En el interior de la sala de juntas ya estaban Yoav y Sabina. Ambos revisaban los documentos que se hallaban en el interior de una carpeta gruesa. Ni él ni ella se miraban cómodos estando juntos, como si Yoav sintiera que algo en ella era asqueroso y la repeliera mientras que Sabina podría decirse que no imaginaba que alguien no pudiera ser inmune a sus encantos. Así que cuando llegamos debió ser un alivio para los dos. Yoav se puso de pie inmediatamente, dio dos pasos hacia nosotros, mirándome, después se detuvo y solo tomó una silla, tocándola distraídamente. Sabina se quedó sentada y me miró con expresión de total aburrimiento, después dirigió su mirada hacia Román y vi el esbozo de una pequeña, casi minúscula sonrisa. Jalea hirviendo ardió en mi interior. Estaba meditando en todas
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