Amelia estaba sentada en su oficina, revisando los planos para la construcción de los nuevos hoteles, cuando recibió una visita inesperada. Al levantar la vista, vio a un viejo amigo de su abuelo, quien también era socio de la cadena hotelera. El hombre, de cabello canoso y ojos sabios, la observó con una sonrisa. —Amelia, querida, ¿cómo estás? —preguntó con calidez. Amelia se levantó y lo saludó con un abrazo afectuoso. —Señor Hastings, es un placer verlo. Estoy bien, gracias. Solo un poco pensativa con todos estos proyectos —respondió, señalando los planos sobre su escritorio. El señor Hastings se acercó y tomó asiento frente a ella, mirando los documentos con interés. —He oído que están planeando la construcción de varios nuevos hoteles. Es un proyecto ambicioso —comentó. Amelia a

