Estoy de vuelta en Brooklyn otra vez, pero esta vez traje comida china de la ciudad. Mi hermana me advirtió que no tenía ganas de cocinar.
Cuando entro por la puerta, lo primero que me golpea es el olor. Es como el fondo de un cubo de basura. Recuerdo entonces que prometí contratar a una ama de llaves y me detengo para tomar el teléfono y le envió un mensaje de texto a mi secretaria. Debería seguir en la oficina.
“Valeria, programa una empleada doméstica para que venga a casa de mi hermana en Brooklyn 3 veces por semana a partir de mañana. Cárgalo a la oficina”
Apago el teléfono y lo guardo en el bolsillo. Problema resuelto.
—¿Aria, donde estas?— pregunto, agudizando el oído para escuchar la respuesta.
No tengo respuesta.
Agarro ropa y juguetes mientras subo las escaleras, sigo mi instinto. Me lleva a la habitación de Zoey y a un cubo de basura de plástico repleto de pañales sucios. Lo agarro, lo sostengo con el brazo extendido y salgo de la habitación. Paso por otras tres habitaciones y las encuentro todas vacías, hechas un desastre. Parece que mi hermana no ha pasado la aspiradora aquí en semanas. Nuestra querida madre, ya fallecida, habría sufrido un infarto al ver esto. Estoy furioso conmigo mismo por no haber pedido ayuda antes.
Sabiendo que Aria probablemente esta afuera con la bebe, ya sea dando un paso o sentada en el porche trasero, me mantengo ocupado vaciando los botes de basura, apilando la ropa sucia y tirando los juguetes a una cesta en la sala.
Aria insiste en que Zoey necesita estimulación visual, a pesar de que le he recordado a menudo que solo tiene tres meses y probablemente todavía no puede ver más allá de la punta de su nariz. pero ¿Qué se yo? nunca he tenido un hijo, ni siquiera he estado cerca de uno durante más de unas pocas horas seguidas.
Ese pensamiento me recuerda que tengo que hacerme responsable de esta máquina de hacer caca casi ciega muy pronto. Necesito averiguar exactamente qué día es para poder comprar algunas cosas. Hago una pausa en mis tareas domésticas para enviar otro mensaje de texto.
“Valeria, voy a cuidar a Zoey un día a la semana, más o menos. Averigua la fecha y pide algunas cosas en sss, con entrega en el apartamento”
El celular vuelve a mi bolsillo y camino hacia la parte trasera de la casa, mirando por las ventanas para intentar encontrar a mi hermanas.
—¿Aria?— Empujo la puerta trasera.
—Shhh, estamos aquí afuera— dice ella.
Está sentada en un banco cerca de la pequeña fuente que construyó Jeremy, meciendo suavemente a Zoey en sus brazos.
—¿Está durmiendo?— susurro mientras bajo las escaleras hacia el diminuto patio trasero, separado de las casas de los vecinos por una cerca de bambú.
Ella asiente.
—La ama de llaves vendrá mañana— digo en voz baja. —Siento que no haya sido hoy—
Se encoge de hombros.
—No es para tanto—
Dan ganas de decir que es un gran problema, que nadie debería vivir en semejante desorden, pero me guardo mis comentarios.
—Te traje comida china— digo.
Aria bosteza.
—Excelente. Me vendría bien un poco de glutamato monosódico—
Extiendo los brazos.
—Déjame tenerla—
—No, está durmiendo—
Me acerco y tomo a la bebe de todos modos.
—Mi turno. Ve a lavarte los dientes o algo—
Me da una palmada en el brazo al pasar.
—Grosero—
Le sonrió a mi sobrina Se exactamente como deshacerme de mi hermana. Probablemente ahora este paranoica, pensando que he visto algo verde en sus dientes, y se pasará diez minutos usando hilo dental por eso.
—Nunca te burles de tu tía Aria por sus dientes— le susurro a Zoey. —Lo odia. También odia que le digas que su trasero se ve grande en jeans. Solo usa ese comentario cuando quieras que salga corriendo gritando—
—¡Oí eso!— dice Aria desde las escaleras traseras.
Me levanto y me doy la vuelta, estremeciéndome cuando los ojos de Zoey se abren un poco y se le ponen en blanco. Me encuentro conteniendo la respiración hasta que sus parpados se cierran de nuevo.
Seguimos a Aria de vuelta a la casa y me siento a la mesa mientras mi hermana saca la comida de las cajas y la pone en los platos para nosotros. usa los de papel que están en la bolsa, supongo que porque todos los suyos están sucios. El fregadero está lleno.
—Hablé con el abogado. Está haciendo el papeleo—
Aria suspira profundamente.
—¿Estás seguro de que es una buena idea?— Saca dos pares de palillos de la bolsa y arranca el papel que los envuelve.
—Es la mejor idea que tenemos. Necesitas el poder legal para preocuparte por Zoey—
—Pero Jeremy se va a enfadar—
—Jeremy no se va a enfadar, porque si se enfada, le voy a dar un puñetazo en la cara—
—No lo dices en serio—
—Si, lo digo en serio. Estoy harto de su mierda—
—No digas palabras delante de la bebe—
—Bien, de acuerdo, estoy harto de su caca— Le sonrió a la bebé, que me devuelve la sonrisa mientras duerme, guiñándome los labios varias veces. Definitivamente soy su favorito. Esperaré a más tarde para presumir de ello con Aria.
—Solo está sufriendo—
—Solo se está autodestruyendo. Lo interné hoy—
Ella golpea una caja de moo goo gai pan.
—¿Qué hiciste?—
Cuando respondo, se lo digo a Zoey, no a Aria. No puedo mirar la cara enojada de mi hermana ahora mismo. podría hacerme dudar de mí misma.
—Recibi una llamada de un oficial de policía que lo arresto por embriaguez en público. Dijeron que podían retenerlo cuarenta y ocho horas en Bellevue, así que les dije que siguieran adelante—
—¿Y cómo lo tomó Jeremy?— pregunta, con su temperamento algo más moderado.
—Como puedes imaginar. Se volvió loco—
—¿Se fue?—
—No puede— Aparto a la bebé a un lado para poder prepararme para comer. Aria ha vaciado la mitad de todas las cajas de comida en mi plato y su contenido esta todo mezclado. No me voy a quejar, aunque viole mi regla número uno al comer, a saber, que ningún alimento deber tocar a otro hasta que yo lo diga. Aria lo sabe, y esta es su manera de decirme que está enfadada.
—¿Y que? ¿Por qué tú lo dices?—
—No— le sonrió. —Porque está atado a una cama—
Se queda boquiabierta.
—No hablas en serio—
Pierdo la sonrisa.
—Claro que si—
Está balbuceando, pero interrumpo.
—Escucha, Aria, ¿tienes una idea mejor? Porque me encantaría oírla—
—¡Si, tengo una idea mejor!—
Me recuesto y le hago una gesto con los palillos.
—Bien, entonces, cuéntame. Te escucho—
—Podríamos llevarlo a tratamiento—
—No cuando está borracho. Se niega al tratamiento. Primero tenemos que lograr que se recupere—
—Podríamos lograr que se recupere en casa—
—No, no podemos. Ya lo hemos intentado—
—No lo he intentado—
Me río amargamente.
—¿Y cómo vas a hacer eso con Zoey en la cadera?—
El rostro de Aria se retuerce en varias direcciones mientras las lágrimas brotan de sus ojos.
No espero a escuchar su defensa.
—Déjame encargarme de esto, ¿de acuerdo?— Dejo los palillos. Y levanto a Zoey. —Tú te encargas de esta situación, yo me encargo de la situación de Jeremy—
—Zoey no es una situación— Aria se deja caer torpemente en la silla frente a mí.
—Ella si es una situación. Una lida, flatulenta y adorable, pero una situación al fin al cabo. Hay que ocuparse de ella, hay que ocuparse de Jeremy, y esta tutela que es parte de eso—
Me inclino y suplico. —Por favor, Aria, hazlo. Es por Zoey y por Jeremy, aunque él no lo vea así ahora mismo. Te prometo que lo hará en el futuro—
—Si es que todavía me habla para entonces—
—Lo hará. Te lo juro, lo hará—
—¿O que? ¿Lo vas a machacar?—
Asiento. —Hasta el suelo si es necesario—
Sacude la cabeza mientras toma sus palillos.
—Nunca entendí la forma en que ustedes se comunican—
—A veces los puños hablan más eficazmente que las palabras—
—Si eres un cavernícola tal vez—
—Urph. Goombala goo— gruño un poco para darle efecto.
—Eres un completo idiota— dice, tratando de contener la sonrisa.
—Ba goo doo rah mah boo— Frunzo el ceño, apuntándole con un palillo.
Se ríe. —Sigue bromeando. Ya veremos quien gruñe y habla como un cavernícola después de tu fin de semana con Zoey —
—¿Fin de semana?— Mi corazón se paraliza. —¿Quién habló de un fin de semana? ¿Pensé que era solo por una noche?—
Ella sonríe aún más.
—Oh, ¿dije eso? Si. Quise decir fin de semana. viernes, sábado y domingo–
—¡¿Viernes?! ¡Tengo pacientes el viernes!—
—Ya consulté con Valeria. Terminas a las seis. Puedes recoger a Zoey a las siete—
Frunzo el ceño mirando mi lo mein y luego a mis sobrina.
— Creo que me acaban de engañar, Zoey—
Se retuerce y se tira un gas.
Aria empieza a resoplar de tanto reírse.
Suspiro profundamente y luego clavo mis palillos en mis fideos.
—Esta es la historia de mi vida— digo, antes de llenarme la boca con esa delicia con salsa de soja. Al menos tengo comida china.
—Te recomiendo que compres una cuna— dice Aria. —Y una mecedora—
Intento decir:
—Y te recomiendo que compres una niñera— pero no entiende una palabra porque tengo demasiados fideos en la boca.
—Hombre de las cavernas— dice.
No respondo. Mi mente está demasiado ocupada entrando en pánico por ser padre soltero durante dos días. No tengo idea de qué hacer con un bebé más de quince minutos; ¿Qué voy a hacer cuarenta y ocho horas? Tengo la sospecha de que el compromiso de cuarenta y ocho horas de Jeremy, va a ser mucho más fácil que el mío.