre.
—Dime la última vez que fuiste a algún sitio que no fuera aquí, tu apartamento o el mercado—
—Voy a sitios—
—Dime uno—
—Simplemente porque me gusta comprar mis verduras frescas…—
—Escucha, haces todas tus compras en el mercado. Todo incluyendo tu ropa y zapatos. Eres como el ejemplo perfecto de vida sana. Pero necesitas salir más, te lo he estado diciendo durante años. Hay más en el mundo que faldas de cáñamo y setas orgánicas—
—Solo has trabajado aquí nueve meses, así que es imposible que he hayas dicho algo en años—
Agito la mano, alejando su negatividad. Mis pulseras tintinean como si fuera una bailarina de danza del vientre. Me encanta vestirme como una bailarina de danza del vientre. Ching ching.
—Como sea. Ya sabes a que me refiero—
—Si, si, si— dice, dejando el mostrador para ir a la trastienda, su voz desvaneciéndose con la distancia, —simplemente no hagas planes para el quince y el dieciséis, ¿de acuerdo? Estarás a cargo de todo durante dos días completos—
Resisto la tentación de frotarme las palmas de las manos como un genio malvado, pero es difícil. Llevo años queriendo ponerle las manos encima. Bueno, solo han pasado nueve meses, pero han sido nueve meses muuuy largos. Este lugar solo necesita un pequeño lavado de cara y los clientes vendrían en masa. Entonces tendría un trabajo para toda la vida y no solo uno mientras Ofelia pueda sobrevivir. En serio, no sé cómo se las arregla para pagarme algo; incluso el salario mínimo es demasiado para lo que veo entrar por la puerta.
—Y no te hagas ilusiones— grita. —Se lo que estás pensando y no va a pasar—
—No tengo idea de que estás hablando— digo, gorjeando como una princesa de Disney mientras alineo botellas de aceites esenciales en un pequeño estante bastante pegado a la pared. No puedo dejar de sonreír. Le va a encantar cuando termine con el lugar.
Me encanta. Me encanta.