Introducción 8-22

2009 Words

Los tres soldados se acercaron a la ciudad desde el camino que conducía directamente a las cercanías de Porta Valle, conduciendo con ellos a sus prisioneros. Las tres brujas habían sido encadenadas una detrás de otra y aseguradas al caballo del lugarteniente Capoferri que, de vez en cuando, alentaba al animal, obligándolas a increíbles acrobacias para evitar caer por tierra y ser arrastradas, a trechos más o menos largos, antes de poderse levantar. Las tres estaban medio desnudas, sucias y heridas. Quién se encontraba con el sombrío cortejo, hería a las jóvenes, a veces les escupía susurrando para sus adentros o más frecuentemente gritando: “¡Brujas! ¡Siervas del demonio! Habéis acabado de sembrar la mala suerte. ¡Tendréis el fin que merecéis! ¡A la hoguera! ¡A la hoguera!”. Las mujeres r

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