POV: Lucía Montenegro Habían pasado varias horas desde que habíamos abordado, la asistente de vuelo había servido ya dos alimentos más y las caminatas en el pequeño pasillo del avión cada vez se hacían más tediosos e insuficientes. Mi sonrisa regresó a mi rostro cuando una de las azafatas me dio la indicación de regresar a mi asiento y abrochar mi cinturón. ¡Si, al fin! Me asome por la ventanilla, ya era de noche, pero el paisaje era hermoso, en medio de la total oscuridad una mancha formada de pequeñas lucecitas se extendía como un grupo de luciérnagas bailando una melodía silenciosa. Después de todo el zarandeo que implica el aterrizaje, al cual aún no logro acostumbrarme, al fin me permitieron retirarme el cinturón de seguridad. Aterrizamos en una pista apenas iluminada con algunas l

