Uno

2912 Words
Dos días antes yo era feliz. Sí. Estaba tranquila asistiendo a los bailes, yendo a los teatros, paseando por los parques. La felicidad y libertad me daban la mano y yo no lo sabía, hasta que se me dijo, no, más bien se me ordenó lo que jamas pensé que me ordenarían. Llegué de la casa del barón Thompson, ya que últimamente andaba mucho con Lidia luego de que sucediese el desastre con mi grupo de amigas. Lo mejor era no pensar en cómo habíamos terminado, pues me ponía demasiado sensible. Llegué a la mansión que el abuelo había regalado a mi padre y en la que nací desde que abrí los ojos al mundo. Pero todo estaba muy silencioso y tranquilo. Sin embargo, lo que más envió señales de alarma fue el rostro de mi madre cuando se acercó a mí. Tomó mis manos y esperé lo peor. —¿El abuelo... Ese viejo cascarrabias llevaba meses en cama. Lo fui a ver hace meses y solo sabía que estaba de mal en peor. —Ha muerto Nati —susurra mi madre con la voz rota. Y en ese momento me permití derramar varias lágrimas. Aunque no vivíamos juntos, cada verano íbamos a la casa solariega de la familia, donde él vivía. He de admitir que le tenía cariño. Mis mejillas se humedecen y mi pecho se estruja pensando en lo efímera que es la vida y lo poco que somos los humanos. Limpio mis ojos y vuelvo a enfocar a mi madre que me mira de forma extraña. —¿Algo más sucedió? Ella pasa saliva mostrándose ante mi nerviosa. —Tu tío acaba de dimitir del marquesado. Tu abuelo James murió y él dice que desea pasar sus últimos años en una de las casas vacacionales en Dover. Pestañeo sin entender aún de qué va todo eso. —¿Y? ¿Padre es quien continúa en la línea consanguínea? Ella asiente pero sigue en silencio. Me suelto de sus manos frustrada. —Cuando desees decirme ven a mí. Voy a prepararme para asistir al evento fúnebre del abuelo... Doy pasos hacia la escalera para ir a mi habitación con los ojos empañados, pero la figura de mi padre a la izquierda me detiene. —¿Qué rayos les sucede a todos hoy? —¡Natasha Josefine Wilkinson! —reprende mi progenitor y casi doy un respingo sobre mis zapatos. Sonrío nerviosa. —Sígueme —ladra seriamente y paso saliva. No es la primera vez que me llama a su despacho para requerirme por algo. Bien sabe de mis fugas en plenos bailes, bien sabe de mis recorridos evitando a Niurka por Hyde Park y bien sabe que hace una semana me quité las medias en pleno teatro pues hacía mucho calor y estaba sudando demasiado. Así que sólo Dios sabrá sobre cuál de esas cosas me disciplinará. Entramos y no cierro la puerta tras de mí, siempre la dejo abierta en caso de que deba huir por mi vida. Y a esto le llamo consecuencias de mis acciones. La desgraciada de Niurka —mi doncella—, siempre le da las quejas a madre, luego ella las repite a mi padre y él aplica su regaño. —Siéntate —demanda. Viéndome la punta de los zapatos tomó asiento. Mi padre es dócil podría decir, pero cuando está molesto es como si se transformara en otra persona. —¿Qué habíamos hablado de los improperios? ¡Estoy harto de oírte jurar! ¡Natasha, eres la sobrina del marqués de Lodge! No puedes seguir comportándote como una incivilizada. Y sus bramidos son estridentes. Tanto que noto como la vena de su frente sobresale en su piel. Yo siempre logro ponerle así. Últimamente me pelea demasiado y creo imaginar que también está agitado y alterado con todos los cambios bruscos. —Lo siento padre —musito con la voz en un hilo y bajo mi cabeza. Lo escucho suspirar y dejarse caer en el asiento. —¿Sabes lo que concierne ser una Wilkinson verdad? —pregunta y elevo una ceja. —¿A qué viene esa pregunta? Bufa y sus ojos van directos a fulminarme. —Ya te he repetido mil veces que a los hombres de... —De respeto no se les cuestiona —termino por él la frase, que me han taladrado desde pequeña en la cabeza. Y es que madre jamás habla cuando padre está en la sala, a no ser que él le pregunte algo. Ella se mantiene estática siempre en una esquina mostrando como debe ser "una esposa ejemplar". Y así han tratado de moldearme. —Sí padre, entiendo lo que es llevar un apellido como el mío. —Bien, eso era lo que deseaba oír. Ya estoy harto de que los hombres del comité de privilegios de la cámara de lores —espeta o más bien grita y pestañeo. Cavilo sus palabras comprendiendo que cada vez entiendo menos lo que dicen. Hoy al parecer todos hablan en otra lengua. —Tienes que casarte con él. Subo los ojos a su rostro pues estaba viéndome las uñas y el corazón me comienza a latir. « Tranquila, quizás sólo escuchaste mal» —¿Cómo dice padre? —Tú vas a casarte con él —repite y mi boca se seca. —¿De que habla? ¿Casarme con quien? Acordamos que en la siguiente temporada elegiría un marido, no quiero... Un golpe seco impacta en la mesa, fue el puño de mi progenitor haciéndome callar. Trago grueso. —Mi padre llegó a un acuerdo antes de morir —manifiesta y mi interior se fue contrayendo con cada palabra que fue diciendo y las que yo voy suponiendo—. Tú serás la marquesa de Lodge. Y cómo si la gravedad me jalara abajo, mi boca se abre abruptamente. «Seguro te quedaste dormida en el carruaje de regreso a casa y estás teniendo una pesadilla» «Pellízcate» Y lo hago. Chillo de forma ahogada y parpadeo viéndome ahí mismo, frente a mi padre con su mirada imperiosa sobre mí. —¿Pero cómo... cómo es... —Te casarás con el siguiente marqués —contesta y frunzo el ceño. —Tú eres el siguiente padre. —Yo no quiero saber nada de títulos a esta edad. Estoy viejo y cansado, no ha pasado una sola semana desde que Alfred dimitió y los de la cámara me tienen hostigado. Así que dimito yo también —acota con todo y letras. Si estuviese parada estoy segura que hubiese caído al piso de una. Siento el sudor correr por sien, debido a los nervios y me quedo viendo fijamente a mi padre. —Tu abuelo estableció un pacto con Holkham antes de morir. Él aseguró nuestra sangre dentro de los marqueses de Lodge futuros. Tú te casarás con él. Paso saliva con el pulso a millón. ¿Casarme? ¿Pacto? ¿Marquesa? —Sé que será difícil para ti Natasha, pero debes ser madura por una vez en tu vida. Nuestro linaje está en juego. —Padre... —titubeo aunque no encuentro palabras para decir ahora mismo. Estoy pasmada con tal información de repente. —En seis días será la boda —anuncia y ahora sí creo que desfalleceré. ¿Boda? ¿Mi boda? —Eres joven, podrás dar bastantes hijos a Holkham. ¿Holkham? ¡Oh no! ¡No! —¿Con quién... —Con Henry Holkham. Y ahora mismo todo dentro de mí erupciona. Cómo si fuese un maldigo volcán lleno de lava hirviente. —Yo no voy a casarme con él. Está casado. Tiene una hija que debutó junto a mí y con la cual a veces me cruzo en las calles. No puedo hacer esto. Yo no quiero casarme con él. No voy a casarme con él —grito poniéndome de pie para huir. A fin de cuentas un día sí iba a necesitar hacerlo. Pero una mano me toma antes de que pueda salir despavorida y me jala bruscamente atrás, haciéndome desestabilizarme aunque logro mantenerme en pie. Es mi padre. Está parado ante mí y su mirada está muy dura. Sus facciones destellan ira y noto sus puños cerrados. —Traté de hacerlo por las buenas Natasha —refuta con la voz apretada. Y mi corazón cabalga furioso. Tengo miedo. Mis ojos comienzan a empañarse bruscamente al verlo así, tan fuera de sí y desesperado. Estoy sola ante él y sé que mi madre no intervendrá de alguna forma. —Padre por favor, no me hagas esto. No quiero casarme con... Y su puño va directo a mi mejilla derecha. Me duele tanto que trastabillo con el vestido y caigo al suelo. Mi pómulo palpita debido al golpe y llevo los dedos ahí. Con la mano temblando veo sangre en la seda de los guantes. Mi padre... Mi padre acaba de golpearme. Busco sus ojos y sigue viéndome de forma amenazadora. Luce otro completamente diferente. —Siempre le dije a tu madre que no podía permitirte todo lo que deseabas. Te ha malcriado demasiado, tanto para no entender tu papel en este mundo. Y comienza a dar pasos hacia mí y yo me comienzo a tensar y a encogerme en el lugar. Ya a ese punto las lágrimas bajan a borbotones por mis párpados sintiéndome temerosa y desamparada. Sostiene toscamente mi mentón y aprieta con fuerza el lugar que antes golpeó debido a que su mano es demasiado grande. —Vas a casarte con Holkham. Vas a ser la siguiente marquesa de Lodge y no hay nada ni nadie en este mundo que pueda impedir eso. Así que no me hagas hacer esto por las malas Natasha... Y me suelta el rostro. Con el corazón agrietado bajo la mirada al suelo. Por años no supe valorar lo que era la libertad. Al principio de mi debut me había obsesionado tanto con buscar marido, que cuando pasó lo del duque, que ahora mismo es el monarca de Britania; me centré más en disfrutar mi soltería. Veía a todas las jóvenes casarse y ensombrecerse tras los maridos. No reían, ni hablan, ni siquiera bailaban en los salones. Era como si al ser desposadas se conviertan en una sombra sin vida y vacías. Yo no quería eso para mí. Quería casarme. Pero casarme con alguien a quien amara y me amara. Y padre me había permitido escoger y elegir a mi futuro candidato. Pasaron casi cuatro temporadas y seguía soltera, hace dos semanas atrás le había prometido que elegiría uno en la siguiente, que justo empieza en un mes. Pero todo había cambiado. Ahora el abuelo había muerto. Mi tío había dimitido del título y padre también. Por tanto pasaría a... Dios. Henry Holkham. Un primo bastante lejano de la familia. Estaba casado. ¿Entonces como es que yo me casaré con él? Fui de camino a mi habitación con los hombros decaídos y el alma vuelta pedazos. Mi cabeza elucubraba sobre todo y nada a la vez. Me tiro en la cama con todo y vestido y comienzo a llorar. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí me tenía que pasar esto? Escucho unos pasos entrar y ni siquiera me molesto en ver quién es. Pues mi pequeña hermana de cinco años está durmiendo a estas horas. Las manos de mi madre acarician mi cabello y yo me lanzo a sus brazos rompiendo a llorar. Ella siempre viene a curar mis heridas. No la juzgo, jamás podría. —Henry es bueno. Enviudó hace dos meses cariño. Es un buen hombre. Amaba a su esposa y la trababa dignamente. Tendrás mucho dinero, comodidades y lujos. Bueno. Es el único adjetivo que ha usado para caracterizarlo, demostrándome así que ni siquiera ellos le conocen. —Todo es por tu bien Nati. Es un hombre adulto y estuvo de acuerdo en casarse contigo. Se me aprieta el pecho al oír eso. Ni siquiera sabe quién soy. Lo más seguro es que aceptó por el título. Hace muchos años que no le veo, pero mis últimos recuerdos de él lo ven de la mano con una mujer extremadamente hermosa. Yo era una niña pequeña que aún usaba pantaloncillos. La amaba. Dios. Seré la esposa de un hombre que ama a otra mujer. Estaré condenada de por vida. Pasaron varias horas y fingí quedarme dormida. Todos se fueron a la cama y a media noche me puse de pie. Estaba actuando sin pensar. Todo era instintivamente pues ni siquiera sabía que iba a hacer. Pero tomé un bolso y eche otro vestido, de los más sencillos que tengo en el guardarropa y un cambio de ropa interior. Quizás si huía a Escocia podría pedir auxilio en casa de los parientes de mi madre. Me llené de valor y salí por la puerta con sigilo. Jamás había salido de noche a hurtadillas y mi conciencia ahora mismo grita peligro. El corazón me late furioso en la caja torácica cuando bajo las escaleras al primer piso de la mansión, y voy hacia el ala de los criados. Esa es la mejor forma de huir. Piso suavemente la madera pues siempre suena con las pisadas y tras un paso mal dado, sucede como malditamente pensaba, hace que la madera rechine agudamente. Un hilo de sudor baja por el valle de mis pechos cuando me quedo anclada en el sitio para no hacer más ruido, al menos por unos segundos y luego huir... —¿Natasha? —inquiere una voz a mis espaldas provocando que meta in fuerte respingo. ¡Oh no por favor! —Niurka —digo con los dientes apretados. Intento parecer casual pero mi aspecto debe distar mucho de eso. Sus ojos me evalúan con suspicacia y se posan en el bolso que llevo en mi hombro. Pero sin esperar que diga nada, prendo a correr. Salgo de la mansión dando zancadas sin parar. Yo no acepto eso. Yo no quiero casarme con hombre que no me ama. Yo no quiero ser marquesa, no quiero lujoso. No quiero un matrimonio así. De soslayo y como mi cuerpo me permite, veo varias luces de la mansión prenderse. Y comprendo que le acaba de avisar a mi padre. Miro por donde voy y creo que lo mejor sería esconderme. Me meto en el bosque más cercano y a tientas subo al árbol que tiene las ramas más accesibles. Me araño las manos y se rompen varios retazos de la tela del vestido. El corazón de pronto se me quiere salir de la boca cuando escucho esos ladridos. ¿Acaba de soltar a los perros? El miedo araña mis fibras y comienzo a temblar. Las lágrimas chorrean de mis ojos y me siento desfallecer cuando escucho el correr de uno de los animales hacia mi lugar. A pesar de la poca visibilidad que hay, puedo ver sus ojos brillar como llamas al acercarse a mí. Ladra de forma frenética e intenta saltar al árbol. Intento patearlo cuando cada vez llega más alto. La adrenalina me burbujea en las venas y mi pulso toma cien millas más, cuando dos canes más se acercan a donde estoy. Uno salta y se prende de mi vestido tirando de el, pero me sostengo del tronco luchando para no ser devorada por esas bestias que tanto ama mi padre. Hasta que las luces de las antorchas van iluminándome y veo cómo varios hombres junto a mi padre, se posicionan ante mí. Los perros al ver a mi progenitor se quedan quietos pero me astillan los dientes todo el tiempo. Padre me fulmina con la mirada desde abajo y si antes creía que mi era recio, ahora lo acabo de ver como un monstruo, el cual habitaré en mis pesadillas de por vida. Con temor bajo por las ramas que subí y al llegar al suelo, él no demora en cogerme del pelo y tirar del mismo hasta llevarme de vuelta a la casa. Para mi alivio los perros no pudieron hacerme nada, pero el dolor que estoy sintiendo es más desgarrador que el que me encajen diez colmillos. Llegamos dentro y sube a mi habitación conmigo a rastras. Las piernas me duelen y el cuero cabelludo también. De un tirón me suelta y otra vez caigo a bruces contra el suelo. Mis ojos arden al ver el hombre que me dio la vida como nunca antes le había visto. Me siento sola. Me abusada y maltratada. —Niurka —ladra y mi doncella va hasta mí. Saca mi pierna y ata en mi tobillo una gruesa soga. Luego la amarra a una pata de la gigante columna de la cama. Niego con los ojos llorando a mares. —¡Te dije que no me hicieras tomar acción por las malas Natasha! Hasta el maldito día de la boda estarás aquí, no quiero pasarme estos días cayéndote atrás. El dolor de cabeza me taladra los sesos y me hago un ovillo en el suelo. —Comienza a tomar tu lugar en este mundo. Holkham no es conocido entre los hombres por ser alguien dócil con las mujeres y tú no serás la excepción. Y tras decir eso sale dando un tirón a la puerta. Lloro a moco tendido por todo lo que me está sucediendo y por lo que me sobrevendrá en el futuro. No. Esto no era lo que tenía planeado para mí. Me van a ofrecer como sacrificio. Cómo cordero expiatorio y lo más doloroso, no puedo hacer nada para impedirlo.
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