CAPÍTULO XVI

1110 Words
"Me dice la verdad, huele a libertad" Marcus. La muerte se pasea con delicadeza frente a mí y sé que hay algo que quiere decir, pero no se atreve. Estoy viendo a través de una ventana que puede desaparecer en cualquier momento, la paz y la calma no existen en la cabeza de Dylan Woods. —Estas más callado que de costumbre, mi infernal lacayo —Mi madre es la única que tiene acceso a la cabaña del terror que creó la madre de Dylan por el mero hecho de ser mucho más vieja que yo y tener un poder abrumador. —¿Sucede algo? Me causa gracia el tono cantarín que usa para simular preocupación por la situación en la que nos encontramos, sí el cuerpo donde resido muere al igual que él yo también y ella lo sabe. —Nada madre. —Se sienta en una silla cubierta de seda roja y toma una pose aristócrata. Tantos años conociéndola me da a entender que quiere algo de mí, eso es por lo único que ha venido. — ¿Estás seguro?—Insiste. Tomo una fuerte bocanada de aire y aparto mi vista de aquella escena tortuosa por la que está pasando el hijo adoptivo de los Woods, debe ser algo un tanto doloroso saber que tu madre aprobó que usaran tu cuerpo para exámenes físicos de tal magnitud como golpearte hasta perder la consciencia solo para anotar que tanta resistencia tienes. — ¿Qué es lo que quieres? —Me escudriña con sus ojos inyectados de sangre y sonríe mostrando sus dientes afilados. —Deylan está preocupado por su... —hace un mueca de desagrado—"hijo" tiene miedo de que no puedan liberarlo y como consecuencia su esposa acabe matándolo solo por no encontrar lo que desea. El aroma de la sangre fresca se cuela en la estancia y no evito aspirar profundo para deleitarme con ese olor tan exquisito, hace mucho que no pruebo siquiera unas gotas y me tiene molesto e irritable. —Que no se preocupe por nada, me encargare de sacar lo que quede de su hijo cuando Támara de inicio a su plan. —Los ojos de la mujer ante mí se expanden tanto que parece que pronto saldrán de su cara y me causa mucha gracia porque sé cuál es su miedo. — ¿Te aliaste con un demonio? —Murmura y yo asiento. —Sabes muy bien lo peligrosos que son, por algo no le permitimos la entrada a nuestras tierras. Hago un mohín de aburrimiento y me sirvo algunas larvas que encontré hace unas semanas en estado de putrefacción, las saboreo porque son uno de los platillos más finos en mi hogar. Los demonios, la preocupación de los habitantes de nuestra tierra son mucho peor que nosotros. A diferencia de ellos poseemos seres queridos "pocos" pero tenemos, también sentimientos y seguimos teniendo ese lado humano que nos caracteriza. Ellos, en cambio fueron ángeles desterrados que quieren dominar el mundo sin importarles a quien o que destruirán, hace siglos nuestra gente tenía una especie de alianza con los suyos. El propósito de ella era que los superiores les enseñarían a dominar un cuerpo por completo y volverlo suyo a cambio de que nos dieran información respecto a cómo extraer la vida en un ángel y su poder para hacerla nuestra. Pero como todo en este universo, fallo. Pues los demonios querían no solo tener poder del mundo humano sino también del que nos pertenece y eso a los superiores no les agrado, muchas muertes innecesarias y el destierro de ellos fue lo único que obtuvieron luego de su traición. — ¿Pensando en la mocosa? —Alzo una ceja sin comprender a mi progenitora y veo una sonrisa maliciosa posarse en sus labios. —Es muy linda, ingenua y estúpida. Perfecta para ti y él inútil de Dylan, quien diría que uno de los prodigios de la tierra macabra se enamoraría de una asquerosa humana. —Ríe y se de antemano que algo malo va a decir porque ella, mi madre siempre ha disfrutado verme sufrir. — ¿Que le hiciste? —No para de reír como desquiciada y cuando por fin lo hace limpia unas cuantas lágrimas negras. —Nada, Marcy la uso como mensajero pero descubrió algo que ni Deylan termina de procesar aún. —La sonrisa tal como llego se esfumo. —Esa chica tardó mucho en llegar y te aseguro que no la dejaremos ir. Procura Marcus, —me señala con su dedo índice —de no arruinarlo porque esa pequeña inútil puede tener la solución a nuestro infierno. — ¿De que estás hablando? —Trago a duras penas un nudo que se instaló en mi garganta. No tenía ni idea hace unos meses que podía sentir de la manera en que siento y me causa terror... Resta importancia con una de las manos y se acomoda en su sitio. —Deja de torturar tu escaso cerebro, por los momentos solo preocúpate por salir de aquí con vida antes de que esa loca quiera abrirlos para saber si sus órganos son normales o no. Ríe de manera desenfrenada como sí hubiera contado el mejor chiste de la historia, dándome ganas de ser yo quien en el próximo torneo anual le arranque la cabeza con mis propias manos. —Vete ya a torturar la mente de Deylan, aquí no haces falta. —Me fulmina con la mirada mientras su cuerpo se va desvaneciendo. Por mucho poder que tenga jamás va a lograr librarse de la maldición que nos persigue y es que nadie puede entrar a donde no se le ha invitado. —Eres un mocoso malcriado. —Sisea. — ¡Me encantas!, por algo eres mi favorito. Dicho eso se esfuma y quedó solo al fin para reparar el cuerpo de Dylan antes de que muera por las contusiones causadas y la sangre perdida. —Puff, que desastre. —A penas y ve, todo lo que puedo distinguir son figuras distorsionadas a través de sus ojos. —Angy... Angy... Por favor. —Quedó estático, sorprendido por lo que ha murmurado mientras está moribundo sobre su cama. Hasta ahora solo había tenido pequeños flashes de sus recuerdos porque no puedo mantenerlos todos ocultos pero estoy seguro de que reprimí toda información sobre Angy O'Connors. —Te extraño tanto...—es lo último que pronuncia antes de ser vencido por el dolor y cansancio. Puedoarreglar todo en él sin siquiera mover un dedo pero... Últimamente hay algo enDylan Woods que se está librando de mi poder y no sé qué es o por qué.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD