CLEO.
Pedí de regalo de cumpleaños una muñeca y emocionada fui a abrirla. Me sorprendí al ver que no era la bebé que lloraba, sino una niña rubia con ojos azules que mis padres dicen que se parece a mí, pero es mentira, se parece a lo que ellos quieren que sea y nunca seré por mas de que lo intente. Me he esforzado por llegar a modelar pero no me gusta estar parada tanto tiempo y usar esa ropa tan extraña.
Lo haría por mi mamá.
Lo haría por mi papá.
Lo haría para que me quisieran.
Lo haría para que me aceptaran.
Lo haría por ser tratada como una hija, no un monstruo.
Lo que entendí es que para ellos ya yo no soy más que una niña que molesta, una niña que les estorba y les quita felicidad.
No entiendo para qué nací. No me gusta mi vida. Nada. Mis padrinos son buenos pero no son mis papás. El colegio es normal pero me recuerda que nunca tendré ese cariño.
Todo está mal.
Me siento mal.
Solo quiero llorar pero a ellos no les gusta que llore. A ellos no les gusta que hable. A ellos no les gusto yo.
•ø•
Dormir con Alexander se pudiera considerar una de las mejores cosas que me ha pasado y es por la sencilla razón que me da ese calor en las noches. Siempre había escuchado a compañeras del colegio hablando de que cuando se sentían mal, sus papás venían y les contaban cuentos o pasaban las noches con ellas, conmigo jamás fue así y aprendí a soportarlo hasta llegar a un punto de no necesitarlo, porque si, uno jamás extraña lo que nunca ha tenido.
Con Bruno no dormía porque el odiaba que le montara las piernas y se quejaba tanto que llegaba un punto en el que el prefería dormir en su cuarto de huéspedes y dejarme sola. Lo que sucede es que yo siempre he dormido con peluches que me hacían compañía y pues ahora que es un humano... es tan diferente pero tan cómodo. Alexander deja que le monte la pierna, que duerma sobre su pecho, que lo tire de la cama, que tenga sed a mitad de la madrugada. Mejor no podría ser.
Como que te gusta el inglesito, ¿no?
No es que sea muy difícil caer, las semanas que llevo acá me ha tratado como una princesa. Siento que todo pasa rápido, que vivo un cuento. Quizá despierte en un tiempo pero ahora estoy cómoda.
Ya veremos dijo el ciego, querida Cleo.
Que pesimista que eres, Lola.
Solo trato de protegerte. No me gustaría volver a verte destrozada, aunque está haciendo las cosas bien, lo admito. En todo este tiempo solo se ha preocupado en que estés cómoda.
•ø•
Ahora mismo me estoy vistiendo porque vamos a casa de Elijah a comer. Llevo unas medias negras que cubren mis piernas por el frío, un short blanco que parece más una falda que otra cosa, suéter color verde esmeralda y botas altas negras. En mi cabello me puse adornos de perlitas y no me maquillé, ya no hay morados en mi cuerpo. El tiempo ha ido pasando de a poco.
—¡Cleo!—Escucho la voz de Alexander desde abajo—¡Tu teléfono!
Odio los teléfonos, nunca estoy pendiente de ellos, si es por mí pudiera vivir en el siglo ochenta con cabinas telefónicas, igual nunca nadie me llama y las r************* son una pérdida de mi no valioso tiempo.
—¡Contesta!—Grito. No pienso apurarme a bajar corriendo con estas botas, valoro mi dentadura y no quiero tener que usar unos falsos a los veintiún años de edad.
—Hola baby Malia—Escucho la voz chiquita de Alexander... Por Dios, otro más. Solo con eso me cae mal—. No, no llores nena por favor—Diría que ahí aprieto el paso pero la verdad es que no. Camino lentamente para escuchar la voz entrecortada de mi hermana.
—¿Que pasa, Liah?—Alexander se queda preocupado, mi hermana no responde—. ¿Es por la mujer de la otra vez?—La peor pesadilla de Malia es que nuestros padres se separen. A mí me haría feliz que empezaran a vivir en desgracia, pero digo, cada quien con su cosa.
—Si, Coco.
—Ya te lo dije, la nueva mujer es la madre de Alexander, se llama Celine y cálmate que es esposa de tu padrino.
—¿Segura?
—Si—Cuelgo la bendita llamada. Si Malia es la más importante de la familia y a la que más hay que consentir, no le veo el fin a que se la pase llorando y quizás deberían de preocuparse más por ella. Haría un llamado de atención si no me tuvieran hasta bloqueada.
Al terminar, Alec me pregunta si estoy bien, conociendo un poco más la historia mientras pone un dedo en mi mentón y me obliga a mirarlo. Quiero hacer más y no me lo permito. Asiento un poco, dándome media vuelta y largándome a la habitación.
•ø•
La casa de Elijah queda prácticamente al lado pero de igual forma vinimos en carro. Él tiene un apartamento que no es tan grande como el de Alexander porque queda en el piso uno y su decoración es un poco peculiar. La casa entera está llena de arte, hay grandes cuadros y esculturas de personas desnudas, son todas blancas pero con salpicaduras de pintura neón.
—Elijah, aquí estoy dejando efectivo para que pidas sushi—Alexander deja billetes en la mesa de vidrio, la cual está sostenida por una persona de cerámica que parece que lleva una pizza.
—No es necesario—Grita desde la cocina—. Les estoy preparando unos tragos. Cleo ¿tomas?
—No, gracias.
Una sola vez tomé alcohol y fue la primera vez que Bruno me violó. Lo recuerdo como en carne viva, yo solo quería disfrutar con mis amigos y por eso me tomé una botella de champagne. No fui exagerada, todos estaban iguales o hasta peor que yo, incluso estaban fumando. Al ser mi primera vez, obviamente vomité, Bruno no me dejó ni siquiera limpiarme porque él mismo me sacó del baño por mi cola alta y se introdujo en mí. Fue horrible, recuerdo el dolor, la desesperación, la sangre corriendo por el piso, el sonido de nuestras pieles chocando, mis morados al día siguiente...
Después de esa vez, nada importó porque para mí ya no había nada peor. Ese fue su límite y el mío a la vez pero no lo dejé.
No puedes dejar a la única persona que por lo menos se toma el tiempo de tocarte.
De mala forma o no, lo único que yo quería era afecto, a alguien queriéndome y adorándome, que me besara, que me amara. Y Bruno a su forma retorcida lo hacía, suena raro pero real, solo yo podía entender que esa era su forma de calmar todas sus molestias y el odio hacia las mujeres, maltratándome.
—Oh, hola—Me saluda Ava. Hoy lleva un pantalón pegado azul y una franela blanca que dice fck me con letras negras—. No sabía que venías, Cleo.
—Hola—Le doy un beso, ella siempre huele a lavanda y no puedo ni explicar el odio inmenso que le tengo a tal aroma. Es desagradable, no es dulce, no entiendo como alguien pudiera llevarlo en su día a día.
—Cleo, amo tus botas. ¿De dónde son?—Se sienta en la mesa redonda y de vidrio.
—Barbette—Respondemos Alexander y yo al unísono.
En lo personal, jamás pudiera costear tal tienda pero como mi padrino es el dueño, siempre me ha mandado ropa y accesorios de ahí, es como mi asesor de moda personal y por él que no pago. Creo que lo que gastas es totalmente merecido, la ropa tiene una calidad exquisita y es perfecta para cualquier ocasión, siempre sabrán como vestirte.
—Nena—Escucho a Elijah. Él tiene una franela manga larga azul y jeans junto a unos zapatos blancos—¿Puedes subir y buscar algún libro de mi cuarto año de derecho?
—¿Qué?—Pregunta incrédula.
—Por favor, nena, es que lo necesito para ya...—Le da un beso corto y ella asiente con la cabeza, desapareciendo por un pasillo y bailando a la vez. Parece su sumisa.
En lo personal, Ava no me cae mal. Es linda y delicada, quizá su estilo de ropa no es lo mío, puesto a que es demasiado informal y usa siempre cosas doradas pero del reto es bien. Suele ser callada y complaciente. Según mi criterio, no hace buena pareja con Elijah. Elijah es una persona efusiva y eufórica, que siempre esta sonriendo, haciendo u ocupándose de algo. Necesita a alguien activo como él, no un contrario. Si sé que polos opuestos se atraen y no dudo que sea real pero si creo que deben de tener algún parecido por lo menos en estilos de vida. De nada te sirve una persona que quiere salir de fiestas todos los fines de semana si tú no has tocado una discoteca en tu vida. En algún punto chocarán, destinándose al fracaso.
—Cleo, necesito un favor tuyo—Lo volteo a ver, está hablando en susurros. El acento británico de Alexander es bastante marcado, tanto que a veces me cuesta hasta entenderle pero Elijah no es así, el de él es tan delicado como imperceptible. Pudiera pasarse por americano y todos le creeríamos.
—Grobatig ¿en qué vas a meterla?
—Abajo está Mareya.
—¿Qué?—Grita Alexander y Elijah lo obliga a bajar la voz
«Ayer me follé a Mareya» Recuerdo sus palabras del día que llegué. ¿Le es infiel a Ava?
—¿Quién?
—Mi hermanastra.
—¡Oh por Dios!—Me tapo la boca—¿Son cómo Nick y Noah?
—¿Quiénes...?—Preguntan los dos al unísono.
—Los de la trilogía de culpables, ya saben, de hermanastros a esposos y así—Los dos me miran confusos sin entender nada de lo que digo, Alexander incluso enarca una ceja.
—Bueno... equis—Dice Elijah—. Necesito que saques a Ava de la casa—Niego de inmediato—. Nosotros hemos peleado y empezará con sus estupideces. Yo sabía que Maya pasaría aquí el fin de semana pero no pensaba que desde hoy y bueno... si la saco a ella mi papá me mata.
¿Tengo opción? Si, porque Alexander me mira dejando claramente que la decisión esté en mí, Elijah me cae bien y no estaría mal tenderle la mano cuando no hizo un escándalo de mis morados.
—Será.
Decido ayudar a Elijah porque amo ver el mundo arder —de lejos— y porque no creo que sea mala persona. Cada quien lleva su relación como quiere y también puedo destacar que quiero conocer a la tal Mareya o Maya, como sea que se dice, y no solo para saber si tiene pecas como Noah sino para saber si vale la pena perder al bombón de Ava por ella porque esas curvas deben ser irrepetibles, es flaca pero mal formada no está.
—Ava—La sorprendo en el que supongo es el despacho de Elijah. Está buscando entre unos cajones de madera blanca repletos de libros—. ¿Te puedes ir un momento a tu casa?—Me voltea a ver incrédula—. Es que te explico, estoy pasando por un proceso legal donde él me está iluminando y realmente no quiero que mas nadie escuche mis plegarias.
—Pero...
—Sé que es tu novio.
—Y próximamente prometido, si.
—¿Qué?
Acepto un novio infiel ¿pero un próximo esposo? ¿Dónde está metido Elijah? Eso si que no, el matrimonio es sagrado.
—Si, él está todo raro y sé que eso es porque me oculta algo grande y espero sea un hermoso diamante—Dice sonriendo y parándose—. Tenemos veintiocho años ya, es hora. Pero bueno... me iré porque me niego a buscar el libro, no entiendo que persona extraña organiza todo por colores y no por año—Sale de la habitación dejando un beso en el aire y caminando rápido, le da un pico a su novio, nos desea suerte y baja por el ascensor privado.
Elijah me da las gracias en todos los idiomas posibles y después baja, dice que también llegó el sushi y que por eso se tardarán un poco más.
En ese tiempo Alexander se queda explicándome que Mareya jamás y nunca será lo que yo espero y que él no cree que le pida matrimonio a Ava, que ya llevan más de trece años juntos y no se le ha pasado ni siquiera por la cabeza. Trece años es demasiado y por eso le doy la razón, si Elijah quisiera contraer nupcias con Ava, ya ella sería la señora Grobatig. También me entero de que Elijah no vive con Ava porque ella no fue admitida en esta residencia de viejos ricachones y amargados, entonces no puede pasar más de un mes acá o sino los sacan a los dos.
La verdad es que Alexander últimamente me está cayendo muy bien, todas las noches se queda escuchando como me desahogo de mi terrible familia y de mi terrible novio, solo calla que es lo que le pido y también me trae agua, una pésima manía que tengo. Poco a poco hemos ido haciendo una conexión y si, contarte todo como método de desahogo y para que entienda un poco mi vida resulta extrañamente reconfortante.
Alexander está frente a mí y los dos nos quedamos mirando fijamente, cuando me muevo un poco...
La puerta se abre, interrumpiendo la charla y solo aparece Elijah con bolsas de comida.
—Dio un poco más de lo pensado por el delivery y...
—¿Pagaste con mi dinero?—Pregunta Alexander. Me he dado cuenta de que le gusta pegar todo, es demasiado caritativo.
—No, porque...
—¡Mi vida!—Entra una chica a la sala y dejo la quijada en el piso.
Definitivamente, tal cual dijo mi roomie y anteriormente llamado idiota, no es para nada lo que pensaba. No es solamente el hecho de que es asiática, ya que, indudablemente lo es, sino su aura en sí...¡wow! Va con un vestido de flores azules y negras, zapatos tipo ballerina que se enredan en sus piernas; su piel es como una porcelana, tan blanca y perfecta que da miedo; no es la más alta pero tampoco la más baja, un poco menos que Elijah; su cabello es lacio, n***o y le llega por los hombros. Estoy sorprendida, es que es preciosa, parece una modelo o algo así pero a la vez se ve tan inocente y dulce que no provocaría corromperla y sonsacarla nunca, sería un pecado hacer tal cosa. Mareya es de ese tipo de personas que no puedes dejar de ver.
Los ojos de Elijah brillan cuando la mira y Alexander me da una mirada de «te lo dije» cuando ve que no paro de observar tal cosa. La carga y le da un beso en la boca, pero no como el de Ava, con ella es dulce y le hace cariños en su pómulo mientras ella saca una débil sonrisa.
—Vida—A parecer ese es el apodito—, Él es Alexander.
—Ya lo conozco, bobo—Y le saca la lengua mientras se baja de su regazo, dándole dos besos a Alexander—. ¿Cómo estás Alec? No te he visto en todo el verano.
—Has estado viajando mucho—Responde simplemente.
—¡Ay hola!—Dice cuando me ve, ignorando el comentario de Alexander—. No sabía que Alec tenía novia.
—Porque no....
Y entonces me abraza tan fuerte que corta mi respiración.
—Eres preciosa, por fin una mujer a quien puedo visitar en esta horrible residencia—Da dos salticos—Ven, cuéntame de ti...
Así pasamos toda la tarde. Mareya o Maya, como le gusta que le digan, es Coreana, específicamente del sur y tiene nada más y nada menos que dieciocho años de edad. Pasó toda su vida con su padre pero llegó el momento de venirse a Inglaterra a estudiar, desea ser una gran ingeniera y llegar a ser políglota. Ama a su madre con su vida entera, la cual siempre ha sido muy independiente pero que ahora le tocó vivir con el señor Grobatig, un hombre que le quiere bajar hasta la luna de ser posible.
Me admitió, sin pelos en la lengua, que está perdidamente enamorada de Elijah, que lo ha estado desde siempre y ama su forma de ser en todo posible sentido; su seriedad en los casos; su lado de abogado; chistoso y hasta romántico.
Un día Elijah le canceló un plan por estar con Ava y borracha se acostó con un hombre del cual no recuerda ni su cara. No se lamenta, dice que a pesar de que su virginidad siempre estuvo escrita para que fuera de Elijah, tampoco le rogaría toda la vida a por ello.
•ø•
Ya estamos en casa de Alexander, cenamos una deliciosa ensalada de lechuga con pollo y fresas junto a una torta de dulce de leche y nos vinimos a la cama. Como siempre, me puse un suéter de el anteriormente llamado idiota y él una franela blanca junto a un jogger.
Se ve sexy con todo, j***r.
—Alexander, una pregunta—Los dos nos volteamos y nuestras caras quedan a centímetros, su nariz tan cerca de la mía que chocan y su aliento haciéndome cosquillas.
Bésalo. Bésalo.
¿Pero qué es esta hipocresía?
Vamos, Cleo, estás en Inglaterra, empezando una vida de cero. Sé atrevida, rompe la barrera y date el chance de probar si puedes tener algo con tu compañero de piso.
—¿Si?—Respira pesado.
Ya nos ha pasado esto anteriormente y todas las veces me he quedado con las ganas. Basta. Me acerco un poco.
—Yo...—No me da tiempo de terminar porque agarra mi cara entre sus manos y posa sus labios en los míos, al comienzo es solo un toque pero al yo abrir la boca para hablar, utiliza el tiempo y me besa con efusividad, dejando que su lengua choque con la mía, sin embargo, no llega a tocar ninguna parte comprometedora.
El mundo entero me desaparece y solo me absorbo en Alexander Culpepper y su aroma varonil.
—Buenas noches—Me da otro corto beso y me lleva a su pecho para que duerma sobre él.
¿Qué...?