Capítulo 14

1049 Words
El sábado al medio día recibo un mensaje de Ana Clara diciendo que Noa, viene y mi humor mejoró desde entonces, estoy ansioso por verla, necesito y deseo ver esos ojos a dos tonos que me acompañan antes de irme a dormir. La mansión se llena de personas importantes para el negocio, los italianos deben de ser recibidos de la mejor manera si quiero que los lazos se construyan. Marco se encarga de toda la seguridad de la mansión y tenemos a cincuenta hombres camuflados, esperando que nada salga mal. Envíe un auto por Ana, Clara y Noa y me informo que ya vienen. No quiero que crea que la estoy acosando, entonces voy a dejarla entrar con Ana Clara y después me acerco para saludarla. Más de una hora ha pasado y nada que llegan, estoy saludando a los invitados mientras me aseguro que mi hermano se comporte, el muy maldito le encanta la bebida, pero tengo un haz bajo la manga: Ana Clara... mi hermano está obsesionado con ella y ella no le es indiferente, pero les prohibí acercarse, desde que mi hermano se volvió adicto, y necesito que cambie, que haga algo por la vida. Las puertas se abren revelando a mi invitada tan esperada, tengo que tragar saliva por lo que veo, la imagen que tengo de ella no le hace honor a la que estoy viendo. Está enfundada en un vestido n***o, sus piernas se ven al caminar y esos malditos tacones que amarran sus pies como si fueran manos, se ve tan sexy y tan delicada, como me encantaría ver ese cabello suelto y poder agarrarlo con mi mano. - ¿Quién es ella? - me pregunta uno de los italianos. - ¿Quién? - necesito asegurarme de que no esté preguntando por Noa. - La chica que tiene el vestido n***o - Cierro los ojos por la locura que voy a decir, pero tienen que tener claro que no se le pueden acercar. - ¡Es mi mujer! - me giro para mirarlo a los ojos, necesito que entienda que es intocable, el maldito me sonríe con picardía, como si no me creyera. - ¡Es muy hermosa! - me dice mientras la mira y bebe de su copa - cuídala muy bien - me pone una mano en mi espalda y me da dos palmadas, no me gusta el tono en el que dijo esas palabras - podría enamorarse de un Italiano. - ¿Estás amenazándome? - sonrío al preguntar. - Claro que no, pero... tiene muchos ojos encima de ella y no veo que ella tenga interés en ti - guiña su ojo, para comenzar a caminar en dirección de Noa. - ¡Señoritas! - Luca, maldito Luca - están preciosas - habla en su idioma y Ana Clara se sonroja, mientras Noa lo mira sin parpadear. Dejo mi copa en la bandeja de un mesero que pasaba y me acerco a ellas, saludo a Ana Clara de beso y voy a besar la mejilla de Noa cuando me entrega su mano, esta mujer va a ser mi perdición. Beso, su mano y veo como se tensiona, como si no le gustara. Ana Clara pide disculpas, sé que va dónde Romano, ella no va a perder su oportunidad. - Esta noche estás muy bonita - le digo con una sonrisa y ella parece no inmutarse, como si no le importará - Él es Luca Di Marco - su rostro luce apacible. No le interesa. - Gracias - y un asentimiento de cabeza para Luca, es todo lo que recibo de ella. - ¿Quieres algo en especial para beber?- le pregunto mientras pongo una mano en su espalda para dirigirla al bar. Dejando a Luca sin oportunidad. - Cualquier cosa estaría bien - camina conmigo. - Champán, entonces - asiente con su cabeza, esta mujer no habla y quiero que hable, quiero tener una conversación - ¿cuál es tu apellido? - le pregunto, necesito averiguar quién es. - No tengo señor Morata, soy huérfana - mi corazón se estruja al escucharla. - Discúlpame, si te incomode - ¡Idiota! - No tiene por qué disculparse, usted no es el culpable - me dice mientras se lleva la copa a la boca, esa acción se queda en mi corazón. - ¿Es la razón de que seas monja? - levanta una ceja y me mira a los ojos, por primera vez en la noche. - Sí, por eso soy monja - repite. - Noa - la llamo para que me mire a los ojos de nuevo - estoy muy interesado en ti, eres la primera mujer que me cautiva de este modo. Me mira y levanta las cejas como si no me hubiera declarado, toma de su bebida muy tranquila y me siento impaciente por escucharla responder. - Muchas gracias, pero no me interesa - toma la copa sobre la barra y continua bebiendo de su copa como si no le hubiera declarado mi amor, pero por qué, ¿no le gusto? - ¿No quieres formar una familia? - pregunto con una sonrisa. - No me interesa - ¿Qué? - Pero... ¿No es lo que quieren todas las mujeres? - pregunto extrañado - una familia, un hogar, ¿algo verdadero? - Pueda que algunas mujeres quieran eso, pero yo no - un escalofrío recorre mi cuerpo. Tomo la copa de su mano, obligándola a que me preste atención. - ¿Que es lo que quieres, Noa? ¡Ilumíname! - me acerco a pasos lentos frente a ella y alcanzo la pinza que sostiene su cabello. Su cabello cae en cascada, y desprende el aroma que me tiene loco. - Creo que deberías guardar tu distancia, no permito que nadie me toque y no me gusta que invadan mi espacio personal - me mira con un brillo intenso en sus ojos y me doy cuenta de una cosa... mataría por ver ese brillo todos los días. Doy un paso más cerca de ella... ignorando su petición. - ¿Si no guardo distancia, que puede pasar? ¿Me matarías? - pregunto con una voz suave pero firme. - Te sorprenderías, ¡créeme! No quieres averiguarlo. La sigo al balcón a dónde se dirige y mi teléfono suena, es Marco.
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