Sebastián ha pasado una noche bastante difícil, luego de que juró que nunca más iba a acercarse a la familia de Rebeca nuevamente estaba aquí, durmiendo en la habitación de al lado de ella. En cuanto a Rebeca durmió muy poco no lograba dejar de pensar en la manera de ser de su hermano, es una persona sonriente; siempre estuvo a su lado mientras eran unos pequeños. Rebeca y Sebastián salen al mismo tiempo de su habitación, quedan cara a cara, ambos se dirigen al baño. —Buenos días —saluda a ella dibujando una leve sonrisa en aquel rostro agotado. —Buenos días —responde Sebastián mientras la mira detalladamente. —Entra tú primero, mientras tanto prepararé el desayuno —Él negó con su cabeza. —Permíteme que sea yo quien lo haga, en los últimos días he aprendido varios trucos en la cocina

