CONTINENTE DE LOREN El portal se abrió con un rugido arcano en la cámara principal del castillo del Rey n***o. Las paredes de obsidiana vibraron con la energía oscura mientras los cuatro generales emergían del umbral, rodeando a una figura encadenada y ensangrentada: Ania. —¡Camina, estúpida! —gruñó uno de los generales, empujándola con fuerza—. No tenemos todo el tiempo del mundo. El Rey n***o quiere verte. Ania, agotada, con la ropa rota y el rostro cubierto de moretones y sangre seca, apenas podía mantener el equilibrio. Sus pasos resonaban contra los pasillos sombríos del castillo, un lugar que parecía construido con el mismo material que los abismos del infierno. Al cruzar los corredores góticos, antorchas de fuego azulado iluminaban las paredes cubiertas de estandartes manchados

