"Accedí a ser su presa y, de un momento a otro, me encontré esperando ansiosa la temporada de caza"
Greta
Los gritos eufóricos de la muchedumbre alimentaban el autoestima herido de la que, ayer era una adolescente que dibujaba corazones en su cuaderno secreto y en unos días se transformaría en mujer; eran el combustible que impartía fuerzas cuando comenzaban a acabarse, un recuerdo necesario para los días más difíciles, aquellos en los que la que tristeza atacaba y golpeaba donde más dolía. No es la lascivia brillando en las pupilas de todos los hombres lo que me empuja, ni tampoco la envidia atrapada en la mirada de las mujeres que perdían público cuando se anunciaba mi llegada; eran los rostros llenos de sorpresa, los aplausos que me pertenecían por hacer lo que quería y no lo que me imponían, es la felicidad que me genera estar ahí arriba y sentirme invencible.
Mi cuerpo se alimenta de la adrenalina del momento, goza del placer encerrado en el anonimato y disfruta de la imagen envuelta en orgullo que me devolvían los ojos de mi nonna; sobrevivía a una semana completa de pura tortura solo para llegar aquí, a este día y vivir... simplemente vivir.
-Bellissima, bellissima-
Mi abuela camina en mi dirección cuando las luces se apagan y el show se da por terminado, con un antifaz que le cubre el rostro por completo y una fluidez en sus pasos que nunca deja de sorprenderme.
-Nonna-
Me regala un abrazo corto, sutil y verdadero y, tan rápido como se acerco, se aleja rumbo a su oficina dejándome la tarea de alistarme en menos de diez minutos para poder irnos; por lo que corro hacía el camerino que ella misma me heredó y me quito el atuendo completo sin tocar el antifaz.
Una vez lista, me adelanto unos cuantos metros hacía la salida y disfruto también de aquella soledad que me regalan los pasillos del club, juntando fuerzas para lo que me espera en casa hasta el último segundo, consciente de que esté es mi único lugar seguro... o al menos lo era, hasta que él salió de entre las sombras y me acorralo.
-Señorita Lombarrdi, asumo que su papi no está enterado de la profesión que su princesa ha elegido para ganarse la vida ¿Quién lo diría? Una simple Cagna manchando el apellido más importante de Italia-
Su acento, comenzaba a creer que nunca dejaría de escucharlo y tampoco de sentirlo en las células de mi cuerpo traidor. Maldita voz rota y marcada que me erizaba entera, malditas sombras que impedían verlo, maldito misterio que lo envolvía y malditas injurias que no podía refutar.
-Hoy me he levantado de buen humor Principessa, tengo tu secreto a salvo conmigo... pero puede escaparse de su jaula si no colaboras conmigo ¿Lo entiendes?-
Me apoye contra la pared más cercana porque el peso de mi cuerpo estaba siendo demasiado en esté momento, aunque sonreía para él como me habían enseñado e imite la pose de una mujer segura de si misma, intentando ocultar entre capaz de mentira el miedo que comenzaba a corroerme las entrañas. Lo observe tranquila devolver el gesto, como si pudiera oler la falsedad en mi porte desde su lugar, como si pudiera leerme completa sin esfuerzo alguno.
-Nos vemos en una semana Greta, ten buen viaje a casa-
El hombre de la voz que me desarma desapareció de un segundo a otro, perdiendo entre las mismas sombras por las que había aparecido y, tan solo un instante más tarde, pude observar a mi nonna acercarse junto a Lorenzo y Tomasso, con el bastón que supuestamente la sostenía sobre su hombro y una mueca que ella llamaba sonrisa.
-¿Todo listo?-
Asentí y la seguí en silencio, con el fantasma del peligro rondando una sensación extraña, pero placentera vibrándome en el pecho.
Yaroslav
-No me vuelvas a llevar a un lugar así sin mi consentimiento previo, grosero-
Salí del club sin mirar atrás, no me hacía falta hacerlo cuando sentía a kilómetros el perfume inmundo que Maxim usaba, eso y el hecho de que mi hermana lo dejaría sin pelotas si me descuidaba.
-¿Eso significa que ya no irás a trabajar Yaroslav?-
¡Maldito engreído irrespetuoso!
-Llévame a casa y luego vete, no quiero ver tu rostro hasta que te lo ordene-
No comprendía porque mi hermana, la persona más inteligente que conocía, se había casado con esté ser humano tan irritante.
-Se dice Gracias Yaroslav, no seas tan mimado y acepta que gracias a mí obtuviste lo que deseabas-
Lo miro a través del espejo retrovisor y me sigue sonriendo ¿Qué problema tiene con permanecer serio?
-¿Qué es lo que deseaba según tú?-
No responde y no insisto, tal vez la respuesta que tiene para mí no sea tan agradable por lo que guardo silencio el resto del viaje y, al llegar, cierro la puerta en su rostro con toda la intención de romperle la nariz.
Unos minutos después, luego de calmar el extraño cosquilleo que me acompaña desde que la deje en aquel club, me dispongo a cocinarme algo e irme a la ducha con la necesidad imperiosa de borrar de mi piel los rastros del día de hoy y talvez, solo talvez, esos ojos azules que comienzan a descontrolarme la vida sin todavía pertenecer a ella.
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La mañana llega tarde y me encuentra despierto con las ideas revueltas y el tic tac resonando peligroso en mis oídos, me pregunto si esto vale la pena y me obligo a respondo que si, que no, que quizá, que no lo sé... Me levantó luego de llenar mi cabeza de dudas porque debo hacerlo, porque ella siempre me recordaba que el día se aprovecha desde temprano y porque respetar las reglas que en su momento rechace, es mi forma de mantenerla conmigo.