Era inevitable no caer en los encantos de Aída. Todos estaban enamorados de ella y yo solo tenía la fortuna de tenerla a mi lado. Cada momento había sido único a su lado. Sin saber que me encontraba con un lobo vestido de oveja. Quizás debí ser un poco más del montón que estuvo enamorado de ella pero supo en que tiempo alejarse. Yo me había empeñado hasta el fondo y había hecho lo imposible por tenerla. Y finalmente me encontraba pagando el alto precio de forzar dos piezas a encajar. Me dejé llevar por el deseo y poco después por el dinero. Aquel temor de que Aída necesitaba más y más, y que no tuviese, se adueñaba de mi. Fue así que trabajé sin descanso hasta el día de hoy y lo seguiría haciendo por el resto de mis días. Había dejado la empresa en alto y le había demostrado no sol

