Jonathan llevó a su hermano hasta su oficina, Samantha sintió como su mundo se iba al suelo. Seguramente aquel hombre iba a hacer que la despidieran o peor aún, que Jonathan nunca se fijara en ella. Alexander giró su rostro un poco antes de cerrar la puerta y le dio una mirada a Samantha, una mirada cargada de maldad, en donde le dejaba claro que meterse con él fue el peor error de su vida.
—No tienes idea el gusto que me da verte aquí de nuevo Alex —dice Jonathan— Tardaste mucho en decidir trabajar aquí.
—Debes entenderme, para mi estar en un solo lugar no es algo que me llame la atención, lo mío es estar recorriendo el mundo.
—Y no creo que solo el mundo, ¿cómo va tu vida amorosa? —Alex hace un gesto de desagrado con su rostro.
—Mi vida amorosa, está enterrada y no tienes idea lo maravilloso que es eso. No sentir la presión de una mujer preguntándote ¿Dónde estabas? ¿Quién es ella? —los dos ríen—. ¿Y tú?
—Debo decirte que estoy enamorado de alguien, pero no he sido valiente, temo que me rechace.
—¿Quién se atrevería rechazarte a ti? eres perfecto, el hombre ideal, el hombre de mis sueños. —Jonathan se ríe.
—Te prometo que pronto vas a conocer a la afortunada, puede que tenerte aquí me sirva para por fin arriesgarme y declararme a ella.
—Puede que yo sea el amuleto de la buena suerte. Hermano ¿Quién es la chica gordita de afuera?
—¿Sam? ella es mi asistente personal, es muy eficiente y sin duda alguna la mejor de todas.
—¿Así que es muy eficiente? ¿Le podrías pedir un café? —Jonathan toma su teléfono y la llama.
Samantha recibe la llamada y rueda sus ojos, se pone de pie y mueve sus manos pidiendo paciencia y buenas energías mientras ese tal Alexander esté aquí.
Samantha entra con su habitual sonrisa para su jefe, pero cuando ve a Alexander simplemente hace una mueca de desagrado.
—Sam, él es Alexander, mi hermano. —Alexander se pone de pie y estira su mano, cuando ella lo imita, él mueve su mano rápidamente dejándola con su brazo estirado.
—Un gusto —dice ella entre dientes.
—Sam tráenos dos cafés por favor. —Ella le da una sonrisa a Jonathan.
—¿Quieres algo más?
—A mi me puedes traer uno con dos de azúcar —dice Alexander cortando el encanto de por medio. Samantha le da una mirada de pocos amigos. Jonathan les hace señas para que esperen mientras que él recibe una llamada.
—Lo que sucede es que yo soy la asistente de Jonathan, entonces solo a él puedo traerle algo.
—No puedo creerlo, ¿tu eres la asistente eficiente de la que tanto presume mi hermano?
—Aja, soy demasiado eficiente, pero con él. —Ella le sonríe. Alexander se pone de pie y acerca su cuerpo al de ella, él sabe como usar sus encantos, y es muy consciente de que nunca le han fallado.
—Veamos cuanto te dura la eficiencia. —Ella le sostiene la mirada con la sonrisa más falsa que sale de su cuerpo.
—Siento la demora —dice Jonathan—. ¿Sucede algo entre ustedes?
—No hermano, solo que ella me acaba de decir que me traerá unas galletas con el café.
—Gracias Sam, que atiendas a mi hermano de esa manera me hace muy feliz. —Jonathan le da una sonrisa, que hace que el corazón de ella lata mucho más rápido.
Alex observa la escena y contiene la risa, en especial porque Samantha es muy obvia. Ella sale de allí y Alex comienza a reír como un loco.
—¿Qué sucede?
—Tu gordi asistente está botando la baba por ti. La traes completamente mal.
—No hables así de Sam, ella es muy linda persona. Adicional, no creo que ella esté enamorada, solo que es una persona demasiado buena.
—¿Seguro? porque yo lo que vi es otra cosa. Mira, recuerda que aquí el que tiene experiencia en temas del amor, soy yo, no tu.
Jonathan niega con su cabeza, mientras tiene una sonrisa en su rostro. Como siempre su hermano diciendo cosas. Él empieza a mostrarle las gráficas de las últimas ventas de la colección que se lanzó hace poco.
Samantha entra luego de unos cuantos minutos, le pasa el café a Jonathan y le deja a Alex allí.
Alex toma un sorbo y de inmediato lo escupe, el café estaba realmente cargado y lleno de azúcar.
—Espero lo disfrute señor Alexander —ella musita. Alex sube sus cejas. ¿Ella quiere jugar? él sabe jugar.
—Te mostraré tu oficina Alex, mañana llegará tu secretaria para que empieces a trabajar con toda la actitud.
—No, no deberías contratar a una secretaria —Alex dice poniéndose de pie—. ¿Qué tal si compartimos a tu eficiente asistente? al igual, no creo que yo la use mucho.
Samantha abre sus ojos, Alex mueve su lengua dentro de la boca mientras que le da una mirada divertida a ella.
—Hermano, Sam es mi asistente, no me parece conveniente sobrecargarla de trabajo.
—No creo que sea así, yo creo que ella estará encantada de poder ayudarme, de poder servirme. —Jonathan mira a Samantha—. De esa forma no gastamos en personal, al fin y al cabo no tengo claro cuanto tiempo pienso quedarme aquí.
—Sam ¿Estás de acuerdo con eso? —Jonathan se pone de pie y le habla con la mirada fija.
—Si tu estás de acuerdo, no tengo nada que protestar —ella muerde su labio inferior, en ese momento Alex suelta una gran carcajada llamando la atención de los dos.
—Lo siento, recordé un chiste.
—Entonces intentémoslo, al menos por una semana. No quiero que Sam se recargue de trabajo, así que te pido que si en algún momento te sientes sofocada me digas y tu Alex, no te vayas a pasar con ella. Te recuerdo que Sam no está sola, aquí estoy yo para defenderla. —Samantha baja la mirada, siente como las mariposas en su cuerpo comienzan una fiesta—. Puedes retirarte Sam, cuando te necesite, te llamo.
Ella sale de allí meneando su cuerpo, esperando que sea Jonathan quien se deleite con aquella vista. Se recarga en su escritorio y suspira.
—Espero que seas eficiente —ella escucha la voz gruesa de Alexander.
—Le aseguro que lo seré, a tal punto que usted pida una secretaria porque no pueda más conmigo.
—Mira Sam…
—Samantha para usted. —Alex muestra su perfecta dentadura, pone su mano en la barbilla de ella, Samantha arruga su nariz con asco.
—Samantha, te enseñaré que meterte conmigo fue tu peor error, haré lo posible por sacarte de aquí. Te voy a mostrar como se juega, como se pelea.
—No le tengo miedo, conozco a Jonathan y él no se dejará convencer de un ególatra como usted.
—En la guerra y en el amor, todo se vale y tus estrategias con mi hermano, no se comparan ni un poco con las mías.