ROMINA
Llegamos a una boutique muy elegante y empezamos a ver vestidos, no veo nada que me guste, tampoco sé que escoger para estas cosas, entonces lo dejo en manos de Ana Clara.
- Pruébate este - me entrega un vestido color plateado con demasiado brillo- y este también - uno n***o, con demasiado escote.
- No puede ser un pantalón elegante, por favor - le digo sintiéndome frustrada, como voy a hacer para defenderme si algo ocurre.
- Solo pruébatelos y miramos cuál te queda mejor, tenemos que domar los tacones, apúrate - entro al cambiador para empezar a ponerme el vestido plateado y me queda muy grande, salgo para mostrarle a Ana Clara y me hace caras de que no le gusto.
Me entrega otro vestido n***o, pero con menos escote y una sola abertura en la pierna, me gusta más y parece más de mi talla.
Me pruebo ese y salgo para que mire como me quedo el vestido, Ana Clara pone sus dos pulgares arriba y salta con una sonrisa en el rostro.
- Deberías llevar uno también - le digo, es por agradecimiento por acompañarme a escoger ropa.
Se lleva cuatro vestidos al probador y la espero para que me los muestre, todos le quedan muy bonitos, pero definitivamente el rojo es su color.
- Me llevo el rojo - dice ella y yo asiento con la cabeza, también habría escogido ese para ella.
Salimos de la tienda con varias bolsas, compré otra ropa como jeans y más blusas, no puedo estar molestando a Ana Clara cada vez que necesite salir.
Pasamos por una tienda de Lencería y Ana Clara me arrastra para comprar ropa interior, salimos con unas cosas diminutas, que no escogería jamás por mi cuenta.
Después a la tienda de zapatos y escogemos unos tacones negros para mí, son muy bonitos y demasiado delicados, no sabría como manejar esto sin caerme, pero confió en el proceso y también llevamos más zapatos y unos tacones para ella.
Llegamos a un sitio donde van a hacer nuestra pedicura, nos van a pintar nuestras uñas, yo solo dejo que pinten mis pies, aplican un color n***o y no se ve tan mal, me gusta.
Salimos del local y mi hábito no cuadra con todo lo que estamos haciendo, las personas nos miran, pero creo que es porque una monja anda con una pelirroja de compras.
Llegamos a la tienda y me hace poner los tacones, empiezo a caminar con ellos y parezco un potro recién nacido, (lol) me tiemblan las piernas, Ana clara no pierde oportunidad para burlarse de mí, estamos dos horas en ello y me duelen mucho los pies, no sé cómo voy a soportar tener esto toda la noche.
Me despido, me dice que me espera en su casa para irnos a las ocho, que vamos a ir en el auto de su papá.
Llego a la catedral y empiezo a acomodar toda la ropa que compre, es muy bonita, me pongo los tacones y continuo practicando lo que Ana Clara me enseño, hasta que logro domar un poco los condenados tacones, por lo menos ya no tiemblan mis piernas.
Tomo un baño para relajar mi cuerpo y escucho como a las siete en punto le ponen seguro a mi puerta, salgo se la ducha y empiezo a vestirme, miro la lencería que tengo sobre la cama y estoy en el debate si usarla o no, pero Ana Clara dijo que era perfecta para el vestido.
Me la pongo y creí que sería incómoda, pero fue todo lo contrario, uso el sostén y mis senos se ven mucho más grandes de lo que son, a mi parecer.
Acomodo una navaja pequeña entre las correas de mis pantis, queda muy bien camuflada. Me gusta.
Pongo el vestido n***o y me queda muy bonito, recojo mi cabello en un moño bajo y saco las piezas para abrir la cerradura, que las camuflo en mi cabello cuando abro la puerta.
Muy fácil. Recojo los tacones en mi mano y salgo por la puerta sin hacer ruido, nadie me vio, me aseguré de ello.
Pongo mis tacones y me dirijo a la casa de Ana Clara, me demoro más de lo que quisiera, ella me está esperando en un auto demasiado lujoso, alguien lo conduce, frunzo el ceño.
- Hola mi chica - me dice mientras abre la puerta del auto para que entre - demoraste, pero llegaste justo a tiempo.
- Pensé que íbamos en el carro de tus padres - le digo.
Se monta y el auto arranca.
- Morata, envío el auto, cuando supo que ibas - me mira- tuve que decirle que ibas porque necesitaba otra invitación - habla muy rápido y sé que está mintiendo.
- ¡Entiendo! - no me gusta y trato de no desconfiar de ella, ha demostrado ser una buena persona, pero… - ¿Lo conoces hace mucho? A Morata - le pregunto cómo algo casual.
- Hace un tiempo, ayudo a mi familia con un problema y desde entonces es como un amigo - me dice y sonríe.
- ¿Te gusta el mafioso? - me mira con los ojos abiertos.
- No y no lo llames de esa manera, él es como un hermano para mí, me ayudo mucho y le tengo respeto - me dice.
Dejo la charla y me concentro en el camino, es la misma dirección de las carreras, nos desviamos por una carretera como si fuéramos para una granja.
Después de más de una hora, llegamos.
Ana Clara espera que el conductor se baje y le abra la puerta, no sabía que eso se debe de hacer.
Le da la mano y le ayuda a bajarse, y Ana Clara me ofrece la mano para ayudarme con una sonrisa.
Bajo del auto y hay demasiadas personas, todos tienen vestidos muy elegantes y tienen copas con bebidas en su mano.
El sitio es muy grande, como dijo Ana Clara, una mansión, caminamos hacia la entrada y nos abren la puerta, unas personas vestidas como pingüinos, todo aquí grita lujo y derroche de dinero.
Entramos a un salón muy grande donde hay muchas personas, también una especie de banquete.
Me dedico a analizar la vigilancia, los puntos de salida, hacer un esquema de escape, y donde pueden quedar posiblemente los sitios importantes cuando unos pasos suenan, me giro para encontrarme con Morata.
- Hola, qué gusto verlas, ¡Ana Clara! - Le da un beso en la mejilla y después se acerca con la intención de darme uno a mí y le extiendo la mano, no me gusta mucho el contacto físico - Noa - me dice mientras toma mi mano y la besa.