Trate de calmar mi mente y enfocarme en todo lo que había aprendido durante mis clases. Por supuesto que tener a un hombre desangrándose frente a mi no era nada parecido a leer sobre las hemorragias en un libro, pero tarde o temprano sabía que me tendría que enfrentar a una emergencia así, y justo ahora mi vida dependía de que tan bien pudiera desempeñarme, así que decidí tratar concentrarme en los conocimientos que sabia que estaban ahí, en alguna parte de mi mente.
Comencé a examinar de nuevo sus heridas, sabia que lo mas importante ahorita era para las hemorragias por completo y sobre todo reponer los fluidos; catéter, suero, Punzocat… empecé a enlistar en mi mente todo lo que necesitaba, una vez mis ideas claras, repetí la lista en voz alta, a lo que respondieron:
- ¿Ves que tengamos algo de eso aquí?, no seas ridícula niña, no estás en un hospital, ya te lo dije arréglatelas como puedas.
- Es evidente que no estamos en un hospital, de lo contrario este chico no se estaría muriendo, pero adelante, no me hagas caso, seguro con tu buena voluntad y mi fe lo podemos curar, total, la muerte ya la tengo ganada, yo no pierdo nada aquí, milagros no puedo hacer y sin las cosas que te pedí este muchacho se muere, así que ve preparando tu arma para matarme a mi también, pero el que quedará vivo para lidiar con las consecuencias de haberlo dejado morir eres tú, porque supongo, que por tu preocupación, es alguien importante.
Me cruce de brazos en un ultimo y desesperado intento de ganar un poco de respeto, no había nada que pudiera hacer si estas personas no me conseguían lo que necesitaba, y, aun así, las probabilidades de que viva son mínimas, así que como ya lo había dicho, yo no tenia nada que perder, o al menos eso es lo que intentaba aparentar, aunque la realidad era que estaba hecha un manojo de miedo y nervios.
Del frente de la camioneta, se escucho la voz autoritaria del copiloto – ¡Consigue lo que te está pidiendo! – y el hombre con el que yo discutía, demostrando su absoluta frustración con un gesto de desagrado en mi contra, no tuvo mas que tomar una radio que tenia en su cintura y ordenar a alguien mas que llevara todo cuanto yo le estaba pidiendo – di en voz alta lo que necesitas – me dijo mientras me acercaba la radio a la cara.
Trate de pedir todo lo que creí necesitar y más, esperando no olvidar nada y que no me hiciera falta en el momento de usarlo. Al finalizar mi pedido, dio la instrucción de que lo consiguieran lo antes posible y lo llevaran a “la mansión”.
Del frente de la camioneta se volvió a escuchar la voz:
- Te llevarán todo lo que pediste a la mansión, el doctor ya esta en camino, pero tú te encargarás de estabilizarlo y mantenerlo con vida al menos hasta que él llegue, no se si llegará hoy o mañana, su traslado se está complicando.
Tras decir esto, un nudo se formó en mi estómago, por un lado, me alegraba saber que un médico me ayudaría en la intervención del joven, pero por otro, la idea de mantener con vida al mismo por más de un día, en verdad me daba escalofríos, pues no sabía si sería capaz de lograr la hazaña sin saber si había daño interno.
Me mantuve en silencio, solo monitoreando los torniquetes del brazo y la pierna, los abría y los cerraba regularmente para evitar que perdiera la circulación y se le tuvieran que amputar después.
El vehículo seguía avanzando sin saber en qué dirección nos movíamos, ya llevábamos mucho tiempo en movimiento, pero las ventanas se encontraban bloqueadas impidiendo que pudiera ver al exterior.
Por lo que pude percatarme, la “mansión” se encontraba en las afueras de la ciudad, ya que después de un tiempo, se dejaron de escuchar las patrullas y los demás sonidos de vehículos, para después entrar a lo que parecía una calle de terracería.
El chico cada vez se veía más pálido, aunque había logrado contener el sangrado en su mayor parte, aun así, la perdida continuaba. Pregunte un par de veces si hacia falta mucho por llegar, con lo que solo me gane un par de insultos y la orden de que me mantuviera callada.
Después de un lapso de una hora aproximadamente de ir en un camino de terracería, al fin la camioneta se detuvo, mi corazón se agito nuevamente, el miedo me invadió, pues no sabia lo que me esperaría una vez que bajara del vehículo.
Antes de salir, el hombre con el que había estado hablando durante el camino, me tomo por los hombros y me obligo a levantar la cabeza, colocando un pedazo de trapo n***o sobre mis ojos, haciendo un apretado nudo detrás de mi cabeza.
A pesar de mi queja, a él no le importó en absoluto haberme lastimado la parte delantera de la cara, ni haberme arrancado unos cabellos en el proceso. Tras esperar unos minutos aun hincada, me tomaron por un brazo obligándome a salir y comenzar a caminar en línea recta.
Una vez dentro de la mansión, me quitaron la venda de los ojos, y me pude percatar que se trataba de una gran mansión como lo habían estado nombrando. Me llevaron a una habitación, y al entrar me percaté que había una cama al centro donde se encontraba el joven mal herido. A los lados había unas mesitas, y en una de ellas una caja de cartón donde se alcanzaba a notar el contenido sin necesidad de asomarse.
Rápidamente me acerque y lo primero que tome de esa caja, fue el suero y el equipo de venoclisis para poder canalizarlo, era de vital importancia reponer los líquidos que había perdido en su hemorragia.
La primera herida que limpie para inspeccionarla mejor, fue la de la pierna, ya que por el momento era la que representaba mas peligro por la hemorragia, lave la herida cuidadosamente, lo que activo de nuevo el sangrado al haber retirado el coagulo que se había formado gracias al torniquete.
En ese momento me concentre a encontrar el sitio exacto donde se encontraba la arteria dañada, una vez que la encontré, coloque un punto de sutura un poco mas arriba para reducir el flujo de sangre y así parar la hemorragia, al menos hasta que el doctor pudiese intervenir. Tuve que hacerlo rápidamente, pues no podía permitir que perdiera mas sangre de lo que ya lo había hecho.
Posteriormente me dedique a limpiar las heridas, rogando a Dios que no quedara ningún vestigio de tela o partícula dentro de los orificios y rasgaduras.
Después limpie cuidadosamente la herida que aun alojaba la bala, con esa no podía hacer nada hasta tener la imagen de donde se encontraba el objeto penetrante y si había o no daño en órganos, aunque la probabilidad era escasa, ya que el paciente no parecía estar desmejorando.
Una vez terminado todo el proceso, me detuve a revisar sus signos vitales, aunque estaban un poco bajos, por lo menos se mantenía estable. Eso me tranquilizó, no se de donde saque fuerzas, entereza y los conocimientos, pero logre estabilizar a un hombre que había sido gravemente herido por disparos.
En ese momento me olvidé de todo a mi alrededor, me sentí tan orgullosa de mi misma, que por un instante me sentí como si estuviera en un hospital completamente fuera de peligro… sin embargo, esa ilusión se vino abajo tan pronto como me dirigí a las personas que estaban detrás de mí para anunciarles que su paciente estaba estable pero que aun requería algunas intervenciones.
Mis palabras fueron tomadas con una dureza innecesaria, tan frías y llenas de coraje, como si yo hubiese sido la persona que acciono el gatillo y no la que le estaba tratando de salvar la vida.
- Mas te vale que hayas hecho bien tu trabajo enfermerita y el joven se salve. El doctor ya viene en camino, anotaras en esta hoja todo lo que viste e hiciste para que el pueda intervenir con su equipo.
- Prefiero decírselo en persona – de inmediato se me ocurrió soltar esas palabras, si querían que el medico que lo trataría tuviera un panorama completo de lo que le había pasado a su paciente me necesitaban con vida, si yo lo anotaba en un papel, nada me garantizaba que en ese momento no me fueran a matar.
El hombre frente a mí, el mismo que me había estado tratando mal desde un inicio, estuvo a nada de darme un golpe en la cara, pero para mi fortuna, otro de los hombres que se encontraba en la habitación, el copiloto de la van, le ordeno con una voz firme e impasible “hazlo” sin levantar la vista de su teléfono.
Mi verdugo no pudo más que apretar el puño y bajarlo con furia mientras me tomaba de un brazo y me tiraba contra el suelo de una esquina de la recamara. Me apresure a sentarme tan pegada a la pared como pude, abrace mis rodillas y trate de evitar que mis lagrimas salieran, pero fue en vano, mis ojos estaban tan abiertos por el miedo que incluso me ardían.
- Te quedarás aquí y pobre de ti que te muevas, en cuanto llegue el doctor y le des toda la información, entonces me encargaré de ti.