En el pasillo del piso 3 del edificio en donde vivía Selene, finalmente se encontraban los dos, lo cual era idóneo para ella, pues, así pondría fin a ese compromiso dudoso y daría un cierre definitivo a lo que fue Emrick Johnson en su vida. Él dejaba expuesta su real personalidad petulante y descarada, mientras que Selene, exhibía la suya, indómita, insólita y totalmente opuesta a la que él conocía. Emrick tragó grueso y miró a Selene como si sus ojos fueran a salirse de sus cuencas, por su atrevida insinuación de ser casado y apostador, haciéndolo preguntarse qué tanto sabía sobre su privacidad y diversión, cosas de las que ni su familia estaba enterada. Él inhaló hondo, recuperó la compostura como pudo, entretanto deslizaba sus dedos con pulcritud por la solapa de su saco, arreglándolo

