Este día hubo cambio de comando en la infantería dónde nos encontramos adscrito Enrique y yo, fiesta de gala donde es obligatoria asistir. Por suerte puedo llevar como acompañante a mi esposa, por lo que no pierdo oportunidad para estar con ella, algunos amigos llevan sus parejas.
Irina bellísima, con un vestido color crema que enmarca delicadamente su hermosa figura con sus rizos en un coqueto moño.
Enrique y Fernando, los dos cursos míos, tienen sus chicas. Fernando nos presenta a Débora como su novia, una joven guapa, morena, de unos 21 años. Igualmente, Enrique presenta a su acompañante como su novia, Teresa, una chica también de unos 21 años, rubia, hermosos ojos azules, muy guapa.
Pasamos el resto de la gala conversando y bailando, entre pasa bocados y bebida moderada. Al finalizar el evento, cerca de las diez de la noche, seguimos con deseos de continuar animados y reunidos. Por lo que como en otras oportunidades la cita será en nuestra casa, con la diferencia de que en esta ocasión será por fin con las chicas de nuestros amigos.
Compramos algunas cosas en el camino y llegamos a casa, donde con música, comida y bebida continuamos la fiesta. Cada pareja de tortolitos bailando o dándose besos y arrumacos.
Por nuestra parte Irina y yo con la excusa de buscar algo en la cocina nos regalamos un poco de deliciosa intimidad. La que es interrumpida por un pequeño accidente. Teresa ha derramado vino en su vestido e Irina sale a su auxilio.
Sube con ella a la habitación para socorrerla con cambio de ropa mientras lava y seca su vestido.
A su vez, Enrique encantado sonríe diciendo con picardía -ojala nada le quede, para que salga como Dios la trajo al mundo.
Eso te lo hace decir el calor del licor -conminó Fernando, acompañado de la alegre risa de Débora.
Irina regresa con nosotros y le dice a Enrique que Teresa está lavándose un poco y que pronto bajará con otro vestido mientras se seca el de ella.
Nosotros nos reímos, Irina no entiende el por qué nos reímos, por lo que ahora nos burlamos de ella. Después le explicamos la plática anterior.
Pasado largo rato se aparece Teresa con un nuevo atuendo y retomamos el baile y la amena conversación.
Avanzada la noche Fernando y Débora desean tomar otro rumbo para más intimidad. Les ofrecemos que se queden en la casa contigua a la nuestra, ellos generalmente se quedan allí. Enrique es huésped fijo en la planta baja. En la planta alta siempre se hospeda mi suegro cuando nos visita, pues ese es el lugar preferido de mi suegro, cómo hoy el sitio está desocupado se lo ofrezco a los tortolitos.
Sin embargo, Fernando quiere ir a mi antiguo apartamento de soltero. Mi amigo acostumbra a quedarse allí cuando lo desea. Porque su residencia está fuera de la ciudad a más de seis horas de carretera. Cuando no desea quedarse en las habitaciones de oficiales del batallón, entonces, se hospeda en el apartamento.
Y hoy esa es su intensión quedarse con Débora con más intimidad, por lo que voy a buscar las llaves y sin más se la doy.
Aprovecho la oportunidad para ofrecerles a Enrique y Teresa que se queden en la habitación de la cabaña
- Ustedes pueden quedarse en la cabaña en la planta baja, ya Enrique conoce el lugar y no será la primera vez que duerma en esa habitación.
A lo que Teresa respondió
Disculpen, no voy a quedarme en la misma habitación que Enrique. Soy señorita.
Todos quedamos fríos con su respuesta.
Irina rápidamente la atajó - Que pena Teresa, no quisimos ser irrespetuosos, asumimos algo equivocado. De verdad disculpa..Cuando desees descansar te quedas en el piso de mi papá. De nuevo discúlpanos.
Seguimos conversando y Teresa un poco en trago le dice a Enrique -no es que te rechace, es que quiero que mi primera vez sea especial, quiero estar segura que contigo va a ser para a siempre.
Enrique le abraza con ternura y le susurra palabras dulces algo al oído.