+Damián+
Estaba muy molesto, regrese a mi mansión, cuando volvía a casa mi cuerpo actuaba en automático, como si parte de mi conciencia siguiera en este mundo, ahora debía encargarme del imbécil que me había robado 5 millones en drogas; no es que me faltará el dinero, era más bien cuestión de lealtad y que debía mostrarle a todos que no soy estúpido, puedo oler las mentiras a kilómetros.
El crío estaba amarrado a una silla, sus manos atadas detrás de la espalda y sus tobillos a las patas de esta, me quité el saco de mi traje y subí las mangas de mi camisa hasta mis codos, encendí un cigarro poniéndolo en mis labios y colocándome unos guantes de látex negros.
-Dime pequeña rata...-quite el cigarro de mis labios sacando el humo de mi boca- ¿Qué te motivo a robarme a mi, la mano que te da de comer, el que te saco de la maldita alcantarilla en donde vivías?.
El chico trataba se evadir mi mirada, tomo aire antes de soltar lo que había pasado, algo me decía que este niño, cerca de los 20 no era una mente criminal, alguien debió mover los hilos con el, por lo visto alguien estúpido que dejo pistas para dar con el chico.
-Perdóneme señor, no fue mi intención, el me prometió que todo saldría bien.
-¿Quién? No me hagas perder la poca paciencia que tengo.
El dinero o el cargamento era lo de menos, yo solo quería el nombre de quien se atrevió a robarme, no parecía un tipo listo, era más tonto de lo usual para un negocio como este, o el ladrón era idiota o solo quería mi atención.
-Se hace llamar Ramón...
No escuché el resto, solo Amón haría esto, llamar mi atención para alguna tontería, un Berserker como el, de mis ejércitos demoníacos al estar en el dominio de la ira era más probable que se volviera loco con más poder, si trataba de alcanzarme seria un psicópata, mi ciudad no estaba lista para ver semejante manicomio esparcido y arriesgarme a ser descubierto, probablemente el sea el que está detrás de Camila, aún me quedaba encontrar a Caín y Esteno, al menos sabía que Amón andaba cerca, Vincent tendrá que aclararme porque se le escapó este idiota y recibiría el mismo castigo, no por ser uno de mis primogénitos estaban exentos de sus responsabilidades.
-Aun tienes que decirme dónde encontrarlo.
Había una mesa a su lado con artefactos punzocortantes, Joe mi hombre encargado de torturar en realidad estaba loco, fue un soldado americano bien entrenado, pero enloqueció demasiado en la guerra y soy el único capas de controlarlo, los mortales eran fáciles de manipular para mi; tomé unas pinzas y ampute su meñique izquierdo, lo coloqué en un plato hondo de metal, lo puse frente a él.
-Sabes porque lo hice ¿verdad?- lo miro directamente a los ojos.
El chico se puso pálido en minutos por desangramiento, pero asintió, sabía que lo hice por robarme, pero pararía su agonía en cuanto me dijera dónde encontrar a Ramón....
-Esta....en una cabaña... a 60 kilómetros saliendo de la ciudad, cerca del lago Blake...
Se desmayó antes de dar más información, pero al menos podría partir desde ahí, seguir su hedor a demonio y regresarlo por donde vino para darle su merecido.
-Joe, encárgate de él....
Aún no terminaba la petición cuando su locura salió a flote con solo escuchar mi voz.
-¿Que hago con el jefe?¿Rompo sus piernas? ¿Corto uno de sus brazos? o ¿Voy por uno de sus pequeños hermanos y que los vea sufrir frente a él?
-Tranquilo Joe, soy un hijo de puta, pero no tanto como crees, es solo un mocoso creyéndole a un imbécil que lo haría rico, solo quería darles más de lo que podía ganar, con decirme dónde está Ramón y perder su dedo es suficiente.
-Entonces.... ¿de que quiere que me encargue si ya lo hizo usted?
-Llévalo arriba, que lo atiendan, envíalo a casa y me encuentras en dos horas, buscaremos a Ramón y, tu querido amigo te divertirás con sus perritos falderos.
Esto emocionó tanto a Joe, que desató al chico en poco tiempo y lo llevó inconsciente sobre su hombro como si no pesara nada, después llegó media hora antes de lo acordado y listo para la misión.
Los humanos son una especie propensa a caer en las manipulaciones, en especial las religiosas y yo estaba al lado contrario a donde todos deseaban ir, pero caían sin remedio en mi reino, la mayoría eran mentirosos, arrogantes, orgullosos, ambiciosos, ladrones y traidores, había mucho de donde escoger, los lujuriosos eran más fáciles de convencer para hacer todo tipo de cosas a cambio de placer.
*En el lago
-¿Y si el chico le mintió jefe?- Joe jugaba con su navaja en una mano mientras admiraba el bosque.
-No lo creo, se donde viven el y su familia, no los arriesgaría por un desconocido que no cumplió con su palabra.
-Dígame entonces a donde...
-Dame un segundo- presione mi tabique con mi pulgar y mi dedo índice buscando el rastro de Amón.
Señale un punto de donde venía el ligero rastro a demonio; no pasó mucho cuando dimos con la cabaña, Joe sonreía de oreja a oreja, había solo cuatro hombres custodiando el exterior, en cuestión de minutos ya los había degollado para entrar sin problemas, le pedí que se encargara de los otros tres en la parte baja y que buscara en el sótano la mercancía robada, podía percibir que Amón estaba solo en la planta de arriba, no iba a enfrentarlo con testigos humanos.
-Así que ¿creías que no iba a encontrarte alimaña?
Empezó a reír como un demente y se levantó de la silla detrás de un escritorio, lo rodeó y se recargo frente a el.
-Oh gran señor del infierno, el indestructible Satán, sabía que me encontraría.
-¿Porque tanto teatro entonces? dime que quieres y luego vuelve al infierno, sabes que te hará tener más poder si te lo doy, perderás la cordura que te queda.
-Soy consiente de lo que le pasa a los Berserkers, lo que deseo es una vida aquí señor, una parecida a la suya.
-En tu condición es imposible Amón.
-Va a necesitar mi ayuda si quiere tener a salvo a su nuevo juguete.
Volvió a reír y apartó la mirada como si fuera algo sin importancia, para mi la tenía, tal vez este insecto sabía quien estaba detrás de ella, por ahora me convenía hacerlo creer que sería mi mano derecha al menos hasta que capturara al imbécil, esto estaba poniéndose cada vez más difícil, pero no iba a dejarme vencer por un par de alimañas que se escaparon de mis dominios.