¡SI SE MUERE ÉL, TE MUERES TU!

1528 Words
Cierro los ojos y hago tres respiraciones profundas… “¡Vamos Lucia, tú puedes!” abro los ojos y comienzo a examinar el cuerpo de mi paciente, comienzo por arriba, la cabeza y el cuello se ven en buen estado, excepto por el raspón que se dio en la frente al momento de desvanecerse contra el suelo. Comienzo a bajar, mi corazón late con fuerza, pues la camisa esta tan llena de sangre que me da miedo con lo que me pueda encontrar debajo de ella. Comienzo a abrir su camisa con rapidez, el tiempo es vital y mis sentidos poco a poco comienzan a enfocarse en lo que debo hacer. Arranco un pedazo de tela y comienzo a limpiarle el pecho, sus pectorales perfectamente enmarcados me indican que es un hombre que suele hacer ejercicio con regularidad, por lo que sus músculos están altamente irrigados incrementando el riesgo de desangrarse rápidamente. Sobre su clavícula izquierda hay un profundo orificio que atraviesa su cuerpo hasta dejar un hoyo de salida justo por encima de su omóplato… eso es un alivio, no se alojo la bala dentro, mientras no haya alcanzado a tocar el hueso, que por lo que pude palpar al parecer no es así, no hay más que intentar detener la hemorragia, la cual ya no esta tan abundante, así que el charco esta creciendo por otra herida de mayor importancia. Coloco el trozo de tela que use para limpiar, en la entrada de la herida y procedo a revisar lo demás del pecho. Es imperioso encontrar la herida que esta produciendo la intensa hemorragia. Continúo limpiando y encuentro otro orificio de gran tamaño justo a unos cuatro dedos hacia el lado derecho de su ombligo, justo donde termina su músculo oblicuo, o como diría mi amiga “la panza de lavadero”, el cual, esta tan marcado, que podría usarse a la perfección en una clase de anatomía. Con mucho esfuerzo logro girar un poco su cuerpo para revisar la espalda y me percato que, para su mala fortuna, no hay orificio de salida, la bala aun se encuentra alojada dentro. Si la bala entro en línea recta o inclinada hacia la derecha, quizás con mucha suerte, no haya tocado ningún órgano. A pesar de ser en el abdomen esta herida, al parecer tampoco la hemorragia es lo suficientemente profusa como para vaciar su cuerpo tan rápidamente del liquido vital, así que debo continuar buscando por la causante de la hemorragia mayor. Al bajar mis manos por sus tonificadas piernas, me percato que su pantalón está completamente empapado, pero al ser n***o, no resalta el color de la sangre. Encuentro un agujero en la pierna del pantalón del lado izquierdo y con fuerza jalo hacia los lados para arrancarle el pedazo de tela, y ahí esta frente a mí, una fuente que borbotea un liquido rojo brillante… “¡La arteria femoral!”. Me apresuro a terminar de arrancarle la pierna al pantalón y le hago un torniquete justo encima de la herida apretando con fuerza hasta ver que el borboteo disminuya de intensidad. Ok, lo primero está hecho, pero eso no quiere decir que este fuera de peligro, pues ha perdido demasiada sangre y en cualquier momento puede comenzar a fallar su corazón, su respiración comienza a disminuir, cada inhalación es mas profunda y espaciada de la siguiente, si no es llevado a un hospital morirá rápidamente. Un chirrido de llantas detrás de mi me hace sobresaltar, una van color blanco se ha estacionado justo en la entrada del callejón, la puerta lateral se abre y un grupo de tres hombres armados bajan rápidamente. Mi corazón late rápidamente y me disputo entre la idea de salir corriendo y abandonar a mi paciente o permanecer junto al hombre que salvo mi vida… pero el tiempo no me alcanza para tomar una decisión, pues es una fracción de segundos, los sujetos están sobre mí, uno de ellos me toma por el brazo y me levanta de un tirón, mientras los otros dos levantan el cuerpo del muchacho que hasta ahora permanece inconsciente. Al ver como lo levantan por los brazos, mi instinto me obliga a gritarles: - ¡Tengan cuidado!, está seriamente herido, necesita ir a un hospital. Al bajar la mirada, notan los torniquetes que tiene sobre el brazo y la pierna… - ¿Tu hiciste esto? – señalando los lugares donde amarré los pedazos de trapo. - Si, soy enfermera, son torniquetes para reducir la hemorragia. Uno de los hombres que lleva sobre su hombro izquierdo la mitad del peso del joven herido, le hace una seña con la cabeza al hombre que me sujeta fuertemente del brazo, y este de inmediato, me arrastra hasta el interior del vehículo, a pesar de mis múltiples intentos por zafarme, pero para su tamaño y corpulencia, yo no era mas que un molesto insecto intentando liberarme de su agarre. Al lanzarme al interior de la van, caigo de rodillas y antes de que logre girar mi cuerpo hacia la salida, otro hombre me sujeta por los hombros y me obliga a permanecer de rodillas, viendo sobre mi hombro como dejan el cuerpo de mi paciente en el suelo del vehículo para después cerrar la puerta que representaba mi única vía de escape. De no ser porque aún me tenían sujeta por los hombros, hubiese caído sobre mi costado por el impulso que dio el carro al ponerse rápidamente en movimiento. Tras un par de minutos, el sujeto me suelta y puedo girar mi cuerpo aun de rodillas. Levanto la vista y veo a mi alrededor a tres hombres fuertemente armados, al mirar hacia el frente, veo al conductor y un copiloto con un arma larga en sus manos… “Estoy muerta” es todo lo que atine pensar… Uno de ellos se acerca al rostro de joven que yace en el suelo, le toma el pulso por el cuello y observa el movimiento de su abdomen en cada respiración. – Sigue con vida – le informa al copiloto que al parecer va haciendo una llamada por teléfono. Entonces ese mismo sujeto se inclina sobre el cuerpo del muchacho herido para alcanzar mi rostro, tomando con fuerza mi barbilla con una mano… - Hiciste un buen trabajo manteniéndolo con vida, pero tu labor aun no termina enfermerita, será mejor que hagas lo necesario por seguir manteniendo su respiración activa, porque si se muere él, te mueres tú. Mi respiración se detiene por un segundo, las palabras de ese hombre hacen eco en mi cabeza y me obligan a tragar saliva con fuerza, un nudo en mi garganta se ha formado y mis lagrimas escapan sin impedimento, una a una recorriendo con desesperación mis mejillas. Mi cuerpo tiembla de pies a cabeza y me arrepiento terriblemente de no haberlo dejado abandonado en el suelo, se que suena terrible, después de todo él salvo mi vida, pero ahora mismo me estaba atando a mi perdición. Era evidente que era uno de ellos, un matón, entonces ¿porque había arriesgado su vida para salvar la mía?, eso no tenía ningún sentido en mi cabeza, pero justo ahora lo único que me importaba era salir con vida de este lugar y la única manera que tenía, era salvándolo a él… ¿pero como demonios iba a hacerlo? - Necesitan llevarlo a un hospital, sin los instrumentos y el equipo necesario, no hay nada que yo pueda hacer. - Ese es tu problema, encuentra la manera de salvarlo o te vas junto con él. En cada respiración, podía sentir como mi pecho se iba achicando, impidiendo que el oxigeno entrara a mis pulmones, empecé a hiperventilar, un ataque de pánico se estaba desarrollando como una tormenta en mi interior, comencé a sentirme mareada y la vista se me empezó a nublar. Coloque mis manos sobre el suelo de la camioneta intentando mantener a toda costa mi conciencia, si me desmayaba era mi boleto al cielo. Mis lagrimas chocaban contra el piso, una tras otras sin muestra alguna de quererse detener, por mi cabeza mil imágenes pasaron: mis padres, mis amigos, mi carrera… todo mi futuro, por el que había luchado y me había preparado con tanto esmero se estaban yendo directo a un abismo sin salida… De pronto, un suave toque en mi mano me hizo salir por un momento de mis pensamientos, abrí los ojos y pude ver los dedos del joven herido rozando suavemente mi mano, no estoy segura si fue un acto involuntario de su cuerpo o el movimiento ocasionado por la vibración de las llantas al correr a toda velocidad sobre el pavimento… pero en ese momento, despertó en mi la necesidad de ayudarlo, después de todo, estaba en esas condiciones por salvar mi vida, él no tenia ningún motivo para haber atravesado esa ráfaga de balas solo para quitarme del medio del camino y ahora estaba frente a mi debatiéndose entre la vida y la muerte… y lo menos que podía hacer es apostarle mi vida a él… “Si se muere él, te mueres tú” esa sería la frase que cambiaria mi vida para siempre…
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