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Supongo que aquellas palabras destruirían el poco amor que quedaba por Aida. Era mi esposa quien decía esas palabras a alguien más. Y yo olvidaba la última vez que lo había dicho para mí. La vida era muy injusta y tenía su propia maneras de hacer las cosas. D éste modo me sacaba en cara y se burlaba de mí por ir en su contra todo éste tiempo. Quizás era karma,-Pensé. Pero de igual no me hacía culpable de que mi esposa amara a alguien que no fuese yo. Pero ahí ante aquella puerta. No podía pensar en nada más. Tenía que marcharme y por la mañana hacerle frente a Aída. Pedirle el divorcio y arreglar todo legalmente. Pero algo más detonaría dentro de mi. —¡Ahhh!—Oí gemir a Aída. Y no, no, no. Aquella bomba interna que sentía, finalmente estallaba. Golpeé con fuerza aquella puerta va

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