¿Una prueba?

1271 Words
Rebeca estaba terminando de firmar unas órdenes, ella estaba más tranquila, porque las firmas con los nuevos socios habían resultado bastante satisfactorias para ella y para los suyos. Ella cerró su computadora, cuando su secretaria llamó a la puerta. —Señorita, afuera la está buscando el señor Sebastián Torres —dice la secretaria con su cabeza baja, Rebeca se puso de pie, lo que menos pensaba era que ese hombre fuera a estar de nuevo por este lugar. —¿Te dijo que es lo que quiere? —ella negó con su cabeza. Rebeca esbozó una sonrisa. —Él solo pidió hablar con usted, que era algo realmente importante. —Rebeca se dio vuelta, caminando directo hasta la licorera; sirvió una copa, al parecer disfrutaba lo que estaba sucediendo. —Perfecto, le vas a decir que debe esperarme. Tengo muchos pendientes y la verdad no lo puedo atender en estos momentos. —Pero yo revisé su agenda, podría atenderlo en estos momentos sin ningún inconveniente —ella comenta, sin darse cuenta que está hablando de más. Rebeca se acercó a ella, fijando su mirada en la secretaria, luego le dio un vistazo de arriba a abajo mientras se notaba como dejaba a aquella mujer completamente intimidada. —Que seas mi secretaria, no quiere decir que manejes mi tiempo. Si te estoy diciendo que le digas que me espere hasta que pueda atenderlo, eso le debes decir, porque aquí soy yo quien decide que hacer, así que procura no ser entrometido en mis asuntos ¿Está claro? —el rostro de Rebeca se torna tenso. En su cabeza solo pasaba una pregunta ¿Por qué las personas creen que pueden llevarme la contraria? —Sí señorita. —Ella salió, dejando a Rebeca parada en medio de la oficina. Sebastián estaba con sus manos sudorosas, estaba rogando para que Rebeca aceptara su petición, no era fácil para él llegar de esa manera, pero es que en verdad no conocía a nadie que tuviera las mismas comodidades, el mismo nivel que tiene esta familia. Todo lo estaba haciendo por su hermana, así que no habría manera de echarse para atrás. Cuando vio a aquella secretaria, él mostró una sonrisa genuina, para luego caminar hacia ella. —¿Me va a atender? —él mantenía la esperanza. Pero su sonrisa se borró cuando la secretaria negó con su cabeza. —Debe esperar, en el momento no puede atenderlo. Si desea puede sentarse. Sebastián no tuvo más remedio que aceptar, se sentó mientras observaba el lugar. Las personas iban y venían de un lugar a otro, todos realmente ocupados, algunos lo miraban desprestigiándolo por la manera en la que él vestía. Sebastián veía como el tiempo pasaba en el reloj y aún no había sido llamado por esa mujer. —Aguanta un poco más —él se decía mientras frotaba sus manos, una con la otra. Mientras tanto, Rebeca continuaba con sus labores, ella sabía que él estaba esperándola, sin embargo, ella quería darle una gran lección. Rebeca no le prestaba tanta atención a eso, pidió algo para comer y comenzó a responder correos. Justo antes de terminar la jornada laboral, Rebeca tomó su teléfono para saber si él seguía allí y para su sorpresa, él aun la estaba esperando. Rebeca acomodó su ropa y pidió que lo hicieran seguir. Ella cruzó sus piernas y miró a la puerta, Sebastián tardó unos cuantos segundos luego del llamado en aparecer ante la mirada penetrante de Rebeca. —Lo que menos pensé fue verlo por aquí. ¿Qué se le ofrece? —Sebastián pasa saliva al observar, por unos segundos no parpadeo, Rebeca tenía una belleza diferente, una que no era fácil de olvidar. —Sí, la verdad lamento mucho mi... bueno, vine a pedirle algo… —Sebastián apretó sus nudillos y se tragó la vergüenza—. Quiero por favor pedirle dinero, mi hermana necesita trasladarse a un centro más experimentado, necesita trasladarse a un hospital que pueda ayudarle más, ella está en cuidados intensivos —él terminó de hablar quedando un silencio absoluto, pasaron unos cuantos segundos en donde se sentía la tensión en el ambiente. Rebeca se puso de pie, caminó y luego se ubicó en el borde de la mesa, recostando un poco su cadera sobre la esquina. —No puedo creer lo que estoy escuchando. Luego de que rechazaste mi “ayuda”... Esto es demasiado curioso. —Si no fuera importante, le aseguro que no estaría aquí —él le responde, de manera fría. Rebeca tuvo que solucionar ese escándalo, todo lo hizo en un par de días para evitar que eso les llegara a afectar demasiado, aun así hubo un bajón en las ventas con porcentajes inferiores a lo de costumbre. Todo esto era fácil de evidenciar por los reportes. Rebeca lo miró mientras dibujaba una satisfactoria sonrisa, debido a que ya no necesitaba de Sebastián, ya no le era útil y soltarle dinero sin nada a cambio no era algo que Rebeca haría tan fácil. —La verdad es que, no sé que gano prestando dinero, no tengo ninguna garantía. Usted nos hizo quedar muy mal, le importó muy poco mi disculpa sincera, lo peor es que tampoco quiso el dinero que le ofrecí dos veces —ella comentó. —Lo sé, de verdad necesito de su ayuda, le voy a pagar hasta el último centavo, se lo aseguro. Mi hermana necesita de mí, no puedo defraudarla, le pido que confíe en mí, no voy a quedarle mal, no soy esa clase de persona. Sebastián tenía sus principios bien marcados, el dinero no era algo que lo movía, robar no era lo suyo, por eso quería dejarle claro a Rebeca que devolvería intereses de ser necesario. Entre tanto, Rebeca vio en esta la oportunidad para poder sentirse más segura y sobre todo más tranquila. Su vida era un caos en muchas cosas y ella necesitaba a alguien como Sebastián. Ella tenía el dinero suficiente para prestarle, para que él pudiera hacer con su hermana lo que quisiera. Rebeca caminó hacia él, quien no se inmutaba ante la presencia de ella. Simplemente parecía querer cazarlo con la mirada. —Está bien. Voy a prestarte el dinero que necesitas —ella dice, generando una sonrisa en Sebastián—. Sin embargo, hay una condición. —La que sea, no hay ningún problema de ello —responde sin pensarlo dos veces. —Quiero que seas mi guardaespaldas —ella comenta mientras lame de sus labios, Sebastián asiente con su cabeza sin importar lo que se le pide—. Serás la persona que cuide de mí, es algo simple. Tienes el porte adecuado para eso, solo con mirarte puedo deducir que tu cuerpo es el indicado para poder defender y cuidar a una mujer como yo. Ella lo mira de arriba a abajo sin cautela alguna, sus pupilas se tornan de un color oscuro mientras se deleita con la vista. —Entonces debo pagarle con trabajo —él dijo, después afirmó con un movimiento de su cabeza—. Está bien, no veo porque no hacerlo. Le aseguro que haré lo mejor posible. Rebeca sonrió, cuando una idea pasó por su cabeza. Lo miró y se puso frente a él. —Igualmente, necesito estar segura de que puedo confiar en ti, en tus habilidades y en todo lo que me puedas brindar. Una propuesta más, es la prueba reina para poder cerrar el trato. —¿De qué se trata? —él cuestionó manteniendo su postura firme lleno de incertidumbre. —Quiero que bailes para mí sin todo eso que traes puesto.
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