capitulo 3

2179 Words
–Eso ya lo veremos. –En ese caso, si me perdona, tengo que ocuparme de algunos detalles de última hora, detalles que tienen que ver con cambiar los asientos y doblar la seguridad para el evento así que está en su empresa puede continuar supervisando– Dijo ella y se retiró. El tono gélido de su voz y el hecho de que ella se atreviera a hablarle de aquella manera le resultó a Ashton muy divertido. Estaba acostumbrado a que todo el mundo se plegara inmediatamente a sus deseos, sin peros ni remilgos. Su forma de ser era algo que siempre le había gustado de Penélope, incluso aunque solo había hablado con ella por teléfono. Le gustaba el hecho de que ella tuviera sus propias opiniones y no le diera miedo compartirlas con él, aunque no congeniaran. Se metió la mano en el bolsillo de nuevo y volvió a tocar el teléfono móvil. Podría llamar a Dinora. Ashton podría llamar a cualquiera de las mujeres que le habían dado su número y que de inmediato aceptarían pasar la noche con él, tenía un sinfín de números que había guardado pero que jamás había marcado. Se inclinó sobre la balaustrada de la imponente escalinata de mármol y observó cómo Penélope avanzaba por el salón de baile con sus altos zapatos de tacón. Entonces, ella se dio la vuelta y miró por encima del hombro. Cuando vio que él la estaba observando, le dedicó una tensa sonrisa. No obstante, él notó la tensión que emanaba de su menudo cuerpo en oleadas palpables. Comprendió que a Penélope le gustaba tener el control. Y a él también. Acababa de entrar en un dominio que le pertenecía a ella y le había arrebatado todo el control. Soltó una pequeña carcajada y sacó su teléfono móvil. Tal vez sería mejor conseguir una acompañante para aquella velada. Penélope podía añadir otro cubierto tan fácilmente como lo había retirado. Se podría encontrar una mujer que le hiciera compañía aquella noche para poder olvidarse de la breve atracción que había experimentado al ver a Penélope por primera vez. No salía con sus empleadas y no tenía intención de comenzar una relación con una mujer tan joven como Penélope parecía ser. En realidad, no tenía intención alguna de tener una relación con nadie, el solo quería diversión y solo eso. Miró el teléfono y entonces, se lo volvió a meter en el bolsillo. ******************************************************************************************************** Ashton no tenía ninguna cita. Avanzó por el amplio vestíbulo con la sangre latiéndole con fuerza en las venas. No había llamado a nadie, ni siquiera a Dinora para ver si ella deseaba revivir brevemente la relación que habían tenido. Tampoco a ninguna de las hermosas modelos que se le habían insinuado a lo largo de los últimos meses. No le había apetecido llamar a ninguna de ellas. La única mujer en la que había sido capaz de pensar era su coordinadora de eventos, ella es la única con la que quiere salir, se ha metido en sus pensamientos. La hermosa Penélope, con su reluciente cabello castaño y unas curvas que parecían salir directamente de la fantasía de cualquier hombre. Resultaba fácil encontrar mujeres hermosas, de cualquier figura, tamaño y como el la quisiera. Ashton tenía dinero e influencias. Si quería tener compañía femenina, podía disfrutar de ella fácilmente. Sin embargo, en aquellos momentos se dirigía hacia la habitación de Penélope. Sentía un irrefrenable deseo de volver a verla. Ashton se estaba dejando llevar por aquella compulsión porque el deseo de algo era un sentimiento bastante desconocido para él y, sinceramente, se sentía fascinado. Llamó a la puerta de la suite de Penélope, no estaba nervioso, pro no sabía cuál sería la reacción de ella al verlo allí, sin embargo, eso a él no le importo, la suite que él le pagaba. Siempre se aseguraba de que sus empleados disfrutaran del mejor alojamiento cuando viajaban. No quería que nadie se quejara de no haber podido realizar su trabajo por no haber podido descansar bien. Escuchó la voz de Pamela a través de la gruesa puerta. –Un momento… Ashton oyó que ella se asomaba a través de la mirilla de la puerta. Cuando abrió, su expresión era de asombro. –Señor Volkor, ¿Ocurre algo? –pregunto ella angustiada ya que era la primera vez que ocurría esto. –Nada–respondió él antes de entrar directamente en la suite. Ella se dirigió hacia el lado opuesto de la habitación. Resultaba evidente lo incómoda que se encontraba. Penélope era una mujer delicada y menuda y, durante un instante, pareció tan perdida que él sintió algo parecido al instinto de protección en su pecho. Natural. Penélope era joven. Debía de tener unos veinticinco años. Ashton conocía muy bien lo que el mundo reservaba para los jóvenes. Sabía que había un dolor tan intenso, un dolor tan fuerte que, afortunadamente, la mayoría de la gente ni siquiera lograba imaginar. Ashton sí. Él lo había sufrido. La expresión de los ojos de Penélope era reservada. A pesar de todo, Ashton vio en ellos una cautela, una dureza, que no concordaba con su edad. Talvez ella no era tan ingenua como había imaginado. Tal vez ya conocía el lado oscuro de la vida. Era una mujer joven, pero no había inocencia juvenil en su rostro. Ni rastro tampoco de ingenuidad. Parecía como si estuviera esperando descubrir lo que estaba a punto de desmoronarse a su alrededor. Ashton conocía muy bien ese sentimiento. –He decidido que me gustaría tener acompañante para esta noche–Comenta el –Lo que significa que usted quiere que añada el cubierto que acaba de hacerme retirar para la acompañante que tenía, pero que luego no tenía y que se olvidó de comunicármelo. –Algo parecido –dijo él con una carcajada–. Sin embargo, creo que usted podrá arreglarlo fácilmente. –Bien, gracias– Por avisar –Penélope, me estaba preguntando si le gustaría sentarse a mi mesa. Penélope sintió que el ácido le corroía el estómago. ¿Quería que ella fuera su acompañante? ¿Una especie de sustituta? Típico. A la mayoría de los hombres no les importara quién fuera una mujer mientras estuviera dispuesta y disponible. Se mordió el labio. Ella no era ninguna de las dos cosas. Se negaba a que volvieran a aprovecharse de ella. –En realidad, no me interesa actuar como su sustituta–repuso. –No era eso lo que le estaba pidiendo. Es usted una mujer inteligente, Penélope. Además también ambiciosa. Eso no se me ha pasado por alto en ninguna de nuestras conversaciones. Pensé que le gustaría poder tener la oportunidad de sentarse en mi mesa y charlar con los invitados para aprender más de este mundo. Hay sitio en la mesa y pensé que le gustaría poder disfrutar de esa oportunidad. En realidad, resultaba una oferta muy tentadora. Penélope se sentía muy atraída por la industria del diseño, lo que hacía que su trabajo fuera más agradable. Le encantaba todo lo referente a aquella empresa y había disfrutado mucho el año que llevaba trabajando allí. Resultaba muy tentador porque podría darle la oportunidad de aprender más para poder conseguir otro puesto en la empresa. En realidad, aquello no formaba parte de su plan para los siguientes cinco años, pero sería muy interesante. Debería ser algo a tener en cuenta. –Pero, en lo que se refiere al resto de las personas que estarán sentadas en esa mesa… –Si quiere que la presente como mi acompañante para que no la traten como a una empleada, no tengo problema alguno en hacerlo. La empleada. Efectivamente, las personas de aquel círculo la tratarían como a una ayudante si se enteraban de que era la coordinadora del evento. En realidad, no le importaba, pero no quería ser el centro de la conversación. Se mordió el labio inferior y lo soltó rápidamente para no revelar su indecisión ni su nerviosismo. Ella no era una mujer indecisa ni nerviosa. Aquella era la oportunidad de progresar en su carrera un poco más. Sin embargo, aquello le recordaba demasiado a cuando trabajó para Musil, ese hombre su primer jefe que tuvo después de graduarse en la universidad, y todo lo que había ocurrido. Había sido tan increíblemente estúpida… Se le hizo un nudo en el estómago al recordar todo lo que vivió en ese tiempo pero aquello era diferente. Era diferente porque ella era diferente. Ya no era una muchacha ingenua que buscaba desesperadamente el amor y el afecto. Era una mujer. Conocía sus puntos fuertes y sabía cómo conseguir lo que deseaba. Nunca más se permitiría ser una víctima. Nunca más. Definitivamente, no iba a permitir que los desastres del pasado impidieran que alcanzara el éxito. Además, ya no era tan fácil seducirla. Aunque Ashton fuera el hombre más guapo que recordara haber visto y aunque sus ojos oscuros prometieran que él seguramente sabía lo que hacer en la cama con una mujer. Sintió que la piel se le caldeaba. Respiró profundamente para tratar de tranquilizarse. No le venía nada bien pensar en Ashton de aquella manera. No importaba cómo pudiera comportarse él con una mujer porque ella jamás sería una de sus conquistas. No quería serlo, por muy atractivo que él pudiera ser. –Tenía algunas joyas preparadas para que mi acompañante las llevara esta noche antes de nuestra separación. Me gustaría que se las pusiera. –Comenta el La idea le revolvió el estómago. No le gustaba pensar que iba aponerse unas joyas que habían estado destinadas para otra mujer, a pesar de que no fuera su acompañante. Le recordaba demasiado a sucesos anteriores de su vida. –No creo que vayan con mi bolso. Es de un color amarillo brillante –dijo para tratar de no ponerse las joyas–. Además, ya tengo un collar a juego. Ashton la miró atentamente. Sus ojos oscuros la observaban de un modo que hizo que Penélope se sintiera como si estuviera examinando su alma, como si estuviera escudriñando todos sus secretos. –Tengo una joya que sería perfecta… El modo en el que pronunció aquellas palabras era tan personal…Penélope sintió que se le encogía el corazón sin saber exactamente por qué. –Como he dicho, soy muy estricta en mantener mi trabajo dentro de unos límites muy concretos. –Y esto es trabajo –afirmó él–. Se trata de unas horas extra. JOYASMURSIL tiene que ver con el romance. Se trata de hacer que una mujer se sienta como si, además de una joya, estuviera comprando un estilo de vida, una fantasía. Necesitamos presentar una fantasía que vaya más allá de este lugar, de la decoración y de las joyas. Una fantasía que tiene que ver con la mujer, con cómo se siente ella con esas joyas y cómo estas hacen que el resto de las personas consideren a esa mujer. Mis joyas son para lucirse, no para ser exhibidas en una vitrina–Comento el Penélope asintió lentamente. –¿Está eso en un anuncio escrito o en la televisión? Porque debería Ashton echó a reír. El sonido que emitió fue raro, como sino estuviera acostumbrado. –Talvez lo utilice. –Estoy pensando que estaría bien tener algo así escrito como de forma casual, casi oculta, en las vitrinas de la exposición… –Me gusta esa idea–dijo él sonriendo. ¿Por qué Penélope sentía una cálida sensación en el estómago cuando él sonreía? En realidad, no se podía decir que aquel gesto fuera una sonrisa y ella no debería estar sintiendo nada. A Ashton tan solo le gustaba su idea. Además, parecía que aquella noche iba a suponer un serio empujón en su carrera. ¿Quién no estaría feliz ante aquella perspectiva? –Si quiere, le puedo mandar una estilista para que le ayude con su guardarropa –Tengo mi propio vestido. Gracias de todos modos–comento ella con cierta molestia Ashton se acercó a ella sin dejar de mirarla a los ojos. Olía tan bien… No precisamente a colonia. Era un aroma limpio, masculino. Le hacía a Penélope desear acercarse más a él y aspirar profundamente. No se había dado cuenta de que estaba demasiado sola… Solo se trataba de eso. De soledad. Llevaba demasiado tiempo sin ver a su hermano y a la familia de este, y no tenía muchos amigos. Solo deseaba sentirse cerca de alguien. Tal vez debería comprarse un gato… –Es una mujer muy testaruda, Penélope… –Me lo han dicho en más de una ocasión. ¿A caso es malo? –En absoluto. Aprecio esa cualidad, dado que es una que compartimos. –Vaya, me alegro de que eso no vaya en mi contra. Pareció que Ashton se iba a acercar un poco más. El tiempo fue pasando lentamente. El ambiente se cargó entre ellos. –En absoluto… Entonces, Ashton se dio la vuelta y se marchó. La puerta se cerró suavemente a sus espaldas. Penélope se desmoronó sobre el sofá. Acababa de darse cuenta de lo mucho que le temblaban las piernas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD