Reggie y Selene pasaban una tarde memorable en la casa en la que planeaban iniciar una vida juntos, momentos únicos que iban desde algo tan simple como almorzar la comida china que ordenaron, mientras usaban escasa ropa y charlaban de cualquier tema importante y no tan importante que surgiera, o compartir anécdotas graciosas de años atrás, sin timidez, sin miedos, como una pareja que ya tuviera algún tiempo junta y tuvieran las confianza suficiente para conversar de lo que fuera. También se deleitaron con sus cuerpos de una forma magistral en rincones de la casa que Selene veía por primera vez y que Reggie parecía redescubrir en esos instantes con ella. Ciertamente, los primeros recuerdos que estaban creando en aquella propiedad eran perfectos. Al atardecer, Reggie y Selene se intalaron

