APOLO MORATA
He llamado a Ana Clara para que convenza a Noa, para que venga a la fiesta que voy a ofrecer este fin de semana y me dice que no se ha visto con ella.
Me confirma que es monja y mi corazón se estruja cuando me dice que solo se quedará por un tiempo, que está en una especie de intercambio.
He tratado de investigarla, pero la mujer no aparece registrada en ningún lado, es como si no existiera.
Esta semana he ido todos los días a las carreras con la ilusión de poder verla, pero no se ha aparecido, quizá se asustó por la última vez y no quiere volver a ir. Pero necesito verla, aunque sea de lejos, el aroma que desprende, ella me vuelve loco, el brillo de su cabello, el cuerpo tan perfecto que tiene. El color de sus ojos, todo ella me llama y no puedo sacarla de mi cabeza.
Se instaló para nunca salir.
- Apolo, me estás escuchando - me llama Marco mientras está frente a mí en la oficina.
- No, disculpa - le digo mientras trato de prestarle toda la atención que puedo- ¿decías?
- ¿Qué te tiene así tan distraído? - me pregunta mientras está bebiendo una cerveza - es la chica, ¿la que me dijiste el otro día? - asiento con mi cabeza.
- Le encargue a Ana Clara que la traiga este fin de semana a la mansión - le digo y el maldito me sonríe - quiero que la conozcas - le digo y levanto mi ceja - quedaras impresionado cuando la veas - le aseguro.
- Estoy seguro de que sí, solo hay una mujer en toda mi vida, que puede impresionarme y puede que sea ella, la encontré. Morata, ¡la encontré! - me dice mientras termina una cerveza y empieza otra.
- Eres el mejor rastreando personas, ¿por qué crees que sea ella? - le digo levantando los hombros - dices que es la mejor en lo que hace y llevas años buscándola, no me parece que esté escondiéndose.
- Créeme, si ella no quiere ser encontrada, nunca la hallarás, ella es mejor que yo en muchas cosas, aunque me cueste admitirlo - levanto mis dos cejas y sonrió.
- Acaso escuché bien, me estás diciendo que hay alguien mejor que tú - le digo en tono de burla.
- Ella no solo es mejor que yo, es mil veces mejor, ¡es la mejor del continente! - lo veo sonreír como si recordara alguna cosa.
- Ella no me dio esa impresión, Luca... ella se ve tan delicada, tan frágil - la imagino de nuevo sentada en el auto, su aroma me persigue.
- No te enamores, Morata, ella no es de las mujeres que se quedan - me mira y sonríe con malicia - Nunca harás que ella se quede, amigo.
Nuestra conversación termina cuando tocan la puerta, mi secretaria nos informa de la llegada de los italianos, salgo en los autos con mis guardas espaldas para recibirlos, mientras Marco se queda haciendo un papeleo y encargándose que la fiesta que vamos a ofrecer para ella salga muy bien, necesitamos mucha seguridad.
Llamo a Ana Clara para saber si Noa va a asistir a la fiesta y me dice que no la ha visto, le pregunto si tiene el número de teléfono para llamarla y me dice que no, creo que está tratando de alejarla de mí.
- Es monja Apolo, es muy devota, no creo que esté interesada, no la acoses - me dice y mi rabia empieza a arder.
- Si ella no va a ir, no te molestes en aparecer en la fiesta - le digo enojado.
- Apolo, no puedo hacer nada, ¡créeme!- me suplica.
- Yo quiero ver a Noa, ayúdame con eso y yo te ayudo con lo que necesitas - cuelgo la llamada.
Llegamos al aeropuerto a recibir a los italianos, solo quedan tres días para la fiesta, y quiero que Noa vaya, simple, el problema es que no puedo comunicarme con ella.
Me tiene loco imaginarla de nuevo, poder besar sus labios.
¿Por qué carajos tiene que ser monja?
¿Será la mujer que dice, Luca?
- Necesito que te concentres, Morata, no puedes cometer un error con estos hombres. Ella no va a venir si no quiere - asiento.
Luca me está viendo desde algún lugar, solo él sabe lo que hace. No me quejo, ya que siempre lo hace bien.
El hombre es mi amigo o más que eso.
Está aquí porque quiere estar. Nunca reniego de su trabajo y él siempre apoya el mío.
- Buenas noches - saludo a los Italianos en su idioma, demostrándoles seguridad.
No quiero irme con rodeos, no quiero darle vueltas al asunto.
Ellos tienen drogas, yo tengo el dinero.
Son llevados a la mansión, donde estarán en la fiesta que vamos a ofrecer.
Ya estaban aquí y quería ser hospitalario.
A Luca no le parece buena idea, dice que prefiere afrontarse a Noa solo, que no sabe lo que puede pasar cuando se encuentren.
¡Le teme!
No lo ha dicho, pero tampoco lo niega.
Firmamos algunos contratos y hacemos otros acuerdos, donde la paz entre nosotros prevalece.
Tengo otra organización trabajando con nosotros...
¿Qué puede salir mal?