En cada movimiento que daba, podía sentir el dolor pulsante en cada rincón de mi cuerpo. Tenía un terrible dolor de cabeza, como si estuvieran taladrándola sin piedad. Me coloqué una bata y me asomé a la puerta, para mi fortuna quien estaba afuera era Alonso, de pie como siempre a la espera de mis órdenes. - Buen día Alonso, que me traigan un jugo y un analgésico por favor, no aguanto el dolor de la cabeza. - Le pediré que le traigan unos electrolitos también mi señora, seguramente son los efectos del vino que tomó anoche. - … Tal vez sea eso… por cierto… hay mucho silencio, ¿los Montenegro están? - El Patrón salió desde temprano, el joven señor tengo entendido que desde la madrugada se fue. El único que esta en casa es el doctor, el cual pidió que fuer

