Si bien, el haber dormido por varias horas me hizo sentir menos pesado el viaje, aun así, las horas que había pasado despierta habían sido en verdad una tortura. Por fin, después de estar al borde de la locura, el piloto anunció el próximo aterrizaje. De inmediato me acomodé en mi asiento y abroché mi cinturón y de esta manera comenzó el descenso de la aeronave entre algunas sacudidas. A pensar de ya haber experimentado antes la experiencia de volar, aun así, me parecía aterrador este momento. Me sujeté del descansa manos y apreté los ojos con fuerza esperando que las salvajes sacudidas, que en verdad mi cerebro las hacia parecer mas fuertes de lo que en realidad eran, terminaran. Una vez en tierra, nos dispusimos a bajar, para mi sorpresa ya había un vehículo esperando por nosotros. N

