"Los secretos descubiertos son las navajas afiladas con las que tu enemigo busca aniquilarte"
Greta
Salgo del despacho de mi padre casi una hora después con el rostro inexpresivo y mi niña interior hecha un ovillo, llena de dolor y desconcierto. Hasta hace unos minutos albergaba una pequeña de que esto fuera tan solo una pesadilla, aún creía en la famosa luz al final del túnel, pero todo se volvió oscuridad cuando ingrese a la mansión y el futuro que no pedí me estaba esperando para firmar el contrato que nos ata y obliga a aparentar hasta que la maldita muerte nos separe.
El nudo en mi garganta se hace pesado de camino a mi habitación, pero se vuelve ligero cuando veo a los hombres de mi nonna en la puerta y, finalmente, desaparece cuando me entregan el sobre n***o que espero toda la semana y una pluma; la sonrisa adorna mi rostro cuando me piden que no tarde y en menos de un segundo me encuentro dentro, preparándome para el show.
Coloco música para entrar en ambiente y bailo por todo el lugar, eligiendo los colores y separando las prendas; es, en estos momentos, cuando agradezco haber pedido que mi santuario no contara con cámaras, más allá de que soy plenamente consciente de la existencia de micrófonos, me sirve tener está privacidad y libertad de prepararme para mis aventuras.
Finalizo mi tarea unos minutos más tarde y la ducha me recibe tibia, desestresante y un poco sanadora también; dejo que el agua recorra mi cuerpo y se lleve el día de hoy, las nuevas tristezas que recogí y aquello que no puedo cambiar ni evitar, permito que el aroma a flores y cítricos inunde mis fosas nasales y me transporte a algún lugar en el que las apariencias no son tan importantes como para condenar a tu propia familia a una vida de mierda.
Una vez terminado mi momento favorito del día, me coloco el pijama, mi bata y corro hacía la habitación de mi nonna para entregarme a mi momento favorito de la semana. Su rostro arrugado se ilumina un poco al verme llegar y una de esas sonrisas que solo me regala a mi, adorna los años que lleva en el mundo haciéndolo un poco más rebelde. Me acerco y no hay preguntas, cosa que agradezco.
-Nonna-
Beso su mano y ella la mía, dejando a la vista una de las tantas diferencias que tiene con mi madre; para mi abuela no soy un ser inferior, una moneda de cambio, soy una persona y, aunque parezca tonto, que alguien tan importante me considere su par me sienta bien.
-Todo listo, tu padre está enterado de nuestra pijamada y los chicos están preparados para salir-
La puerta del armario se abre cuando termina de hablar y Lorenzo, el enorme ser humano que nos custodia, sale sin problema alguno a indicarnos que ya podemos irnos. Mi nonna deja su bastón sobre la cama y toma el abrigo antes de avanzar hacia la entrada del túnel que su padre construyo para emergencias y del que solo tenemos conocimiento cuatro personas.
El camino es estrecho y se torna bastante sofocante, pero lo que me espera al final lo vale y. tras unos minutos de aguantar a los insectos que se cuelan entre las rejillas y las quejas normales de mi abuela por la lentitud de su custodio, salimos unas cuantas calles después de nuestra casa y nos subimos de inmediato al automóvil que ya nos espeta para llevarnos al club.
-Debes encogerte y apresurarte Lorenzo, cada día estás más grande y más lento-
El hombre sonríe al espejo retrovisor y niega en mi dirección, ella siempre encontrara una razón irrisoria para quejarse y hacer el camino más ameno, como la primera vez que me permitió acompañarla a su lugar secreto. Hacia semanas que había descubierto el túnel por accidente y desde ese momento no pare de pedirle que me enseñara lo que escondía, hasta que no le quedo más remedio que hacerlo y, durante el trayecto, se quejo por la forma en la que le crecía la barba a Tomasso, nuestro segundo aliado... nunca la había visto tan despreocupada, relajada y sonriente y me hincho el corazón poder ser testigo de está versión que solo nosotros conocemos.
Desde ese día, una vez aleatoria a la semana, hacemos pijamadas y nos escapamos al club mientras mis padres creen que solo somos una abuelita y una adolescente mirando películas viejas y comiendo porquerías hasta quedarnos dormidas... y esto también me lo arrebatarán.
-¿Cosa sta pensando mia nipote?-
Su mano se posa sobre la mía y la acaricia, dibujando infinitos en mi pala y diciendo tantas cosas sin decirlas...
-Voy a extrañar esto-
No dice nada más y yo tampoco lo hago, las palabras sobran entre las personas que se entienden con la mirada.
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Yaroslav
El bar está reventado de gente, principalmente hombres, y de inmediato me resulta una pésima idea haber aceptado venir. Las multitudes me estresan, me agobian los ruidos fuertes y el olor a cuerpos sudados me revuelve el estomago.
-Maxim, recuérdame porqué mierda vinimos a esté lugar-
El imbécil, lejos de responderme, se aleja y en menos de dos minutos despeja una mesa a la que, por supuesto, me invita. De mala manera me acerco y tomo asiento a su lado, esperando que así responda lo que pregunte, pero tampoco lo hace y me irrito aún más.
-¿Vas a contestar lo que te pregunte? ¿O quieres que te despida y le diga a mi hermana que estás coqueteando con mujeres en un club?-
Vuelve a ignorarme y levanta la mano, una camarera con un vestido rojo que deja poco a la imaginación se acerca y él pide por los dos. Mi irritación sube otro nivel y las ganas de matarlo van de cero a infinito en lo que traen las bebidas.
Lo observó disfrutar del ambiente, de las mujeres que le dan atención y de la música de mierda que suena a todo volumen. Me levanto dispuesto a irme cuando la paciencia se me agota, pero lejos de querer detenerme, mira al frente y me sonríe justo antes de que las luces se apaguen y el público enloquezca.
-Damas y caballeros, tengo el agrado de comunicarles que hoy es ese día de la semana....-
Un presentador sale de la nada y se para en el medio de un escenario cubierto, distinto a todos los que abundan alrededor de todo el club.
-Y como todos saben, es importante que mantengan la calma y disfruten del espectáculo sin enloquecer-
Miro a Maxim buscando respuestas y él solo formula un "De nada" en el aire, sigo sin entender, pero estoy seguro de que aprecia mucho su vida como para traerme aquí sin un motivo contundente, aunque una prostituta no me parece algo relevante.
-Recuerden sacar sus billetes grandes, respetar a la dama y guardarse los cariñitos para cuando estén en casa ¿Listos?-
El presentador enseña el micrófono, imitando a los cantantes en sus conciertos, y los hombres aglomerados alrededor del escenario gritan y se relamen como púberes viendo por primera vez un par de tetas, mientras que las mujeres ruedan los ojos ¿Con envidia? ¿Enojo?
-Con ustedes, damas y caballeros, nuestro ángel-
Las luces vuelven a apagarse y los primeros acordes empiezan a sonar, haciendo bailar pequeños focos de un lado y del otro, hasta que el centro se ilumina por completo y allí, brilla radiante un verdadero ángel.
Mis pies toman vida propia cuando la veo seguir el ritmo y montarse en ese tubo como si fuera una extensión de su propio cuerpo, girando con una facilidad alucinante, subiendo y bajando al son de la música que parece estar hecha por y para ella.
Su pelo danza en el aire, mientras la punta de sus pies la empuja y eleva, para luego sostenerla cuando cae, dejando su cabeza cerca del suelo y regalándome una vista perfecta de aquellos ojos azules que hoy, tienen un brillo especial.
-Vamos, conozco su salida-
Maxim aparece de la nada y me empuja, privándome de la posibilidad de seguir viéndola y trayéndome de vuelta a la realidad. Recorremos unos cuantos metros y llegamos a un pasillo que da a la puerta trasera del bar, una eternidad después la veo aparecer vestida totalmente distinta, pero con el antifaz aún en su rostro.
-Piedra libre parra la princesa-