Llegaron a la dirección señalada, Vicente, estacionó el carro de manera estratégica, de tal manera que podían ver la entrada de la casa y mientras Samuel, permanecía atento al movimiento de aquella casa, por casi dos horas, no hubo nada que le llamara la atención, sólo había entrado y salido una mujer madura, que en nada se parecía a la fotografía que tenía de la presunta homicida.
También entró y salió un hombre, de unos 30 años, delgado, de cabello corto, vestido con ropa muy holgada, incluso desalineado, al parecer hijo de la señora ya que en una de esas ocasiones salieron y volvieron juntos.
Después de tres horas de estar vigilando, Ugalde, vio a un barrendero que llegaba a la puerta de la casa, tocaba y la señora le entregaba unas bolsas de basura y le daba lo que al parecer eran unas monedas.
Samuel, esperó a que se alejara un poco y luego bajó del auto para ir a encontrarlo:
—Oiga… una pregunta… —le dijo con confianza.
—Sí, dígame…
—Mire… hace unos días conocí a una chava y me dio su dirección para buscarla… no me dio su teléfono porque dijo que si en verdad me interesaba iría por ella a su casa… bueno, la cuestión es que estoy aquí… creo que esa es la casa —le dijo señalándole la casa que vigilaba— he estado esperando a ver si la veo salir, sólo que, no aparece… ¿usted sabe si ahí vive una muchacha, rubia, alta, bonita, con buen cuerpo?
—Uy, amigo, creo que le vieron la cara de tonto… —respondió el hombre sonriendo de manera divertida— tengo dos años viniendo a diario y ahí no vive más que la señora y su hijo… no hay ninguna muchacha…
Samuel, puso cara de decepción ante aquellas respuestas.
—Qué bien me la jugo… en fin… eso me pasa por tarugo… y andarme creyendo todo un galán —dijo— bueno… ya qué… gracias por todo, amigo.
Sin apresurarse, regresó al carro y subió, su pareja seguía durmiendo, por un momento no sabía qué pensar, aquello sí que estaba raro, si sólo vivían un hombre y su mamá, ¿por qué el muerto tenía un recibo con esa dirección? No era familiar de ello y lo supo por la ficha policiaca que revisó en cuanto lo identificaron, esa dirección no aparecía, ni como referencia.
Podría ser amigo del hijo, de ahí que en alguna ocasión comieran juntos en esa casa, aunque esa respuesta no le satisfacía, muchas preguntas sin respuesta llegaban a su mente y después de cuatro horas de vigilancia, Vicente despertó.
—Ha habido algo interesante… —preguntó desesperanzándose.
—No… nada… en la casa sólo viven un muchacho y una señora… creo que perdimos el tiempo… esta pista no nos va a servir de nada…
—Si te lo hubiera dicho desde antes, no me habrías hecho caso… —dijo Vicente con una sonrisa burlona— ¿ahora qué quieres que hagamos?
—No lo sé… ¿seguir vigilando? Tal vez se me pasó algo… tal vez…
—Nah… ya es la hora de la comida, … vamos a comer algo y con el estómago lleno verás las cosas de otra manera…
Samuel, le iba a decir que no, sólo que, Rivas ya había puesto en marcha el auto, no tenía caso ni que intentara disuadirlo de marcharse.
Algo dentro de él le decía que estaban sobre la pista correcta, tenía que seguir a su instinto, aunque lo estrellara contra la pared, era algo que siempre lo había ayudado en los casos que investigara y sabía que ahora no podía estar equivocado.
Comieron en otro restaurante en donde parecían conocer bien a Vicente, después regresaron a la oficina a revisar el expediente del caso por si habían pasado algo por alto, tal vez en el reporte forense o en las fotografías podrían ver algo.
Una hora después, Vicente, le dijo que debían investigar al muerto, ya que lo habían identificado por sus huellas y tenía antecedentes penales, por lo que se pusieron en marcha hacia la dirección que obtuvieron.
Mientras Rivas, conducía, Samuel, repasaba los expedientes de los otros casos, había un patrón, además del encontrado en los cadáveres.
Todas las víctimas, eran vagos sin oficio ni beneficio, algunos con delitos menores, otros con procesos por asalto a mano armada, disparo con arma de fuego y lesiones, todos eran unas fichitas, parias, que dañaban a la sociedad, sólo que, no había nada que los relacionara entre sí, no había lazos que los uniera, ni eran del mismo barrio, ni estuvieron presos en las mismas fechas, ni frecuentaban los mismos lugares, todos ellos ni siquiera se conocían, el único vínculo, era la rubia.
Eran desconocidos entre sí, malvivientes y viciosos, todos ellos, sólo que, separados geográficamente, aunque se parecían mucho físicamente entre ellos, lo que no le aportaba una pista ya que la mayoría de los delincuentes son muy similares.
Después de investigar al occiso, el resultado fue similar a los otros, antecedentes por robo con violencia, dos ingresos al reclusorio, no se le conocía novia y la mujer de la fotografía de las cámaras de seguridad, nadie la había visto con él.
La mujer de la foto que estaba a su lado, resultó ser su hermana, y ella le dijo que eran muy unidos y que él la quería mucho.
—No nos habían avisado que había muerto… hasta ahorita que usted nos lo informa, ¿quién fue capaz de hacerle eso? Mi hermano no era malo —dijo la muchacha.
—Creemos que pudo ser un problema por la repartición del botín —le dijo Ugalde— por eso nos urge contactar con la mujer rubia de la foto, ella debe saber quién fue la persona que mató a su hermano.
—No la conozco, pero mi hermano, me llamó por teléfono la semana pasada y me dijo que estaba muy enamorado, que por fin había conocido a la mujer de sus sueños, se le oía tan contento que me alegré mucho por él.
—Bueno… pues le agradezco mucho su atención y lamento haberle traído tan mala noticia —dijo Ugalde, mientras de reojo veía que Rivas, se hacía a un lado.
—¿Le puedo pedir un favor? —dijo ella con tono suplicante.
—Si está en mi mano hacerlo, con todo gusto.
—Atrapen a la persona que haya matado a mi hermano y enciérrenlo en el calabozo más horrible que tengan… no merece seguir libre después de lo que hizo.
—Encontraremos al culpable y pagará por su crimen… se lo aseguro…
Samuel, se despidió de ella y junto a su compañero se dirigieron al carro, muchas veces había visto la mueca que la hermana del asesinado hizo cuando le dio la noticia, era una mezcla de sorpresa, coraje y dolor, y eso aún lo afectaba.
Dentro de todo, sentía que algo le estaba faltando, algo no concordaba con todo lo que tenían hasta ahora, no quiso comentárselo a Vicente, no tenía caso, Rivas, trataría de disuadirlo de olvidarse de conjeturas y de seguir las pistas, aunque estas no condujeran a nada, ni a nadie.
Tal vez era la edad, o tal vez era la experiencia, lo cierto era que, Vicente, parecía apático al trabajo, como si le diera lo mismo si atrapaban a la asesina o no, al fin y al cabo, sólo era un caso más que podría o no resolverse.
Y aunque aquella actitud lo frustraba, no comentó nada, ni al acabar su turno, no le vio caso, después de todo, Vicente, ya iba de salida de la corporación y nada se podía hacer, denunciar su apatía era manchar su hoja de servicios.
Después de que su pareja lo dejara en la jefatura, Samuel, comenzó a analizar las cosas, solo, en su coche, hasta que tomó una determinación, estaba convencido que en aquella casa encontraría respuestas, sin pensarlo más se puso en marcha.
Por el celular le avisó a Susana, su mujer, que llegaría tarde ya que el trabajo se había complicado, ella, comprensiva como siempre, le pidió que se cuidara y que no se arriesgara si no era necesario.
Samuel, estacionó el carro en el mismo lugar desde donde estuvieran observando por la mañana y parte de la tarde, la calle tenía poco movimiento y él podía ver con total plenitud a la entrada de aquella casa que lo inquietaba.
Casi dos horas y media, después de que llegara, él comenzaba a dudar si su corazonada era cierta, pensaba que estaba perdiendo tiempo.
—Ya estoy pensando como Vicente… —pensó sonriendo— la vigilancia siempre es desesperante, por lo que hay que tener mucha paciencia y aguante.
Habían pasado tres horas desde que montara la guardia, cuando de pronto, vio que un auto, de modelo pasado, como de unos cinco años atrás, se estacionaba junto a la banqueta y tocaba el claxon en tres ocasiones.
Todos sus sentidos se pusieron alerta, aquello era algo que no esperaba, centró toda su atención en la puerta de la casa.
Diez minutos después, apareció una hermosa rubia, joven, de excelente cuerpo, vestida de minifalda y blusa escotada, llevando un bolso de mano, colgado de su hombro izquierdo, con sensuales pasos caminó hasta el auto y abrió la puerta para subir.
Samuel, puso en marcha su auto y se dispuso a seguirlos, tenía que ver quién era esa mujer que tan de pronto había aparecido en una casa en la que le dijeron que no vivía y a la que al parecer nadie conocía.
El carro circuló por la avenida a velocidad normal por durante casi media hora, Samuel, de acuerdo a las tácticas de seguimiento, se mantenía a una distancia prudente, dejando entre su carro y el de ellos, dos carros.
No quería que lo descubrieran y mucho menos perderlos, ahora que ya contaba con una pista sólida, no la iba a dejar pasar. Tuvo el impulso de llamar a Vicente, por el celular, sólo que, desechó la idea, seguramente su pareja le diría que los siguiera y le informara si era necesaria su presencia o lo dejaban para el día siguiente.
Vio que el auto se detenía a una calle de donde se encontraba una tienda de autoservicio y de inmediato se imaginó lo que estaba por suceder, estacionó su carro a unos metros del de ellos y los vio bajar.
Tal y como lo había supuesto, era un hombre el que conducía, la rubia también descendió del carro y juntos, caminaron sin prisa hasta la tienda.
Moviéndose con pasos meticulosos, Samuel, se detuvo entre el auto y la tienda, no quería entrar a impedir el robo, era poner a otras personas en riesgo, la calle no estaba muy transitada, podía detenerlos antes de que abordaran el carro.
Los vio salir de la tienda de autoservicio, ahora iban con pasos presurosos y la rubia empuñaba una pistola escuadra, el hombre traía un cuchillo en la mano.
—¡Policía, están detenidos…! —les dijo cerrándoles el paso.
La rubia no se esperó y levantando el arma disparó en contra de él, la bala le atravesó el hombro izquierdo y lo hizo trastabillar y soltar su pistola, el hombre aprovechó aquel descontrol y lo embistió con el cuchillo por delante.
Samuel, tuvo tiempo de reaccionar y se hizo a un lado, aunque no fue lo suficientemente rápido para evitar aquella filosa hoja de metal que buscaba sus carnes, lo cortara en su costado derecho, el hombre no esperaba aquello, estaba seguro que lo ensartaría, se volteó furioso.
Cuando volvió a atacar, Ugalde, ahora sí pudo esquivarlo con limpieza, y le dio un derechazo en el rostro, luego le clavó su pie en las partes blandas y el asaltante se dobló sobre sus piernas.
De reojo, Samuel, vio que la rubia comenzaba a correr por la calle, alejándose de él, no perdió el tiempo, sacó sus esposas y esposó al hombre de una mano al rin de una de las llantas del carro que estaba estacionado, levantó su arma y el cuchillo del asaltante y comenzó a correr tras de la rubia, le llevaba casi una calle de ventaja, sólo que eso no era problema para él que tenía buena velocidad de las piernas.