La habitación parecía encogerse y su cabeza le daba vueltas. Sus manos frágiles intentaban aferrarse al viejo mueble color roble, pero apenas podía sostenerse. Cuando la otra joven se le acercó con la preocupación marcada en el rostro, María no hizo caso omiso de sus palabras y apenas el aliento volvió a su cuerpo, se marchó a pasos agigantados hasta la puerta. Cuando salió de la habitación esquivó cada alma que se le interpuso en el camino, al igual que hizo oídos sordos ante las llamadas de atención. Ni siquiera la voz de Kayla la hizo detenerse, por más temor que le tuviera, deseaba escapar de aquel lugar. Apenas se encontró con el callejón, parada en el umbral de la entrada, una gota cayó en su mejilla. Resbalándose hasta llegar a sus labios, adentrándose en su boca, llevándola a s

