Mis ojos estaban abiertos de par en par, alternando la mirada entre mi observador y la puerta por donde no tardaba en entrar el autor de mi próxima muerte. Con mucha dificultad logre articular en voz baja: - No por favor se lo suplico, no haga ruido, si se enteran que está despierto van a matarme. - Lo sé, a Fernando poco le falto para hacerlo hace unas horas por lo que me pude dar cuenta. - Entonces ¿no estaba anestesiado? - No, solo estaba muy mareado e inmovilizado, pero fui capaza de escucharlo todo. En ese momento caí en cuenta que la dosis que utilicé no había sido la suficiente para sedarlo por completo. Supongo que el nerviosismo y la prisa me habían hecho cometer el error de no verificar bien la dosis. - Por favor, permíteme que te vue

