Aída había sido mi mayor debilidad desde que le conocía. Supongo que de ese modo existiamos. Ella hacia cosas indebidas y yo las aceptaba por miedo a perderla. Supongo que era mi modo de mostrarle que realmente la amaba. Y lo hacía, y amar tanto traería sus propias consecuencias. Después de darle tantas vueltas y pensarlo, caí una vez más en los encantos de mi esposa. No tenía nada más que perder y le di una segunda y última oportunidad. Fue entonces que puse por delante a mi familia y mi hogar. Sería la última opción para no perderlos. Lo intentaríamos una vez más y ella se alejaría por completo de Robert y todo aquel mundo que estaba acabando con lo nuestro. Hicimos promesas y las lágrimas se hicieron presentes. Realmente había creído una vez más en su palabra; pero como dicen p

