Cuando Daniela despertó eran las seis de la tarde no vio a nadie a su lado y pensó que Anthony debió haberse ido, se sentía un poco mareada pero ya se podía mover un poco más. Sentándose en la cama una voz suave y amorosa la detuvo. —¡Espera te ayudo! No hagas ningún esfuerzo, para eso estoy yo. —Creí ya te había ido a casa. —¿Crees que te dejaría aquí sola? Te prepare algo de comer, espera aquí. Regresó con una bandeja de comida y ayudó a su prometida, cortó la carne con cuidado en pequeños trozos para que pudiera comerla. —Señor Wolf, cada día me sorprende más cocina delicioso. Estoy demasiado consentida por usted. —Aprendí cuando me fui a vivir solo, no se cocinar mucho pero con lo poco que se no moriremos de hambre. Yo siempre te consentiré eres mi bella Daniela. —Excelente,

