Llegó el día de la verdad

1915 Words
Pib, pib, pib. El móvil de Nashir sonó insistentemente en su bolsillo, el hombre lo sacó y miró la pantalla parpadeante en donde aparecía la fotografía de su padre, el hombre más importante de su nación, y quien ocupaba el trono real. Inspiró profundo para armarse de paciencia. —¿Y ahora qué? — Dijo antes de contestar — Papá, acabo de llegar, dame al menos unos días para tener noticias de los negocios, y también de los papeles, apenas estoy haciendo los contactos y… —¡Silencio, Nashir! Hablas demasiado, nunca has sabido escuchar, no te he llamado para eso. Si no lo llamaba para saber de los negocios, entonces ¿Para qué diablos lo llamaba? —¡Necesitamos hablar del otro asunto! Nashir se llevó la mano a frente. «¡Carajo!» —Te fuiste un día antes y sin decirme nada, ¿Crees que soy idiota muchacho? ¡Contesta! —No papá. —Entonces, ¿Por qué me haces pasar vergüenzas? ¡Se suponía que estarías aquí hoy para recibir la visita de los Alí! Ellos acaban de llegar con su hija para tú la conocieras y saber si tiene alguna posibilidad contigo, ¿Y ahora que les digo? ¿Que tengo un hijo que no obedece a su padre? ¡Qué vergüenza! —Solo dile a Yashir que se presente por mí, ni siquiera lo notarán, y después les dice que la chica no me gustó. —¿De qué diablos hablas? Es a ti a quien quieren como yerno, no a tu hermano. —¡Pero si luce idéntico a mí!, además, él tampoco se ha casado padre, y yo estoy a miles de kilómetros de casa, deberías aprovechar y casarlo a él primero, es quien más te da problemas en temas de mujeres. Misbah Al-Nahayan se llevó la mano a la cabeza, el mismo gesto que compartía con su hijo Nashir. —Lucen iguales, pero tú eres el mayor, ¡Por el profeta!, ¡No sé qué voy a hacer con ustedes! Van a matarme antes de que lo hagan mis enemigos. —Padre, no seas tan extremista, no voy a casarme con nadie ahora, casa a Yashir, y cuando yo tenga todo listo aquí, regresaré para cumplir contigo. —Más te vale, Nashir, ¡O soy capaz de desheredarte! Te quitaré el título de Príncipe, y te dejaré sin un solo maldito centavo, tienes un plazo de tres meses para contraer matrimonio, ¡O te juro que lo lamentarás! No voy a ser la comidilla pública, los medios ya especulan sobre el príncipe heredero, se dice que tal vez está “torcido”, por el profeta, ¡Torcido! ¡Y que no te gustan las mujeres! —¡Pero papá! ¡Eso es estúpido! —¡Sin “peros” Nashir! ¡Tres meses! O te aborreceré públicamente y lo perderás todo. Piii… Misbah Al-Nahayan colgó la llamada, dejando a Nashir sumido en la profunda preocupación de estar al borde de ser un don nadie. —¡No lo puedo creer! Mi hermano es quien causa los problemas, ¡Y ahora soy yo quien está torcido! ¿De dónde carajos voy a sacar una esposa? Además, no quiero emparentar con ninguna mujer que conozca la casa real, no me interesa una mujer que solo esté interesada en el oro y los lujos que pueda darle, ¡De esas sobran en todas partes! Se recostó en el sillón y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos para pensar, después de un rato de devanarse los sesos se levantó de un salto. —¡Eureka! ¡Me casaré con una americana! Desde el fondo del salón se escuchó la voz de su guardaespaldas que casi lo mata del susto. —¿Qué has dicho? —¡Rasmi!, ¿Desde cuándo estás ahí? —Desde siempre, Nashir, no olvides que te cuido el trasero — Le dijo con la confianza que los unía. —No me di cuenta de que estabas ahí… ¿Lo escuchaste todo? ¡Mi padre se ha vuelto loco! —Sí, lo escuché todo, y tal parece que nunca te das cuenta de nada, y no, tu padre no está loco, tal vez otro sí que lo está, ¡Y lo que más me preocupa es que digas esa estupidez! ¿No te atreverás a retar a tu padre de esa forma?, ¿Verdad? —Debo hacerlo, no puedo regresar a casa sin haber terminado con las cosas aquí, apenas acabo de llegar, además, no me uniré en un matrimonio orquestado por él con alguien que solo busca hacerse rica a costa de nuestra posición. —Pero Nashir, si todas las chicas cuyos padres te quieren como yerno son de familias muy ricas. —Sí, pero quieren más, y no se los voy a facilitar, no quiero ese tipo de unión, quiero poder elegir a mi esposa, poder decir que fui yo quien se casó por gusto, no sé si me entiendes… —Es un concepto muy occidental. —Sí, pero eso es lo que quiero. A la mañana siguiente: En otro lugar de la ciudad, Izzi ha hecho su tarea. Tiene en sus manos toda la información que necesita para acercarse al príncipe árabe. No dejará pasar esta oportunidad, en verdad necesita puntualizar DETALLES con él. Se vistió con ropa deportiva, la que usaba para dar sus instrucciones en el gimnasio, y tomó algo del poco efectivo que traía consigo. —¿Oli? — El niño no respondió, seguía dormido. Izzi salió a hurtadillas para no despertarlo y tocó a la puerta de Elsa. —Buenos días, Elsa, aquí estas las llaves del departamento y las cosas de Oli, todavía está dormido. —Ve tranquila, querida, yo me encargaré del pequeño. —Deséame mucha suerte, Elsa, la voy a necesitar. —¡Oh, querida! La tendrás, porque la mereces, te has esforzado mucho por el niño, y él debe reconocer que es su hijo, o al menos hacerse cargo de él. Ve tranquila. —¡Gracias, por tu apoyo! — Izzi la abrazó con fuerza y se despidió. Mientras iba de camino a tomar el metro, intentó repasar en su mente lo que haría, y qué cosas le diría. Le diría que era un idiota por haber apartado de su vida a Madison, que la había abandonado estando embarazada y que, además, no estuvo jamás cuando el niño lo necesitó. ¡Sí! ¡Le diría todas sus verdades juntas! Al llegar al hotel se quedó paralizada de pie frente al imponente edificio, ahí estaba, en el mimo lugar, que el desgraciado que pudo haber salvado a Madison y no lo hizo, sintió como le ardía la sangre y se le revolvían las vísceras. Inspiró profundo para controlar las arcadas y las náuseas. —Haré esto por ti Madi, ¡Y por Oli! Dijo para darse ánimos y entró. —Ras, ¿Has visto mi termo? —No lo he visto, ¿Ya te vas al gimnasio? Pero Nashir, por tu madre santa, ¡Duerme una hora más hoy! —Deja la pereza Ras, vamos, arriba que tienes el deber de cuidarme el trasero — Le dijo en broma, pero a la vez en serio. Ras le lanzó la almohada antes de ponerse en pie y meterse a la ducha. Al cabo de unos minutos ya estaba vestido para ir con él. —¿Vendrás de traje? —Obvio, soy tu guardaespaldas, ¿Qué no ves? —Estamos en América, aquí no está mi padre, ve a ponerte algo para el Gym, y de paso te ejercitas también. —Eres insufrible, ahora comprendo mejor a tu padre. Abajo en la entrada, un grupo de periodistas y reporteros gráficos se aglomeraban esperando poder tener una imagen del príncipe árabe que se hospedaba en el hotel, Izzi se coló entre los presentes, y gracias a su atuendo desenfadado, paso fácilmente por una huésped. Se apresuró a buscar las instalaciones del gimnasio y entró dejando su bolso en los casilleros como si fuera cliente habitual. Buscó un sitio estratégico en donde pudiera tener una visual perfecta de todo el lugar y sobre todo de la puerta. Nashir entró seguido de Ras, que luchaba por espantar a la nube de reporteros tras de él, y el corazón de Izzi se congeló. «Llegó la hora», se dijo, y avanzó hacia él con paso decidido y el corazón en un puño para escupirle en su estúpida cara todo lo que tenía cinco años esperando por decir. Nashir venía hacia ella distraído con el móvil en la mano, Ras se aseguraba de que nadie más entrara al lugar, e Izzi seguía avanzando hacia su objetivo sin ver que, en el suelo, a pocos pasos, estaban regados algunos discos de pesas, justo en medio del camino entre ella y Nashir. Y cuando ella pensó que estaba lo suficientemente cerca como para nombrarle al desgraciado a su respetada madre, tropezó con las pesas y se fue de frente directo a los brazos de Nashir, que al verla volar por los aires la atrapó justo antes de que ella se estrellara contra el piso. —¡Ah! — Apenas dejó salir un grito sordo poniendo sus manos en el duro pecho del príncipe al que tanto odiaba. —Señorita, ¿Está usted bien? — él preguntó en un excelente y fluido español cargado de un sexi acento extranjero que la hizo sentir totalmente estúpida. Izzi enmudeció. Había pasado tantos años guardándose en el pecho un discurso elaborado en el que lo mandaba directo al infierno, y ahora que estaba literalmente en sus brazos no era capaz de decir una sola palabra. Él la miró con expectación, era por mucho la chica más hermosa que hubiera visto. Delicadas facciones, ojos grandes y expresivos, larga cabellera dorada, pechos llenos y un cuerpo firme y tonificado. Le quitó el aliento. Nashir tragó grueso y se perdió por un momento en el azul de sus ojos. —¿Nashir? ¿Todo está bien? — Ras gritó desde la puerta al ver a su jefe con la chica contra su pecho, cortando la tensión del momento. Nashir sacudió la cabeza. —¿Está bien señorita…? ¿Cuál es su nombre? —Eh… yo… Izzi, soy Izzi… — Ella logró articular. —Entonces, ¿Se ha golpeado? —No, por fortuna, no vi esas pesas… —Sí, algún idiota las dejó en mal lugar — Dijo sin dejar de mirar sus ojos, a Izzi le pareció que miraba con intensidad y se sintió más que incómoda. —¿Nahs? — El guardaespaldas seguía llamando su atención para que soltara a la chica, pero Nashir seguía perdido en sus ojos. —Creo que su amigo quiere decirle algo — Ella dijo y Nashir cayó en la cuenta de que había pasado con ella en los brazos demasiado tiempo. —¡Ah! Perdón, es que soy un poco distraído a veces — Soltándola de inmediato. « ¡Supongo que sí, idiota! », ella pensó para sus adentros, « ¡Tan distraído que no supiste que tenías un hijo! » —¡El príncipe está abrazando a una chica! — Alguien gritó, y el enjambre de gente tras la puerta empujó con tanta fuerza, que Ras no pudo contener a los fotógrafos y a los disparos de las cámaras sobre ambos, Nashir volvió a abrazarla y protegió su rostro acunándolo en su pecho mientras corría lejos con ella hacia los vestidores protegiendo su identidad.
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