Genial, primer día de clases en una nueva escuela en una ciudad alejada de todo lo que estoy acostumbrada, llena de niños ricos e idiotas sin control.
Y sí, estoy usando sarcasmo.
Pero obviamente lo peor del día fue haber ido a la casa de Henderson apodo Idiota apodo estúpido.
Ni siquiera sabía que la señora Liz tuviera un hijo, no es porque la conociera desde hace mucho tiempo, solo que mi madre y ella son muy buenas amigas y la bastarda no tuvo mejor idea de sonreír mientras desempacábamos y girarse a su amiga, diciendo dulcemente: ¨ ¿Qué tal si mando a Clarity hoy para que le enseñes algo de geografía? Ella realmente apesta.¨
Y bueno, ¿Cómo culpar a la amable señora Liz? Ella solo intenta hacer su buena acción del día, ayudando a la pobre hija de su vieja amiga.
-Entonces... ¿Cuáles son los tipos de cuencas? – me pregunto, poniendo presión en su mirada.
Vamos Clary, tú lo sabes.
-Am.- mordí mi labio, buscando en algún lugar la respuesta, pero dudaba que la tostadora me lo soplara.- ¿Exmorreicla?- solté, rezando a todos los dioses que esa fuera la respuesta.
-Vaya, tu madre tenía razón. Enserio apestas en geografía -exclamo y cerro su libro.
La seguí con la mirada, mientras seguía sentada en su cómodo sillón.
-Lo sé –reí.
-Exorreica, endorreica y arreica. Recuerda, son tres. Dos empiezan con la misma letra y la otra recuerda la palabra ¨arroz¨ y la memorizaras. No es tan difícil –mordió la manzana y se volvió a sentar a mi lado.
-Para usted es fácil, ha estudiado geografía toda su vida –me queje, cruzándome de brazos.
-Hemos estado aquí sentadas alrededor de cinco horas, ¿enserio no quieres quedarte a comer? Ya está oscuro –ignoro mi comentario y me insistió para que cenara con ella.
Realmente quería llegar a mi casa y conectar la música a todo lo que daba, pensando en que mañana tenía que volver al colegio lleno de idiotas.
Pero algo de comida casera me haría bien.
-Está bien –le sonreí y cerré mi cuaderno, lista para disfrutar algo de espaguetis caseros.
Ayude a la señora Liz a colocar la mesa, solo dos platos, ella y yo. Sin su estúpido hijo.
Todo seguiría bien mientras él no este.
Había algo en Luke que me provocaba nauseas.
Quizás eran sus oscuros ojos celestes.
O su espeluznante forma de vestir.
O como su voz se vuelve más grave cuando te insulta.
Pero fuera de eso...
Me volvía loca por probar sus labios y ver como se sentía tocar sus fuertes brazos.
¿Qué digo? Chicos como él no están hechos para chicas como yo.
Y nunca lo estarán.
-Bien, espero que te gusten –Liz trajo dos platos con la deliciosa pasta a la mesa, y ambas nos sentamos.
Antes de meter el primer bocado a mi boca, el sonido de la puerta cerrarse se escuchó, y luego el cuerpo del rubio entro a la sala, abriendo su boca al verme ahí sentada.
-¿Qué hace ella aquí?- escupió, inmediatamente me puse dura ante su voz.
Liz me dedico una mirada tranquilizadora y luego miro a su hijo.
-Luke, no seas así. Es nuestra invitada. ¿Dónde están tus modales? –Le pregunto mientras que con sus ojos lo regañaba –siéntate, te traeré algo para comer.
-No qui...
-Siéntate y te traeré algo para comer. Punto final, Luke –su voz fue más dura esta vez.
Por primera vez me atreví a girar mi rostro para encontrarme con sus ojos.
Trague en seco cuando el rodo los ojos y se sentó justo enfrente de mí.
-¿Qué mierda haces aquí? ¿Además de enseñarte, ahora mi madre te da de comer? –Luke tomo un pedazo de pan y se lo metió a la boca, sin ninguna clase de modal.
-En realidad, ella fue muy generosa conmigo al invitarme a cenar –le respondí.
No le tendría miedo, eso estaba claro.
-¿Por qué no te largas? -me miro serio y yo fruncí el ceño.
-¿Qué es lo que te molesta, idiota? –respondí groseramente.
-Me molesta tu puta presencia en mi maldita casa, porque nena, ambos sabemos que chicas como tú no son vistas con chicos como yo –se señaló y me inspecciono con la mirada.
Sentí un escalofrió al oír sus palabras.
-No tengo la más mínima ganas de que me vean contigo –ahora yo lo inspeccionaba, jugando a su mismo juego.
-Veo que encontraron tema de conversación –dijo alegre la señora Liz entrando al comedor.
-Oh claro que si –le respondió Luke, todavía mirándome a los ojos.
Ahora fue mi turno de rodar los ojos y dar un bocado a mi plato.
-Esta delicioso, señora Liz –la alague sintiendo el increíble sabor de su comido.
-Dime solo Liz, Clarity. –pidió y yo solo asistí.
Había tanta tensión en la sala que juraba poder cortarla con una tijera.
Luke miraba a su madre y luego dirigía sus ojos a mí, haciendo que me remueva en el asiento.
-¿El baño? –me atreví a preguntar.
-Luke, acompáñala.
-Ni aunque estuviera loco. –le respondió él.
-Luke, acompáñala. –repitió.
-He dicho que no.
-Si no quieres que venda tu moto, acompaña a Clarity al baño. –Luke dirigió sus ojos a su madre, manteniendo una guerra de miradas con ella.- Ahora. –pronuncio lentamente.
-Maldita estúpida niña- mascullaba mientras se levantaba de la mesa y se dirigía a la escalera –no te esperare todo el día, maldita sea. –se quejó.
Me levante rápidamente del asiento y un poco más corrí hacia él.
-Eres tan malcriado. –le dije una vez en las escaleras.
-Y tu una entrometida, ya te lo había dicho, ¿no?
Al llegar a la puerta del baño, él se quedó allí parado.
-Ya te puedes ir, se cómo volver –lo mire seriamente, esperando que se vaya de una vez por todas.
-Seguramente eres tan idiota que no sabrás como volver.- se cruzó de brazos.
-Oye, ¿Quién te crees que eres?- le pregunte ofendida.
-Tú insultaste primero.
-Solo te dije que podía volver sola –le respondí, subiendo el tono de voz.
-Y yo te dije que te esperare.
-¿Qué ocultas? –le sospeche.
-¿Contigo? Absolutamente nada.- pronuncio moderadamente.
-Entonces vete –su rostro y el mío estaban extremadamente cerca, invadiendo mi privacidad.
-¿Quién me obliga? –susurro.
-Y-yo.- tartamudee.
-Puedo hacer de tu vida un infierno.
-Yo puedo hacer de la tuya una que no tenga una moto.- me enfrente –Puedo bajar corriendo las escaleras llorando y decirle a tu madre que me trataste mal. Y adiós moto-lambí mis labios, eso lo dejo perplejo.
En un rápido movimiento, Luke tomo mi brazo y me llevo dentro del baño, sentándome sobre el lavabo.
-¿Para qué mentirle a mamá?- murmuro sobre mi cuello, pasando una mano por mi cadera.
Mierda.
Acababa de firmar un contrato con el diablo.
O peor...
Un contrato con Luke Henderson.