CONTINENTE DE LOREN Ania estaba en su celda, sentada en la esquina más oscura, con el cuerpo adolorido y el rostro cubierto de cortes secos. La piedra bajo sus pies estaba fría, húmeda, y la única fuente de luz era una antorcha parpadeante al fondo del pasillo. Su mente, sin embargo, era un torbellino de pensamientos. "Kalen vendrá... sé que lo hará... pero no puedo permitir que le quiten la Masamune. Tengo que escapar por mi cuenta." Durante días, Ania había estudiado los movimientos de los guardias, memorizado los horarios y observado cada rincón desde los barrotes oxidados de su celda. Sabía que había una sola ruta posible, pero para tomarla necesitaría algo que nunca había querido usar: magia negra. Extendió su mano y silbó suavemente. Desde el cielo gris del continente de Loren, u

