La noche había caído cuando Reggie aparcó frente al edificio en donde Selene vivía. Se despedían por tercera vez con un apasionado beso. Cada vez que ella iba a bajar, alguno de los dos sacaba un tema de conversación. —Okey, ¿mañana temprano? —preguntó Selene después de que se separó de los labios de Reggie lo suficiente como para hablarle. —Mañana temprano tendrás a tu nuevo guardaespaldas asignado aquí... antes de atender mis compromisos. Selene se alejó con un gesto dulce y embelesada a la vez, sentía que flotaba en las nubes. —De acuerdo... —colocó su mano en la manija sin muchas ganas. —¿Qué harás ahora? Digo, cuando llegues a tu departamento —indagó Reggie antes de que ella hiciera un movimiento más para salir—. ¿Puedes...? —continuó con otra interrogante sin darle tiempo a

