Maldición, otra vez iba tarde, pero no podía resistir la tentación de hacer una parada por mi café matutino, El Rincón aromático. Es una pequeña joya escondida en medio del bullicio de la ciudad. Desde fuera, parece una cafetería modesta, fácil de pasar desapercibida. Pero una vez que cruzas su umbral, te envuelve el aroma irresistible de café recién hecho y medialunas horneadas a la perfección. El local es acogedor, con sillas y bancos afuera donde puedes disfrutar de una taza de café bajo el sol de la mañana. El interior es igual de encantador, con espacio para apenas diez personas, lo que crea una atmósfera íntima y hogareña. El mostrador, de un hermoso verde desgastado, exhibe una pizarra llena de variedades de café escritas a mano, desde el espresso más fuerte hasta el latte más suave. Aunque es un rincón medio escondido, siempre está lleno de personas. No hace falta decir que la fila por las mañanas es interminable, pero merece la pena por mi adorado ChocoCrema Delights, un café con un sabor a chocolate y crema delicioso, perfecto para comenzar mi día. Aunque, claro, no tan perfecto cuando tengo que enfrentarme al señor narcisista, Aaron Kèldysh.
Aaron y yo somos los socios mayoritarios de GlobalDrive Technologies. Esta empresa es el legado que nuestros padres nos dejaron. Ellos la fundaron desde muy jóvenes y, hace aproximadamente 5 años, nos la entregaron, para que pudieran disfrutar viajar y vivir su vida como quisieran. Lo único que no tuvieron en cuenta fue lo mal que nos llevamos, Aaron y yo. Ambos tenemos personalidades fuertes y chocamos con frecuencia. Cada uno quiere tener la razón, aunque nos complementamos en lo que respecta a nuestros conocimientos, ya que Aaron se enfoca más en la parte mecánica y nuevas tecnologías, mientras que yo me dedico principalmente a la publicidad y temas administrativos. Somos imparables a la vista de los demás y supongo que a la vista de nuestros padres, ya que por eso nos dejaron a cargo, pero íntimamente no podemos vernos. Tenemos una rivalidad de hace años y hemos pactado hacernos la vida imposible en cuanto podamos. ¿La razón? A estas alturas, ni siquiera recuerdo cómo comenzó todo, pero no iba a ser yo quien cediera primero.
Hoy tenía que llegar temprano a la empresa, teníamos que realizar una entrevista de trabajo para encontrarle un asistente a Aaron. Según él, está abrumado con el trabajo y no puede lidiar con todo por sí solo, y considera inaceptable que yo tenga un asistente y él no. El dilema radica en que, inevitablemente, todas las asistentes que contratamos terminan cayendo rendidas ante su encanto. ¿Quién podría culparlas? Aaron era alto, fornido, con ojos verdes y una mirada cautivadora; cualquiera podría caer bajo su hechizo. Yo caigo rendida todos los días, pero el verdadero problema surge cuando ellas caen. Piensan que están en una relación formal con él, comienzan a exigir cosas o asumen responsabilidades que no les corresponden, y ahí empiezan los problemas. Pobres chicas, creen que pueden cambiar a un mujeriego empedernido y no es así. Hemos tratado de resolver el problema contratando a un asistente hombre, pero según Aaron, no son tan eficientes y solo generan problemas. ¿Será porque no caen bajo su hechizo y, con el tiempo, terminarán siguiendo mis indicaciones?
Después de salir del café, me llega un mensaje al celular que me saca de mis pensamientos.
"Cielos Scarlet, hoy tenías que llegar temprano y aún no apareces. Después no te quejes que hago las cosas sin tu consentimiento."
Tengo que admitir que Aaron es extremadamente quisquilloso con la puntualidad. Aunque no lo demuestre siempre, se desvive por el trabajo. No hay duda de que le encanta dar órdenes, especialmente a mí, sabiendo que detesto recibirlas.
Apenas unas cuadras más cerca de la empresa, mi teléfono vuelve a sonar, y ya puedo adivinar quién es. Su insistencia me está irritando, y apenas son las 7:55 a.m.
"¿Dónde diablos estás? Ya llegaron las primeras postulantes y aún no estás aquí."
Maldición, no estoy llegando tan tarde. Si admito que ya debería estar allí o haber llegado a las 7:30 a.m. para organizar todo, pero no preví el tráfico que habría hoy. Claramente, si no me hubiera demorado en el café, estaría en otro panorama. Pero, ¿Qué se le va a hacer? Ni hablar de que él detesta que llegue tarde. Darle la satisfacción de reprocharme por no llegar a tiempo es lo peor que me puede pasar. Tener que escuchar todo el tiempo que mencione un “Si hubieras llegado temprano, ya podrías haber solucionado eso” así con todo, lo usaría como excusa para recordarme a cada rato que llegue tarde.
Por fin en la puerta de GlobalDrive Technologies, es una empresa situada en una ubicación privilegiada y transitada que proyecta una imagen de vanguardia y distinción. Es un imponente edificio vidriado que al entrar cuenta con una exhibición de autos relucientes y las últimas tecnologías complementarias. Se destaca la utilización de la IA que permite la interacción natural humano-vehículo, donde se podrá obtener información sobre un edificio con solo señalar con el dedo, o la activación por voz de los sistemas integrados en los vehículos. Además, se exhiben los prototipos de los últimos modelos de auto que lanzaremos este año, permitiendo a los clientes interactuar y probar su funcionalidad. Todo a su alrededor capta la atención de los que pasan por allí, y también cuentan con pantallas que constantemente transmiten videos interactivos con información sobre los nuevos productos.
Al llegar al piso, me encuentro con ni más ni menos que Aaron Kèldysh, mi socio, deleitándose en una conversación coqueta con las señoritas que vinieron hoy a la entrevista. Gran manera de romper el hielo, haciéndolas reír, mostrándoles la fachada de "soy un buen jefe y muy copado", cosa que lo es, pero su fachada es para otra cosa. Es su forma de engancharlas para que estén a sus pies, un grave error. Mantengo mi compostura y me acerco a él, aunque, por supuesto, parece no notar mi presencia.
—¿Tiene para rato, señor Kèldysh, o tendré que seguir haciendo tiempo? —planteo, sin ocultar mi impaciencia.
—Oh, no, para nada, Srta. McGregor. Si hubieras llegado a tiempo, no tendrías que preocuparte por esperar —responde con su típica sonrisa irónica, acompañada de un guiño cómplice.
Se despide de la muchacha con la que estaba hablando y nos encaminamos hacia la oficina, donde comenzamos el verdadero desafío de hoy. Una por una van entrando, teniendo su tiempo necesario para responder lo básico como experiencia laboral, motivaciones e intereses, expectativas salariales y disponibilidad horaria. El problema es que ninguna tiene el requisito importante que Aaron está considerando: que llame su atención físicamente. Si bien él lo disimula, pero lo conozco perfectamente. Cada vez que una chica entra, él ya la está escaneando. Si logra llamar su atención, empieza a hacerles unas preguntas básicas y luego algunas de mayor interés para él. Si ve que tienen intereses distintos o no están disponibles, automáticamente las descalifica. No lo dice, pero tiene una mueca particular que hace cuando algo ya no le gusta, que es levantar las cejas. Para uno puede ser un gesto común, pero en él, ya es signo de que perdió el interés y ya no va a escuchar algo más de lo que diga. Es un fastidio, porque varias tenían potencial. Solo porque no caigan en sus garras no significa que no sean personas competentes.
La siguiente en entrar es la morocha que estaba coqueteando con Aaron cuando llegué. En el momento en que entra, moviendo sus caderas exageradamente, parece creer que por haber hablado con el dueño hace unos minutos ya tiene el puesto asegurado. Ha estado lanzándole miradas insinuantes a Aaron, ignorándome por completo cuando le hago algunas preguntas. Si bien responde de forma banal, su actitud cambia cuando interactúa con Aaron. Hay risitas pequeñas, sonrisas. Su objetivo era claro: lo deseaba a él. ¿Sabrá que soy la propietaria del lugar? ¿O piensa que soy solo una empleada que está aquí junto al dueño para hacer la entrevista?
—Bueno, señorita Steves —comienzo con calma —¿Por qué desea trabajar en nuestra empresa? ¿Qué puede aportar que beneficie a la compañía? —Mi tono es firme pero profesional, aunque no puedo evitar sentir un dejo de desprecio por su actitud.
—Creo que esta empresa ofrece una gran oportunidad para mi carrera. Además, soy rápida en aprender y me adapto fácilmente —responde, lanzando miradas a Aaron mientras arregla su cabello y ajusta su blusa para resaltar su figura. Eso es bastante obvio, "rápida y me adapto fácilmente", dudo mucho que se refiere al trabajo. Lo peor de todo es que estas entrevistas deberían hacerlas los de Recursos Humanos, pero según Aaron, él tenía que elegir a su secretaria, ya que tendría que ser alguien que pudiera seguirle el ritmo y llevarse bien con él, para evitar el tiempo de contratar a alguien que no dure ni un día. No sé si me lo dice porque cree que me trago sus palabras y no veo las connotaciones que hay detrás, pero tiene un poder en el habla que no permite refutar nada y siempre termina llevando la conversación a su terreno.
—Parece estar ansiosa por impresionar a su futuro jefe en cualquiera de nuestras oficinas. Aquí mantenemos un ambiente estrictamente profesional, al menos la mayoría de nosotros —miro disimuladamente a Aaron. Su sorpresa es evidente ante mis palabras poco convencionales frente a una posible empleada, pero ya estoy cansada de este juego entre ellos dos, además, no voy a contratar a alguien que claramente en un mes podría demandarnos por algún acoso inventado. Siempre que él se cansa o pierde el interés, ellas reclaman, se enojan, renuncian y luego nos demandan.
—Disculpe... —murmura la chica, evidentemente sorprendida por mi franqueza.
—Sí, la disculpo, señorita Stevens, por hacerme perder el tiempo. Gracias, puede retirarse —anuncio con decisión, descartando su currículum en el montón de los que no fueron seleccionados. Me cruzo de brazos y la observo atentamente mientras se levanta y sale de la oficina con un portazo. Tal vez fui demasiado brusca, pero no me arrepiento en absoluto.
Aaron me mira con una sonrisa burlona y dice —Cariño, si querías que te coqueteara también, no era necesario que montaras una escena de celos. Simplemente me lo hubieras dicho —Su tono es juguetón, pero puedo percibir la insinuación subyacente.
—No tengo celos, Aaron. Solo estoy asegurando que no te confundas sobre cuál de los dos lleva las riendas aquí —respondo, manteniendo la compostura.
—Me encanta cuando sacas las garras para recordarme quién manda —me dice, con un brillo travieso en los ojos. Pero la familiaridad con la que habla de "quién manda" me saca de mis casillas. ¿Acaso no se da cuenta de que esto es una empresa y no un juego de poderes entre nosotros o piensa que solo él lleva las riendas de todo y yo solo soy un complemento?. En medio de la conversación, siento la mano de Aaron posarse sutilmente sobre mi pierna. Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo, pero me obligo a mantener la compostura. No puedo dejar que sus juegos de seducción me distraigan de lo que realmente importa: el buen funcionamiento de la empresa.
—Pues deberías empezar a recordarlo más a menudo, porque parece que olvidas que aquí venimos a trabajar, no a jugar a los juegos de siempre —respondo, conteniendo mi frustración y sacando su mano de mi rodilla. Justo en ese momento, alguien toca la puerta. Es Sarah, mi fiel secretaria.
—Disculpe la interrupción, pero hay una chica más que acaba de llegar para postularse como secretaria del señor Kèldysh. ¿La hago pasar? —pregunta, con una sonrisa juguetona como si estuviera ocultando algo a nosotros de la pelea que estamos teniendo
Asiento, deseando que esta vez la entrevista sea más productiva y menos... tumultuosa.
Sarah Meyer, mi secretaria de confianza desde hace años. Aunque a veces creo que disfruta demasiado nuestras peleas con Aaron. Siempre dice que nos comportamos como unos niños. A veces, su actitud en medio de nuestras disputas, me recuerda a una madre tratando de calmar a sus hijos. Se divierte con nuestras confrontaciones, como si estuviera viendo un espectáculo cómico. En un tiempo, Aaron y yo competimos por tenerla como secretaria, le dábamos regalos, cumplíamos sus caprichos, buscábamos su atención. Es como una madre para nosotros. Pero en un momento, Aaron decidió que lo mejor era que ella sea mi secretaria, ya que yo la necesitaba más que él. La verdad fue un lindo gesto de su parte y me sorprendió que lo hiciera, ya que conociéndolo, pelearía con uñas y dientes por ella. Ahora que lo pienso, tal vez era una buena idea que sea su secretaria. Nos hubiéramos evitado todo esto, y yo habría conseguido a alguien enseguida. No tan eficiente como ella, que conoce todo, ya que trabaja desde hace 20 años, nos ha visto crecer y sabe de nuestras mañas. Sabe más cosas de nosotros que nosotros mismos.
—Disculpe, señor Kèldysh y señorita McGregor —Golpea la puerta la chica antes de asomarse por la puerta y hablar.
—Adelante —menciono mientras chequeo los currículums que separamos con Aaron de las posibles candidatas sin prestarle mucha atención a quién está entrando.
—Mi nombre es Melanie Clark —se acerca al escritorio y nos estrecha la mano a ambos —Vengo por la entrevista de trabajo. —Esta última chica que entra es una mujer de apariencia impecable y cautivadora, que despierta la atención a donde quiera que vaya. Su cabello castaño claro cae en ondas perfectas sobre sus hombros, enmarcando un rostro de rasgos delicados y una sonrisa seductora. Tiene unos ojos verdes intensos que parecen esconder un misterio detrás de su mirada penetrante. Sus prendas realzan sus curvas sin ser demasiado reveladoras. Se nota que al menos ha estudiado sobre la empresa, ya que nos ha reconocido, sabe desenvolverse en una entrevista, claramente no es su primera vez. Saca de su bolso una carpeta, que claramente es su currículum, hago un ademán para agarrarlo pero Aaron me gana, lo agarra e inmediatamente se sienta a leerlo ignorándome por completo.
—Aquí dice que es soltera, ¿Es cierto? —menciona Aaron, mientras sigue leyendo su currículum. Intento agarrarlo pero cambia de posición en el asiento quedando el currículum más lejos sin dejarme mirarlo ¿Lo hará a propósito?
—Sí, por supuesto, señor Kèldysh. No tengo ninguna relación amorosa por el momento —Esto me huele mal, no por ella, sino por Aaron, fue directo al grano. De nuevo intento agarrar el currículum de manera disimulada para poder leer
—Perfecto, mayor de edad, estudios completos, ha tenido experiencia laboral anteriormente, además soltera. Está contratada, señorita Clark —dice Aaron con una sonrisa de oreja a oreja mientras mira a la señorita Clark y cierra el currículum y lo apoya en el escritorio. Pero qué... ¿Solo por ser una cara bonita y que más o menos se adapta a los gustos que tiene Aaron la contrata, así como así? Quedo atónita con su respuesta, no es para nada profesional y se arriesga a contratar a una persona equivocada, hay muchas cosas que tener en cuenta. Evidentemente a la señorita Clark le parece igual ya que quedó sorprendida con la pronta respuesta de mi incompetente socio.
—¿No crees que deberías hacerle otra pregunta más profesional, tal vez algo más sobre su experiencia laboral en el ámbito empresarial o conocimientos sobre la industria automotriz? —Digo algo esperanzada para hacerlo entrar en razón mientras lo miro.
—Para nada. Felicidades, señorita Clark —dice mientras se levanta y estrecha las manos de ella. —Comienzas a trabajar ahora mismo. Sígueme, por favor. Ah, y señorita McGregor —menciona mientras se para al lado de la señorita Clark y se da vuelta para mirarme —Dígale a la señora Meyer que ya no se necesitan más candidatas, que ya encontramos a la indicada. Gracias por su tiempo. —Abre la puerta para que pase la señorita Clark, y el sinvergüenza le pone la mano en la cintura para guiarla en el camino y salen de la oficina, dejándome atónita en el asiento mientras los veo irse.
Me crucé de brazos, frunciendo el ceño, y dejé que mi mirada se deslizara hacia el vacío mientras observaba cómo Aaron y Melanie se alejaban. Una sensación de frustración me invadió, sintiendo cómo la confianza en mi socio se desvanecía poco a poco. Las paredes de la oficina parecían cerrarse sobre mí, atrapándome en un torbellino de emociones.
Después de ese desagradable encuentro en la oficina, decidí que lo mejor para despejar mi mente era sumergirme en el trabajo. Sin embargo, no quería enfrentarme a Aaron, así que opté por pasar unas cuantas horas con el equipo de marketing y publicidad, revisando cómo avanzaba el proyecto de “Drive to Success". Es un proyecto que promociona una nueva tecnología para automóviles: una rueda inteligente. Esta rueda está equipada con sensores y tecnología avanzada que mejora el rendimiento y la seguridad al conducir. Proporciona información en tiempo real sobre la carretera y condiciones climáticas, cuenta con funciones de asistencia al conductor para prevenir accidentes y mejorar la eficiencia del combustible.
Me sumergí en las estrategias y los detalles del proyecto, tratando de concentrarme en cada tarea para mantener mi mente ocupada y evitar pensar en la situación incómoda que acababa de vivir. A medida que la tarde avanzaba, me di cuenta de que trabajar en equipo y ver cómo progresaban las cosas me ayudaba a mantener la calma y a recuperar un poco de perspectiva. Como me había saltado la comida por sumergirme en el proyecto y ya me sentía un poco más animada, decidí llamar a mi amigo Chris para contarle lo sucedido.
—Acá el mejor amigo del universo, dígame señorita ¿A quien tengo que matar esta vez? No espera, puedo leer la mente a través del celular, ya que también soy el mejor vidente del planeta. Conociéndote, llamándome a esta hora es una persona que empieza con A y termina con N que no voy a nombrar. ¿Dime Scar, estoy en lo correcto? La lectura del futuro es gratis, solo para ti —Ese es Chris, siempre con sus idioteces pero que me sacan una sonrisa, tiene una forma muy particular de decir las cosas.
—Para qué negarlo, eres un muy buen vidente y amigo —menciono con una pequeña sonrisa —No ha pasado gran cosa, lo de siempre. Hoy eligió una secretaria sin hacerle una pregunta decente, al menos debo reconocer que era presentable.
—Típico de Aaron - refunfuña —dime ¿Cuándo ha actuado de manera distinta? Desde la secundaria sabemos cómo es. ¿Quieres que vaya un rato? Estoy libre en 10 minutos, así que podría darme una vuelta por allá así charlamos. No tiene nada que ver con mi curiosidad que quiere pasar por ahí y conocer a esta misteriosa mujer, es pura y específicamente por mi amistad hacia ti. —dice sarcástico.
—De acuerdo te espero.
Chris es mi mejor amigo de casi toda mi vida, nos criamos juntos, fue mi primer novio, obviamente mi primer beso y mi primera vez. Si bien salimos un tiempo, no terminó funcionando. Descubrimos que solamente teníamos ese cariño de amigos. Aunque existe una atracción física y de vez en cuando pasan cosas, no lo niego, seguimos manteniendo nuestra amistad. Además, Chris es bisexual. Tardó un par de años en descubrirlo y por supuesto ahí estuve para apoyarlo. Siento que le atrae un chico en particular, o al menos hay algo más profundo que solo lo físico, pero parece que aún no está listo para dar ese paso hasta que esté seguro de sus sentimientos y los del otro.
Al abrir las puertas del ascensor, me encuentro en el piso que compartimos con Aaron. Es un espacio elegante y moderno, diseñado para impresionar a cualquier visitante importante que desee reunirse con nosotros. Una espaciosa sala de estar lujosamente decorada captura la atención inmediata de cualquiera que venga a visitarnos. Mesas de mármol rodeadas de cómodos sillones invitan a los visitantes a relajarse mientras esperan. También hay una zona de cafetería bien equipada, con una variedad de bebidas y tentempiés disponibles, incluyendo café recién hecho, agua y hasta medialunas. Justo en frente de la sala de estar, se encuentra una sala de reuniones vidriada, un espacio amplio y luminoso diseñado para acomodar cómodamente a unas 12 personas. En el centro de la sala, una gran mesa rectangular de madera maciza ocupa el lugar principal, rodeada de sillas acolchadas y ergonómicas que invita a sentarse y participar en las discusiones. La mesa está equipada con conectores de energía integrados y puntos de carga para dispositivos electrónicos, lo que facilita la colaboración y la presentación de materiales durante las reuniones. Este espacio está reservado para discusiones importantes sobre proyectos y estrategias de la empresa. A la derecha de la sala, se encuentra la oficina de mi secretaria, Sarah, y justo al lado, la mía. En el lado opuesto, a la izquierda de la sala de estar, se encuentra la oficina de la nueva secretaria de Aaron, conjunta con la suya. A pesar del ajetreo y el bullicio de personas yendo y viniendo con documentos y papeles de proyecto, las oficinas de Aaron y la mía permanecen ocultas detrás de las paredes de vidrio esmerilado, lo que garantiza la privacidad necesaria para nuestras reuniones y conversaciones confidenciales. Además, cada una de nuestras oficinas cuenta con un baño propio y un mini vestuario, proporcionando comodidad y conveniencia adicionales para nuestras necesidades diarias.
Veo que Aaron ya se encuentra cómodamente hablando con la señorita Clark. Espero que esté poniéndola al tanto de sus actividades dentro de la empresa y no esté ya coqueteando. Decido mantenerme discreta mientras me dirijo hacia mi oficina para evitar cualquier interacción necesaria con Aaron. Mientras avanzo, Sarah se acerca para hablarme.
—Disculpe, señorita McGregor —dice mi secretaria mientras tiene unos papeles en la mano y me los entrega -, estos son los documentos que el señor Stuart propuso para comenzar a importar aluminio directamente desde China.
—¡Ah, perfecto, Sarah! Estaba esperando esta propuesta desde esta mañana. Gracias por traerla. —Sonrío con gratitud mientras tomo los documentos de su mano y les echo una ojeada. —Aprecio mucho tu eficiencia.
—Siempre es un placer ayudar, señorita McGregor. ¿Necesita algo más?
—No, por ahora estoy bien. Pero cuando llegue el señor Becker, hágalo pasar a mi oficina directamente, ¿De acuerdo?
—Por supuesto, señorita. Si necesita algo más, no dude en avisarme. —se retira para volver a su escritorio.
Mientras revisaba los detalles de la propuesta, no podía evitar reflexionar sobre la magnitud del proyecto en el que estábamos a punto de embarcarnos. Era crucial revisar minuciosamente las condiciones de importación, ya que mi principal preocupación era evitar cualquier pérdida económica para la empresa. Antes de concretar la importación, debíamos realizar un exhaustivo control de calidad de los productos para garantizar que cumplieran con nuestras especificaciones y estándares. Además, debíamos tener en cuenta los costos totales, los términos y condiciones para la exportación, los documentos requeridos y, sobre todo, los plazos y tiempos. Todo esto debía estar meticulosamente planificado para evitar errores y, en caso de que ocurrieran, tener un plan alternativo para evitar retrasos en la producción. Estaba totalmente absorta leyendo que no escuché una voz familiar en la puerta de la oficina.
—Veo que hay una doncella en peligro que necesita de mi atención —menciona mi mejor amigo Chris. Levanto la mirada y le sonrío. Chris siempre tiene una forma única de sacarme una sonrisa, incluso en los momentos más estresantes.
—¿Qué haría yo sin mi valiente caballero? —bromeo, guardando los documentos en mi escritorio y acercándome para darle un abrazo.
—No mucho, supongo. Seguramente te perderías en un mar de contratos sin mi guía experta —responde con una sonrisa, devolviendo el abrazo. Chris y yo tenemos esa complicidad que solo viene con años de amistad. Él siempre está ahí para levantarme el ánimo y ayudarme a ver las cosas desde una perspectiva diferente.
—¿Cómo estás? ¿Cómo va todo por tu lado? —pregunto mientras nos separamos del abrazo.
—Todo bien, todo tranquilo. Pero ya sabes, estoy aquí para ti y creo que necesitas una dosis de endorfinas. Te garantizo que es la mejor medicina para el alma. —responde con sinceridad mientras empieza a hacerme cosquillas. Chris y yo nos reíamos, generando movimientos torpes que hicieron que ambos perdiéramos el equilibrio. Con un estruendo, terminamos en el suelo, provocando una carcajada aún más fuerte por parte de ambos.
—¿Estás bien, Scar? —Chris pregunta, todavía riéndose. —Ay, tengo que dejar de hacer estas cosas, ya no estamos tan jóvenes como antes. —En ese preciso instante, la puerta de la oficina se abrió de golpe, y mi sonrisa se desvaneció al ver la expresión de Aaron.
—Le recuerdo, señorita McGregor —comenzó, con un tono serio. —Esto es una empresa, no un lugar para relaciones sentimentales. Si siente la necesidad de tener un encuentro íntimo, le recomiendo que busque un motel. La oficina no es el lugar adecuado. —Su voz sonaba autoritaria y fría, provocando un escalofrío en el ambiente, sintiendo la incomodidad que emanaba de Aaron.
—Por raro que le parezca, señor Kèldysh —digo mientras me levanto al mismo tiempo que Chris —Estoy completamente de acuerdo con usted. Así que, si me disculpa, me retiro. Que tenga un buen día —termino diciendo mientras salgo de la oficina.
—¿Viste su cara? —dice Chris entre risas mientras estamos en el ascensor y aprieta el botón del estacionamiento —Ay, pagaría por tener una foto. No se lo esperaba. Admito que fuiste rápida.
—Sí, lo sé —digo aún riéndome —Necesito un descanso después de toda esta semana complicada que he tenido, quiero comer algo. ¿Te apetece ir a comer algo? —digo con una sonrisa.
—Scarlet —me dice con una sonrisa mirándome —Sí que sabes cómo captar mi atención.