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1134 Words
Genial, primer día de clases en una nueva escuela en una ciudad alejada de todo lo que estoy acostumbrada, llena de niños ricos e idiotas sin control. Y sí, estoy usando sarcasmo. Pero obviamente lo peor del día fue haber ido a la casa de Henderson apodo Idiota apodo estúpido. Ni siquiera sabía que la señora Liz tuviera un hijo, no es porque la conociera desde hace mucho tiempo, solo que mi madre y ella son muy buenas amigas y la bastarda no tuvo mejor idea de sonreír mientras desempacábamos y girarse a su amiga, diciendo dulcemente: ¨ ¿Qué tal si mando a Clarity hoy para que le enseñes algo de geografía? Ella realmente apesta.¨ Y bueno, ¿Cómo culpar a la amable señora Liz? Ella solo intenta hacer su buena acción del día, ayudando a la pobre hija de su vieja amiga. -Entonces... ¿Cuáles son los tipos de cuencas? – me pregunto, poniendo presión en su mirada. Vamos Clary, tú lo sabes. -Am.- mordí mi labio, buscando en algún lugar la respuesta, pero dudaba que la tostadora me lo soplara.- ¿Exmorreicla?- solté, rezando a todos los dioses que esa fuera la respuesta. -Vaya, tu madre tenía razón. Enserio apestas en geografía -exclamo y cerro su libro. La seguí con la mirada, mientras seguía sentada en su cómodo sillón. -Lo sé –reí. -Exorreica, endorreica y arreica. Recuerda, son tres. Dos empiezan con la misma letra y la otra recuerda la palabra ¨arroz¨ y la memorizaras. No es tan difícil –mordió la manzana y se volvió a sentar a mi lado. -Para usted es fácil, ha estudiado geografía toda su vida –me queje, cruzándome de brazos. -Hemos estado aquí sentadas alrededor de cinco horas, ¿enserio no quieres quedarte a comer? Ya está oscuro –ignoro mi comentario y me insistió para que cenara con ella. Realmente quería llegar a mi casa y conectar la música a todo lo que daba, pensando en que mañana tenía que volver al colegio lleno de idiotas. Pero algo de comida casera me haría bien. -Está bien –le sonreí y cerré mi cuaderno, lista para disfrutar algo de espaguetis caseros. Ayude a la señora Liz a colocar la mesa, solo dos platos, ella y yo. Sin su estúpido hijo. Todo seguiría bien mientras él no este. Había algo en Luke que me provocaba nauseas. Quizás eran sus oscuros ojos celestes. O su espeluznante forma de vestir. O como su voz se vuelve más grave cuando te insulta. Pero fuera de eso... Me volvía loca por probar sus labios y ver como se sentía tocar sus fuertes brazos. ¿Qué digo? Chicos como él no están hechos para chicas como yo. Y nunca lo estarán. -Bien, espero que te gusten –Liz trajo dos platos con la deliciosa pasta a la mesa, y ambas nos sentamos. Antes de meter el primer bocado a mi boca, el sonido de la puerta cerrarse se escuchó, y luego el cuerpo del rubio entro a la sala, abriendo su boca al verme ahí sentada. -¿Qué hace ella aquí?- escupió, inmediatamente me puse dura ante su voz. Liz me dedico una mirada tranquilizadora y luego miro a su hijo. -Luke, no seas así. Es nuestra invitada. ¿Dónde están tus modales? –Le pregunto mientras que con sus ojos lo regañaba –siéntate, te traeré algo para comer. -No qui... -Siéntate y te traeré algo para comer. Punto final, Luke –su voz fue más dura esta vez. Por primera vez me atreví a girar mi rostro para encontrarme con sus ojos. Trague en seco cuando el rodo los ojos y se sentó justo enfrente de mí. -¿Qué mierda haces aquí? ¿Además de enseñarte, ahora mi madre te da de comer? –Luke tomo un pedazo de pan y se lo metió a la boca, sin ninguna clase de modal. -En realidad, ella fue muy generosa conmigo al invitarme a cenar –le respondí. No le tendría miedo, eso estaba claro. -¿Por qué no te largas? -me miro serio y yo fruncí el ceño. -¿Qué es lo que te molesta, idiota? –respondí groseramente. -Me molesta tu puta presencia en mi maldita casa, porque nena, ambos sabemos que chicas como tú no son vistas con chicos como yo –se señaló y me inspecciono con la mirada. Sentí un escalofrió al oír sus palabras. -No tengo la más mínima ganas de que me vean contigo –ahora yo lo inspeccionaba, jugando a su mismo juego. -Veo que encontraron tema de conversación –dijo alegre la señora Liz entrando al comedor. -Oh claro que si –le respondió Luke, todavía mirándome a los ojos. Ahora fue mi turno de rodar los ojos y dar un bocado a mi plato. -Esta delicioso, señora Liz –la alague sintiendo el increíble sabor de su comido. -Dime solo Liz, Clarity. –pidió y yo solo asistí. Había tanta tensión en la sala que juraba poder cortarla con una tijera. Luke miraba a su madre y luego dirigía sus ojos a mí, haciendo que me remueva en el asiento. -¿El baño? –me atreví a preguntar. -Luke, acompáñala. -Ni aunque estuviera loco. –le respondió él. -Luke, acompáñala. –repitió. -He dicho que no. -Si no quieres que venda tu moto, acompaña a Clarity al baño. –Luke dirigió sus ojos a su madre, manteniendo una guerra de miradas con ella.- Ahora. –pronuncio lentamente. -Maldita estúpida niña- mascullaba mientras se levantaba de la mesa y se dirigía a la escalera –no te esperare todo el día, maldita sea. –se quejó. Me levante rápidamente del asiento y un poco más corrí hacia él. -Eres tan malcriado. –le dije una vez en las escaleras. -Y tu una entrometida, ya te lo había dicho, ¿no? Al llegar a la puerta del baño, él se quedó allí parado. -Ya te puedes ir, se cómo volver –lo mire seriamente, esperando que se vaya de una vez por todas. -Seguramente eres tan idiota que no sabrás como volver.- se cruzó de brazos. -Oye, ¿Quién te crees que eres?- le pregunte ofendida. -Tú insultaste primero. -Solo te dije que podía volver sola –le respondí, subiendo el tono de voz. -Y yo te dije que te esperare. -¿Qué ocultas? –le sospeche. -¿Contigo? Absolutamente nada.- pronuncio moderadamente. -Entonces vete –su rostro y el mío estaban extremadamente cerca, invadiendo mi privacidad. -¿Quién me obliga? –susurro. -Y-yo.- tartamudee. -Puedo hacer de tu vida un infierno. -Yo puedo hacer de la tuya una que no tenga una moto.- me enfrente –Puedo bajar corriendo las escaleras llorando y decirle a tu madre que me trataste mal. Y adiós moto-lambí mis labios, eso lo dejo perplejo. En un rápido movimiento, Luke tomo mi brazo y me llevo dentro del baño, sentándome sobre el lavabo. -¿Para qué mentirle a mamá?- murmuro sobre mi cuello, pasando una mano por mi cadera. Mierda. Acababa de firmar un contrato con el diablo. O peor... Un contrato con Luke Henderson.
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