CAPITULO 4:Capo di tutti capi.

815 Words
"Los idiotas creen mover a la perfección las fichas de un juego que ella inventó" Un trozo de serendibita brilla en el dedo anular del capo di tutti capi, obnubilando con su rareza a todos aquellos que rodean al amo y señor de la nación desde el inicio de su reinado y enmudeciendo a quienes tienen, hoy por primera vez, la posibilidad de ver de cerca una de las gemas más raras del mundo y también a su portador. El reinado que durante décadas se impuso, a lo largo y ancho del territorio, está a semanas de finalizar, el soberano informa que su tiempo ha terminado y la hora de dimitir ha llegado. La noticia no sorprende a nadie dentro de la sala, las arrugas debajo de los ojos que pocos se atreven a mirar directamente, señal del camino recorrido, son como un reloj de arena a punto de lanzar sus últimos granos. La mesa larga, donde solo los miembros de renombre se pueden sentar, comienza a llenarse murmullos y el pecho del ocupante del asiento a la derecha del rey se infla a la espera de su inminente coronación. Ninguno de los hombres especula acerca del próximo líder, no hay dudas, aunque muchos deseen en secreto no escuchar ese nombre salir de la boca de su gobernante. La reunión que pretendía ser de unos pocos minutos, se alarga más de lo esperado con el fin de ultimar detalles y aclarar puntos esenciales, los más viejos guardan silencio mientras los jóvenes cuestionan con audacia la decisión del supremo, quien no deja de pasear su mirada aburrida entre todos los presentes. -¡Silencio!- Un bastón golpea la mesa de cristal solo una vez y la sala enmudece. -No los traje aquí para consultar su opinión ni para pedir consejos, sigo siendo quien gobierna y seré su superior hasta el día en que me muera- El capo mira uno por uno, buscando en los ojos de los presentes alguna queja, antes de continuar. -Greta cumplió dieciocho, dentro de dos semanas tendremos una gran celebración de cumpleaños y haré mi anuncio oficial, será el último día que me llamarán capo, aunque sus reverencias me siguen perteneciendo hasta el día de su muerte... o de la mía- Los hombres de confianza de la cabeza de la familia Lombardi se posicionaron a sus costados y la reunión se dio por finalizada cuando esté salió, sin despedirse ni mirar a nadie. Nadie se atrevió a moverse y el silencio siguió haciendo eco dentro de la sala de reuniones, los miembros esperaban la retirada del segundo al mando, pero esté tenía la mirada pétrea clavada en la puerta por la que su superior había salido hace unos segundos. Algo no iba como esperaba, lo sabía él y lo supieron todos cuando se levanto sin festejar el triunfo que le había sido arrebatado mucho antes de poderlo disfrutar, Greta Habían pasado dos días de mi salida al club y la voz de aquel sujeto no dejaba de rondar en mi cabeza, sobre todo en la noche cuando todo era silencio y su amenaza era lo único que rompía mi soledad. No dejaba de pensar en él, en lo que había dicho y en como podría afectar mi vida que de repente decidiera aparecer y revelar lo que había escondido para mí durante tanto tiempo. Sopese la idea de hablar con mi abuela, pero lo descarte de inmediato entendiendo que nada podría hacer desde su lugar, también se me cruzaron Lorenzo y Tomasso, pero ellos irían corriendo con su jefa y todo terminaría en el mismo lugar. ¿Por qué él había sido el único capaz de reconocerme si solo me había visto una vez? ¿Por qué se tomaba tantas molestias por mí? ¿Qué le podría dar yo si no era nadie? Tantas preguntas que giraban y golpeaban dentro de mi cabeza y la maldita sensación que no podía quitarme del pecho. -Greta nos vamos, tienes cinco minutos- Vuelo las dudas de mi mente y me aliso el vestido que elegí para otro día de tortura, pero al llegar a la puerta Lorenzo y Tomasso detienen mi andar. -El capo quiere hablar con usted Señorita- Los miro sin entender las formalidades, pero avanzo tras sus pasos desconcertándome un poco cuando pasan la puerta del despacho de mi padre y se meten en la sala donde solo los miembros del clan pueden entrar. -Chicos...- Intento serenarme y detener el temblor que asalta mis extremidades, nunca se me permitió entrar en este lugar y la invitación repentina me deja un sabor extraño en la boca. -Entra Greta- Lorenzo me da un leve empujoncito y me sonríe ¿Me sonríe? No proceso lo que sucede hasta que la puerta se cierra a mis espaldas y miro en dirección a la silla que solo la cabeza del clan tiene permito ocupar. -¿Nonna?- 
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