Supongo que la parte más difícil fue saber cómo lograr algo con esa chica.
Aquella chica que era una completa desconocida, se había quedado con mi camisa favorita y con mi corazón.
Durante días estuve pensando en ella. En aquella calma que su presencia daba y como se robaba mi aliento de solo mirarme.
Fue entonces cuando pensé que no tenía nada que perder y podía al menos intentarlo una vez.
Al menos tenía una excusa, recuperar mi camiseta.
Busqué con Gael un amigo más, y una conexión que entre amigos logré llegar a ella. Supe su nombre.
Ella era Aída. La chica que había bañado en cerveza una noche y que llevaba días buscando.
—¿Seguro que la buscas a ella?—Preguntó Gael al saber de Aída. Asentí y reí.
—Es ella. Es la chica a la que llené de cerveza el día de tu fiesta.—Y él rió.
—No te hará caso.—Dijo burlón.—Además, ¿le diste tu camisa?—Preguntó.
Golpeé su hombro y reí.—Al menos tengo una excusa para hablarle si solo me rechaza.—Dije rascando mi nuca.—Te lo juro hermano, me robó el aliento.
Y Gael rió.—Claro que robó tu aliento, lo haría con cualquiera. Es una chica preciosa.—Soltó sin más.
FIN FLASHBACK.
Y así transcurría su poca fe en mi. Inclusive yo me negaba a cualquier escasa probabilidad de tener algo con ella.
Nunca hubiese imaginado que poco después la conocería, y un tiempo más tarde le perdería no solo ser mi novia; si no mi esposa.
Nuestro matrimonio fue por mucho; lleno de trabajo, viajes y escasez de palabras. Ese fue mi mayor error; un error que entendí mucho después que un divorcio nos dividiera.
Entendí que yo mismo había sido causante de mi ausencia; ausente en palabras y caricias que quizás encontró en otro lado. Eso me comía en vida.
Estuve devastado durante meses; pensé que el final de mi vida había acabado. A los 45 años no esperas volver a iniciar de cero con alguien más, mucho menos esperas que aquella cotidianidad que llevaste toda tu vida, se venga abajo en cuestión de segundos.
Supongo que la peor parte de todo fue el día que entendí que no solo era una corazonada. Ella estaba ahí y era tan real como la infidelidad que me tenía.
Y de solo imaginar que alguien más tocaba su piel o sentía sus labios; todo se venía abajo. No tenía palabras suficientes para explicar el vacío interminable que sentía.
Aquel sentimiento de traición y desolación.
Y también aquel sentimiento que de manera inconsciente, me culpaba una y otra vez.
Supongo que también el tiempo me llevó a entender que no fue culpa de nadie. Ni inclusive de su amante.
Viajando en el tiempo y entendiendo los problemas que de jóvenes tuvimos, entendía que de adultos funcionaria por un simple compromiso.
El día que me dijeron que mi esposa me era infiel, probablemente no tuve las palabras correctas. Intentaba mantener una compostura que no tenía.
FLASHBACK
Fue un día como el resto. Desperté temprano y mi esposa ya no estaba, el desayuno sobre la mesa me esperaba y una vaso de jugo dentro de la nevera.
Cepillé mis dientes, vestí mi cuerpo y desayuné. Una vez acabado todo, arreglé un poco la cocina y me marché.
Encendiendo el automóvil recibí un mensaje. Un compañero de trabajo con el que conversaba un par de veces.
—Quiero verte. Es urgente.—Decía aquel mensaje. Miré la pantalla y confundido respondí.
—¿Qué sucede?—Y segundos más tarde tenía respuesta.
—Starbucks. Ahora.—Y no decía nada más.
—¿Qué sucede?—Volví a preguntar. Pero no había respuesta. —Me estás asustando, hermano.—Dije sin más.
—Debes ver ésto. Ven ahora.—Y no hubo más respuesta.
La intriga me comió y no tuve más opción que conducir hacia ese destino.
Radio a bajo volumen, árboles soltando hojas y un par de cachorros caminando.
Miré el reloj y sabía que tenía el tiempo contado. Exactitud de 20 minutos antes de que fuese mi entrada en el trabajo.
Estacioné el automóvil y lo busqué con la mirada. Ahí estaba Liam.
Sonriente me acerqué. Estrechó mi mano y su sonrisa se esfumó.—Realmente me estás asustando un poco, Liam.—Solté sin más.
Él intentó forzar su sonrisa y terminó en mueca.—...Lo siento hermano...—Susurró.—No encontraba el modo de decirte ésto. Y tampoco quería hacerlo sin tener pruebas; pero hoy decides tú qué hacer.—Y lo miré confundido.
—Me estás asustando aún más, Liam.—Confesé.
—Patric. ¿Dónde está tu esposa?—Preguntó de la nada.
Le miré confundido una vez más y reí.—¿Estás loco, Liam? Aída está trabajando desde muy temprano.
Y él rascó su nuca.—¿Cuánto confías en ella?—Preguntó una vez más.
Y con miedo; ya sabía lo que iba a pasar.
—Ella no está trabajando, Patric.—Soltó sin más.—,Ella está aquí y justo ahora. Lo miré confundido y comencé a buscarla con mi mirada. —Está dentro.—Dijo de la nada.—...Pero Patric,... ella no está sola.
—¿Y con quién está? ¿Una de sus hermanas?—Pregunté inocente.
Liam rascó su nuca y suspiró.—Mira con tus propios ojos. Tras de ti.—Y giré mi rostro.
Mi mundo se vino abajo.
Aída venía sonriente saliendo. Tomaba su mano de otro hombre y solo reía a carcajadas. Realmente se veía feliz.
—No.—Dije mirando una vez más a Liam.
—Sí, Patric. No es la primera vez que lo veo con él. He estado en momentos inclusive un poco más... Y no sabía cómo decirte. Pero sí Patric, tu esposa te es infieles.—Culminó. Suspiré en silencio. Y por primera vez, mi alma se quebró. Quería hablar y las palabras no salían.—¿Lo sabías?—Preguntó.
Rasqué mi nuca y respiré hondo.—Supongo que sí lo sabía; pero me negaba a la idea. Me aferraba a la esperanza de que solo fuese un presentimiento.—Confesé.
—Acabemos con él.—Dijo Liam intentando ponerse de pie. Pero lo detuve.
—No. No Liam. Ésto es mi propio asunto. Gracias por decirme, pero yo lo resolveré.—Y me marché.