Un año más tarde, Amelia Blackwood había regresado a los negocios en Londres con un renovado sentido de propósito. La transformación en su apariencia reflejaba su nueva determinación y confianza. Su cabello, ahora corto y en hondas suaves, enmarcaba su rostro con elegancia. Su maquillaje impecable resaltaba su belleza natural, y su ropa de marca la convertía en una figura imponente y sofisticada. Con cada paso firme y decidido, Amelia caminaba por los pasillos del enorme edificio de la cadena hotelera Blackwood. Los empleados se detenían a admirarla, reconociendo en ella a una líder fuerte y capaz. Su presencia irradiaba autoridad y seguridad, dejando claro que estaba lista para tomar las riendas del negocio familiar. Al llegar a su lujosa oficina, decorada con un estilo moderno y elegan

