1
Su expresión cambia totalmente y todo el lugar queda en un casi absoluto silencio. Casi debido a la música del ambiente.
—¿Sorprendido? —cuestiono con voz arrogante.
—Pensé que La Diabla era un juego —habla una mujer a su lado.
—Yo pensé que La Diabla había muerto —dice un hombre desconocido para mí.
Suelto una carcajada seca y Alek no quita su mirada de sorpresa.
—Pues aún estoy viva —me acerco a ellos—. Pasó tanto tiempo para que ustedes me conociesen —lo observo totalmente seria.
—Así que La Diabla se junto con El Diablo —murmura—. Menuda casualidad —alza sus cejas Alek.
—Ya ves, cosas que tiene la vida —me encojo de hombros.
—¿Entonces sabías de él? —alza sus cejas.
—Por favor —río secamente—. Sé todo lo que sucede aunque no ocurra delante de mis ojos —ruedo los ojos.
—¿Por eso te casaste con él?
—La razón de mi casamiento con Russo no es de tu incumbencia —remarco cada palabra—. Ahora dime —mis ojos se dirigen al cuerpo que flota en la piscina—. ¿Por qué la mataste? —mis ojos penetran los suyos.
—No cumplió su trabajo —entrecierro mis ojos—. Cuando pago por una puta espero que haga su trabajo a la perfección, no quiso cumplir y obtuvo lo que merecía.
—¿Has oído el dicho que dice "la tercera es la vencida?
—Todo el mundo —responde con superioridad.
—Pues tú te me has cruzado dos veces en mi camino y, sinceramente, no han sido en buenas formas —bajo mi mirada pero luego la vuelvo a posar sobre él—. Te me llegas a cruzar una tercera vez y será en la que tu cabeza acabe decorada con un bello orificio de bala —le paso la punta de la pistola sobre la mandíbula.
—No eres capaz —murmura seguro.
—¿Quieres que te dispare en el otro pie? —pasa saliva.
—¿Y si me cruzo con El Diablo? —enarca una ceja.
—Le inventaré que quisiste matarme o alguna cosa por el estilo. Créeme que él no se estará quieto hasta verte muerto —hablo entre dientes—. ¿Entendido? —aprieto la pistola contra su cuello.
—Está claro —susurra.
—Así es mejor —sonrío satisfecha—. Espero no volver a verte, idiota —palmeo su rostro y camino hacia Dustin.
Dustin me observa con demasiada sorpresa a decir verdad.
—¿Y tú que? —hago un movimiento con mi cabeza.
—¿Cómo que eres La Diabla? —cuestiona en un susurro casi inaudible.
Ruedo mis ojos y comienzo a caminar con Dustin en dirección al coche mientras lo llevo tomado del brazo. En el momento que subimos al coche le observo y él ya tenía sus ojos sobre mí, esperando una respuesta.
—No soy ninguna Diabla —desvío la mirada—. Dije eso por estar "casada" con un hombre al cual todos apodan El Diablo —comienzo a juguetear con mis pulseras.
—Entiendo —murmura poco convencido—. A la casa de Bruno, Warren —ordena Dustin y el coche se pone en marcha.
—Ni una palabra de esto a Bruno porque soy capaz de matarte —lo amenazo.
—Ya hubo una Diabla tiempo atrás —le observo seria.
—¿Y dónde está ella? —él ríe de forma amarga.
—Muerta —en ese momento me detengo a pensar varias cosas.
‖ ... ‖
Entro en la casa y voy hacia el despacho de Bruno. Al abrir la puerta me lo encuentro sentado en el sofá con la vista pérdida en algún punto de la habitación mientras es abrazado por una suave melodía, la cual desconozco.
—Quería avisarte que estoy aquí. Que tengas buena noche —volteo para salir de allí.
—Fue algo arriesgado el haber enfrentado a Alek tú sola —quedo estática en mi lugar, no me volteo en ningún momento.
—¿Qué es lo que dices? —suelto una risa de tonta.
—Le disparaste por haber matado a una mujer —murmura—. No creas que el hecho de que no haya sido yo quien te acompaño significa que no sé lo que sucedió, per favore —oigo sus pasos acercarse a mí.
Volteo lentamente hasta que me topo con sus ojos sobre mí.
—Lo hice porque esa chica no merecía que un idiota como él le arrebatará su vida, pero al fin y al cabo no logré traerla del más allá —bufo.
—Me gusta que te defiendas a ti y a mujeres indefensas, eso es admirable —coloca su mano sobre mi cadera y con su pulgar traza círculos.
—No es mi deber pero no es justo que por braguetas calientes como Alek, una mujer muera —estoy enfadada y no sé porqué.
—Eres sexy —se acerca a mi cuello y susurra— ...Diabla —deposita un beso en mi cuello.
—No digas lo que es obvio —entrecierro mis ojos.
Besa mis labios con pasión y necesidad, su mano se posa en mi nuca y profundiza aún más el beso. Su lengua se introduce dentro de mi boca y comienza una lucha entre ellas. Comienzo a caminar mientras mis manos desabrochan su camisa, su cuerpo está contra el escritorio y yo me encuentro entre sus piernas. En un segundo hace que la parte de arriba del vestido quede abajo y mis pechos salten libreados.
Bruno los acuna entre sus manos y luego se lleva uno a la boca. Su lengua roza mi pezón provocando que este quede duro en un instante, suelto un gemido en el momento que muerde con sensualidad mi pezón. Abandona mi pecho, hace un camino con su lengua desde el valle de mis pechos hasta mi cuello, lo muerde y luego besa mis labios con necesidad.
—Sei il peccato che più desidero commettere, dea —arranco su camisa y desabrocho sus pantalones.
—No sé que cojones me dices, Bruno —bajo sus pantalones y veo como su erección aprieta bajo la tela de su bóxer.
—Algún día me entenderás, dea —termina de bajar mi vestido y este se desliza por mis piernas dejándome en las bragas negras completamente hechas de encaje—. El encaje sobre tu piel me enloquece aún más —susurra con la voz enronquecida por el deseo.
Dejo mis tacones a un lado, camino hacia el sofá y me siento mientras que no le quito los ojos de encima. Se quita el bóxer y camina hacia mí, baja mis bragas de un tirón y se coloca entre mis piernas. Frota su falo erecto sobre mi entrada haciendo que desee que se introduzca dentro de mí.
—Métela de una vez —bufo.
Me observa a los ojos con lujuría, me dedica una sonrisa ladeada y de imprevisto se introduce completamente en mí haciendo que clave mis uñas en su espalda, provocando que él suelte un gruñido en mi oído. Sus penetraciones agresivas y fuertes me hacen perder la cabeza, con una de sus manos apretuja uno de mis pechos. Cada vez me penetra más fuerte, el sudor que nuestros cuerpos desprenden nos hace resbalar un poco.
Lleva su mano a mi clítoris y comienza a estimularlo con rapidez, como si supiese cual es mi punto débil. Muerdo su hombro tratando de no hacer escándalo.
—Deja escapar todo lo que estás sintiendo en este momento, dea —muerde mi pezón.
Suelto un fuerte gemido en su oído en el momento que aumenta la velocidad en sus embestidas, siento como un nudo se forma en mi abdomen; las ondas de placer comienzan a correr a través de mi torrente sanguíneo.
Sostiene mis caderas con fuerza y sus estocadas son cada vez más profundas, pocos minutos después estallo en un deseoso orgasmo acompañado por un gemido ahogado, Bruno besa mis labios y muerde mi labio inferior. Él me penetra un par de veces más y estalla en mi interior. Sale de mi interior, se recuesta en el sofá y me coloca encima de su cuerpo.
—Vas a montarme ahora —ordena.
—¿Qué? —cuestiono con voz agitada.
—Quiero que me montes.
—¿Y si no qué? —elevo una de mis cejas.
—Te follaré como un maniático por detrás —masajea mis pechos.
—No tengo energías para montarte —me levanto de encima de su cuerpo.
Oigo como se levanta y de un tirón apoya mi pecho sobre el escritorio dejando mi culo en pompa, sonrío levemente aunque sé que no me observa. Suelto un jadeo cuando me nalguea con fuerza.
—Eres masoquista —susurra en mi oído.
Dos de sus dedos rozan mi entrada y dejo escapar un gemido por lo bajo.
—Me recuerdas a una fuente de agua por lo mojada que estás, dea —sus dedos se empapan de humedad y voltea mi cabeza con su mano para que vea como chupa sus dedos, los cuales están mojados con el resto de mi anterior orgasmo.
Se coloca detrás de mí y pasa la punta de su glande entre mis nalgas.
—¿Has tenido sexo anal?
—Jamás —confieso.
—Después de hoy no querrás otra cosa —vuelve a nalguearme.
—Espera —lo detengo en cuanto siento que va a entrar en mí—. ¿No es necesario que utilices lubricante o algo por el estilo?
—Dea, con lo mojada que estás por el orgasmo, no es necesario que utilice nada —ríe suavemente—. Solamente disfruta —no dice más nada y de la nada siento como se introduce en mi canal trasero.
Suelto un gemido un poco más por dolor que por placer.
—Estás demasiado apretada —habla entre dientes.
—Ignora eso —me sostengo del escritorio.
—Tus deseos son órdenes —vuelve a nalguearme y va aumentando la velocidad.
Toma mi cabello entre su mano haciendo que mi cabeza se vaya hacia atrás, su pelvis choca contra mi trasero y ese es el sonido que nos envuelve, además que mis gemidos y sus gruñidos. Bruno muerde mi hombro y lleva su mano libre a mi clítoris para comenzar a masturbarme de una forma alucinante.
—Que rico —jadeo extasiada.
Me vengo en su mano y siento como su líquido caliente se derrama en todo mi trasero. Bruno deja caer su torso sobre mi espalda, cuela sus manos entre la madera del escritorio y mi cuerpo para luego apretar mis pechos logrando sacarme un leve jadeo.
—¿Qué te pareció, dea? —susurra de forma sensual en mi oído.
—Mejor de lo que pensaba que podrías dar —murmuro agitada.
—Vendrás a mí pidiendo que te dé más —juguetea con mis pezones y luego se separa de mi cuerpo.
—¿Qué te hace creer eso? —comienzo a vestirme nuevamente.
—Sé que te vuelvo loca —me guiña un ojo y consigue que me ría en su cara—. Y arderás en el infierno conmigo, te quemarás.
—Quisieras, querido Bruno —me acerco a su rostro y muerdo su labio inferior—. Debo ir a mi habitación, ten buena noche —salgo de la oficina meneando mis caderas.
|| ... ||
Me encuentro junto a mis amigos almorzando en la cafetería que está frente a nuestro trabajo.
—Su querido amigo va a acabar por renunciar al amor —con Dafne lo observamos extrañadas.
—¿Y eso desde cuándo? —lo observo con una ceja enarcada.
—Nadie se merece ni mi tiempo ni mi cariño —have un puchero.
—Erick —Dafne llama su atención—. Que los otros idiotas no hayan sabido valorarte como persona, no significa que no exista alguien que si lo haga —murmura y sujeta la mano de nuestro amigo.
—Daf tiene razón —ambos me observan—. Tienes que saber conocer a las personas antes de entregarte completamente. Si no les estarás dando mucho poder con el que pueden llegar a lastimarte —murmuro—. Pero estoy segura de que alguien llegará para amarte tanto como tú lo mereces, Erick —le sonrío.
—Estar con Russo te ha afectado —dice él y yo niego—. No hablabas de esa forma antes y mirate —coloco mis ojos en blanco.
—Debo volver a la oficina. Tengo que planificar algunas citas —ellos asienten.
Dejo mi paga de lo que consumí y salgo de allí en dirección a la Fénix Design.
Tomo asiento en mi estación y tecleo con velocidad.
—Sin nada por ahora —golpeo la mesa con mis uñas—. Necesito trabajar en exceso —suspiro.
Analizo mi calendario y observo que en los próximos días tendré bastante ocupada mi semana por lo cual sonrío ampliamente.
Richard hace acto de presencia frente a mí y le observo.
—¿Sucede algo, Richard? —niega.
—Hay rumores de que estás esperando un hijo junto a Russo —parpadeo repetidas veces sin creer lo que acaba de decir—. Muchas felicidades, Ky —besa mis mejillas.
—No estoy embarazada, Richard —niego repetidas veces—. No voy a ser mamá. Lo que oíste es totalmente falso —me levanto de mi silla.
—¿Estás segura? —asiento muy convencida—. Es muy triste que no lo estés —comienzo a reír sin razón alguna.
—Lo siento, no fue mi intención —cubro mis labios avergonzada—. No estoy buscando hijos en este momento, es muy pronto —él asiente.
—En cuanto sea real estaremos todos muy felices por ti —sonríe—. Ya puedes volver a casa, tu turno acabó —asiento y se va.
Salgo de la empresa y me subo al coche donde estaba Marco quién al ver que estoy allí comienza a conducir.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
¡Holaaaaa!
Les doy la bienvenida al segundo tomo de la trilogía "Peligroso Amor".
Espero que esta edición sea de su agrado, todo el trabajo dedicado a la historia es totalmente para que ustedes tengan una buena lectura y un buen momento.
Traducción:
Sei il peccato che più desidero commettere, dea = Eres el pecado que más deseo cometer, diosa.
Sin más que decir, los quiero muchísimo ❤️