LOIS Lo primero que hice fue abrir los ojos, dándome cuenta de que demasiadas personas me estaban mirando, rodeándome, era extraño, tener tanta atención era muy incómodo, sentí un huracán de dudas que me invadieron, pero no eran mías. La mirada más fuerte era la del Alfa Joseph. Me quemaba la piel. —Apártense. Si ya despertó, déjennos a solas.—Ese era Ezequiel. ¡Estaban todos en mi habitación! No puedo creer, ¡qué vergüenza! El rostro asustado de papá se acercó a mí, dejando un beso en mi mano, toqué su rostro, separando mis labios para llamarle, pero a mitad de la frase decidí no hacerlo. No pretendía asustarlo más. Esta situación no solo me superaba a mí, también a ellos. —Estaremos fuera, cariño—me aseguró mi madre, mostrándome una sonrisa tímida, pero alentadora. —¿Cómo te enc

