Selene y Reggie estaban instalado ya en una mesa para dos en el restaurante en el jardín del Ritz, ella se ubicó a su mano derecha para tener mayor proximidad y más comodidad para acercarse. Selene había dejado su mano izquierda sobre la mesa, y Reggie acariciaba sus dedos con los suyos con sutileza, reconocía su piel suave en esa mano delicada, adornadas con sus uñas llevando decoraciones discretas y en tonos sobrios, algo que, quizás, podría ser inusual viniendo de ella; él recordaba que durante su adolescencia solía usar tonos neón o poco comunes, era lo primero que podía distinguirse en sus manos. Era reconfortante que, al hacer contacto físico con ella en público, a la luz del día, aunque fuera ese roce de sus manos, no sentía que estuviera cometiendo un delito, como ocurría en años a

