4. Capítulo

668 Words
El día uno se ha ido, el día también, eso creo, no sé si todo este tema me ha aturdido tanto que hasta contar no he sabido hacer y ahora puede que me encuentre extraviada y desorientada después de todo. Sea así o no, ya he perdido todo. Tengo mucha sed y hambre. Mi sistema reclama ser alimentado y yo no puedo darle eso ahora, lo exige, lo gruñe con sus fieros rugidos que resuenan en la habitación, bueno, a esto no se le puede llamar así, es peor que una pocilga. En fin, quiero y necesito comer o sé que podría morir, por eso como una antes deseo que alguien entre, me conformo a estas alturas con migajas de pan, ya no pienso con mucha claridad. Esto realmente apesta, estar así, no puedo sostenerme en la idea cada que lo pienso, cosa que hago constantemente, por el simple hecho de no poder sacarme de la cabeza que voy morir de cualquier manera. Todos son se junta y en lugar de volverme más fuerte, algo que no es así claramente, me pongo más débil, sí, soy una masa sin ganas de nada y pierdo nuevamente, así de tonta y frágil soy. Luego pienso que no es para menos y dejo de sentirme así, no soy idiota ni una mujer escuálida en fuerza, sucede que está situación es cada vez peor, hasta un hombre cedería tan fácil y así de sencillo a verse perdido, así como yo me siento en este momento. Soy cómplice de un pesar peligroso, me atraviesa y me roba la escasa valentía que rodea mi sistema, no puedo controlar la espesa necesidad de huir mejor y encontrar un refugio seguro, es difícil tomando en cuenta que he perdido las fuerzas. Quiero moverme pero no puedo y no pongo mucho de mi parte, para ser sincera, así de débil e idiota soy. Respiro, pero es como si no estuviera viva, mi aliento es quebrado y lento, hay calor en mí, de hecho siento tanto que me quema el estómago. Estoy muy necesitada de un vaso de agua y comida. Aquí es cuando pienso que en serio el agua es vida, y yo la quiero, la necesito para poder seguir en este mundo. Cierro los ojos y me voy, pero no de la tierra sino a los recuerdos que me hacen florecer a pesar de estar en un completo estado de desolación y pisar el terreno escabroso y seco, en ese que no importa cuántas veces intentes escarbar, de todos modos no encontrarás una fuente de agua que te brinde bienestar y te de esa vitalidad que tanto quieres que te otorgue para poder volverte fuerte y hacer de lo respirable solo un oxígeno puro que viaja directamente a tus pulmones. Así, eso, sí, justo eso es lo que yo deseo tener y poder disfrutar en su tiempo, este momento que vuelve justamente el tiempo el un paso veloz y lento, ¿cómo puede ser posible eso? Difícil de explicar, pero yo sí lo entiendo en mi interior, en mi cabeza y se palpa muy aplastante, es atosigante y te fustiga como si se tratara de un látigo que abre heridas despiadadas sobre tu piel y la enrojece hasta sacarte sangre. Dejando de lado la desesperación, esa que no se apiada de los débiles, grupo en el que yo estoy y no me siento nada orgullo de pertenecer, me aferro al añoro de un recuerdo que incluye a Alek y a nuestro pequeño Matthew, esa vez en el parque. Estábamos en familia, recuerdo perfectamente, él se dirigió a dónde estaba el señor de los algodones dulces y nos convidó a los dos. Podrá parecer algo tonto, pero no lo fue para mí, Alek me estaba demostrando que estaba cambiado, y que realmente quería ser parte de la vida de Matthew, yo sonreí y tomé aquel dulce. ¿Es que algún día nos imaginé a sí? La verdad es que no, no mentiría, no ganaría nada con eso.
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