Me acerque a la cama, después de haber pasado las últimas noches durmiendo en el suelo o en un catre, una suave y mullida cama definitivamente cambiaba mucho la perspectiva de las cosas. Sin embargo, más allá de sentirme feliz, me daba miedo pensar cual sería el precio de este cambio, pues bien, sabía que estas personas no movían un dedo si no obtenían un beneficio de ello. Pero no podía hacer nada más, ocupaba obedecer y prepararme para asistir a la comida, quizás era lo mejor, de una vez saber que sería de mí, preguntar directamente y sin rodeos, saber cuáles eran sus intenciones conmigo y si me perdonarían la vida o no. Por supuesto que la respuesta me aterraba, pero era demasiado duro vivir en esta incertidumbre. Trate de dejar de pensar en eso pues el estómago me dolía cada vez que

