Estuve nerviosa durante un par de horas, aun sin saber con seguridad si me habían escuchado o no. Sin embargo, la noche transcurrió tranquila y la puerta permaneció cerrada. Por lo que me daba cuenta, Fernando cumpliría su palabra y me dejaría aquí encerrada sin comer, por suerte había un sanitario de lo contrario esto hubiera sido cien veces peor. A riesgo de enfermarme del estómago, no tuve más remedio que tomar agua del grifo, si no podía comer, al menos debería beber agua solo de esta manera podría sobrevivir al castigo que me habían impuesto. Intente conciliar el sueño, pero me estaba resultando muy difícil, entre la ansiedad y el hambre solo lograba dormitar a lo mucho por media hora antes de volver a despertar. Un movimiento brusco me despertó, de repente estoy acostada sobre la

